Después de hablar de las personas, llega el turno de los “fierros”. DEF presenta la segunda entrega de su entrevista exclusiva con el jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay.
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En la primera parte, el titular de la Fuerza habló sobre Punta Indio, los aviones Super Étendard, la situación salarial y los principales desafíos vinculados al personal de la Fuerza. En esta segunda entrega, la conversación cambia de eje y se mete de lleno con los medios que se requieren para cumplir la misión en el extenso Mar Argentino. ¿Qué sucede con los buques y submarinos?
El dato más contundente: la Armada lleva nueve años sin submarinos operativos. Para Romay, recuperar esa capacidad es una prioridad. Pero el desafío es más amplio: buena parte de los buques tiene alrededor de 40 años y la Fuerza necesita sostener y renovar medios para vigilar un espacio marítimo de enorme valor estratégico.

En esta segunda parte de la entrevista, la geopolítica logra colarse: el jefe de la Armada también analiza el avance de los sistemas no tripulados, la importancia del Atlántico Sur, la presencia en la Antártida y la necesidad de sostener una política de Estado que permita recuperar capacidades más allá de los tiempos de cada gobierno.
“Trabajamos continuamente en la difusión del significado del espacio marítimo argentino”
-¿Considera que nos falta conciencia marítima?
-Eso es algo que me propuse cuando asumí. El primero de los objetivos. Aún falta esa conciencia. Por eso estamos llevando adelante acciones para despertarla y sumar conocimiento sobre nuestra historia naval como, por ejemplo, la reciente recreación del Bicentenario del Combate de los Pozos y de Quilmes.
Trabajamos continuamente en la difusión del significado del espacio marítimo argentino.
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-¿Está la Armada preparada para defender esos espacios?
-Sí. Lo más importante de la organización es el recurso humano. El personal de la Armada está muy capacitado y, tanto oficiales como suboficiales, son muy profesionales. Primero, recibieron una formación básica y, posteriormente, otra muy específica y técnica que se requiere para capacitar al personal. Luego, a lo largo de sus carreras, son parte de otras instancias de actualización.
Probablemente no tengamos los medios en la cantidad y con la actualización tecnológica que quisiéramos. Como todas las Fuerzas, sufrimos décadas de desinversión y es muy difícil poder recuperar algunos medios.

-¿Cómo vivió usted ese período?
-Siendo oficial, lo primero que perdimos fue el portaaviones. Es decir, me recibí y al poco tiempo dejamos de tener este sistema. Con ello, también la capacidad de la aviación naval embarcada. Al poco tiempo, en la década del 90´, perdimos el buque de desembarco para la Infantería de Marina. Años más tarde, se sumó otra pérdida, lo que en las Armadas del mundo se denomina la capacidad de minado y antiminado (que ahora está en boga con lo que sucede en el Estrecho de Ormuz). Obviamente, la Armada hizo un esfuerzo para tratar de comprar buques nuevos de ese tipo.
La cuestión es que pasa el tiempo y, con ello, el conocimiento del personal. Y eso es lo que me preocupa particularmente con respecto a la fuerza de submarinos.
Almirante Romay: “No podemos pensar a la Armada sin submarinos”
-¿En qué estado está la fuerza de submarinos?
-Este año vamos a cumplir nueve años sin un submarino operativo, por eso manifiesto la necesidad de contar con estas unidades. En este momento dependemos de la buena voluntad y de los vínculos de hermandad que tenemos con Perú, quienes nos permiten que, una vez que nuestros efectivos cursan en la Escuela de Submarinos para convertirse en submarinistas, puedan tener una práctica profesional: los egresados se trasladan allá durante aproximadamente 20 días para realizarlas. En este momento contamos con el submarino ARA “Salta”, que no está operativo, pero que usamos para que puedan conocer el sistema, porque el tema a bordo, con la cuestión de válvulas, o los sistemas de planos, varía de acuerdo con las profundidades. Es una actividad riesgosa, por eso buscamos lograr que el submarinista pueda recorrer el buque con los ojos cerrados.
Cabe destacar que, durante el ejercicio Fraterno, nuestros efectivos tuvieron la posibilidad de navegar en el nuevo submarino brasileño Humaitá.

-¿Por qué es importante para Argentina poder tener un submarino?
-Por la inmensidad y el lugar que tenemos en el Atlántico Sur. No podemos pensar a la Armada sin submarinos. Nuestro mar hasta la Zona Económica Exclusiva tiene una superficie de 2.678.000 kilómetros cuadrados (prácticamente, la misma que la continental argentina). Asimismo, debe considerarse la extensión de la plataforma tras el estudio realizado por la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA). Recordemos que, en relación con el derecho internacional del mar, la plataforma submarina, de acuerdo con su composición y características geológicas, puede extenderse hasta lo que se denomina el talud continental, alcanzando determinadas distancias que permiten ampliar la extensión de la plataforma. Esto, por lo tanto, genera una proyección marítima de particular interés para nuestro país. También son de nuestro interés las aguas que circundan la península Antártica. Naturalmente, se trata de espacios que presentan una situación jurídica particular, pero constituyen áreas de especial relevancia porque nosotros tenemos presencia en el Continente Blanco.
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-¿Los países siguen buscando este sistema de armas?
–El submarino sigue siendo el arma estratégica por excelencia. Por su capacidad de operar en forma sigilosa, difícilmente puede ser detectado. Existe un rearme en distintos lugares del mundo y muchos los están adquiriendo. Brasil los va a hacer allá.
Además de ese país, a nivel regional, Chile, Perú, Ecuador y Colombia tienen submarinos.
-¿Y qué lugar ocupan los sistemas no tripulados?
-Estamos trabajando y evaluando. Afortunadamente vivimos en una región de paz y no tenemos conflictos armados. Pero siempre, la doctrina y las tácticas se van actualizando con la realidad. En este momento, muchos ven la Guerra de Ucrania, donde se emplean drones, así que se están actualizando las tácticas en todo el mundo.
Tuve la oportunidad de participar, como invitado, en un foro de jefes de las Armadas europeas. La experiencia que ellos tienen es que, en esos lugares que nosotros denominamos aguas confinadas -es decir, espacios más cerrados y reducidos-, los drones son muy efectivos. Pero, en zonas de aguas abiertas se necesitan medios convencionales: buques, submarinos y otros sistemas capaces de operar en grandes extensiones.

Presencia de la Armada Argentina en el Atlántico Sur
-Quizá no tenemos conflictos armados, pero estratégicamente estamos cerca de pasos como el Estrecho de Magallanes o el Canal de Panamá…
-El Atlántico Sur es un lugar estratégico, justamente porque en esta región tenemos los principales pasos bioceánicos para conectar el Atlántico con el Pacífico, ya sea a través del estrecho de Magallanes, que pertenece a Chile, o, por el extremo Sur, el Cabo de Hornos.
Estamos viendo a nivel internacional una competencia geopolítica en la que los Estados más poderosos buscan asegurar su predominio en determinadas regiones. Esa competencia también se extiende al ámbito marítimo. Lo que está ocurriendo en Medio Oriente, por ejemplo, alrededor de los estrechos y rutas marítimas estratégicas, demuestra la importancia que tienen estos pasos para el comercio y para la seguridad internacional.
–¿Por qué el Atlántico Sur va a ser cada vez más estratégico para la Argentina?
-Por un lado, la proyección hacia la Antártida. Cada vez hay más países interesados en llegar al Continente Blanco.
Explotar ahí tanto toda la cuestión científica como de recursos. A su vez, algo que por ahí antes no era tan palpable: el avance tecnológico permite que el obtener recursos del océano sea más viable para determinadas empresas o países, como está pasando con la explotación de petróleo al Norte de Malvinas. Entonces, es vital tener una buena vigilancia y control de todos nuestros espacios marítimos y poder de disuasión.

-¿La Armada está solo enfocada en el control y vigilancia de la milla 200 o es mucho más que eso?
-No, esa es una tarea subsidiaria. Por supuesto que lo hacemos porque es parte de la protección de nuestros recursos. Pero la función de la Armada es la defensa del país, que empieza mucho más allá de la costa: es estar a varias millas de distancia y tener presencia.
En el edificio Libertad tenemos una central de operaciones donde llevamos la foto permanente de todo lo que ocurre en el Atlántico Sur. Los buques tienen un sistema, el AIS, de identificación automática. Hoy son muy tecnológicos, y algunos pueden cambiar su identidad y llevar adelante acciones que van más allá de la pesca. Nosotros hacemos un seguimiento continuo de las actividades y, cuando detectamos anomalías en el comportamiento de unidades, empeñamos todos los recursos necesarios para investigar la situación y adoptar las medidas correspondientes.
Comprar buques y submarinos: “Lo importante es verlo como una inversión y no como un gasto”
-¿Cómo describe el presente de la Armada?
-Hay un punto de inflexión. Afortunadamente, este gobierno se propuso recuperar las capacidades de las Fuerzas Armadas. En ese sentido, miramos con optimismo hacia adelante. A propósito, quisiera recalcar la necesidad de que existan políticas de Estado que trasciendan las distintas gestiones de gobierno. Mencioné las capacidades que perdimos; en ese contexto, por más que una gestión tenga la mejor voluntad, no se puede recuperar todo en poco tiempo.
Además, lamentablemente los medios que usa la Armada son los más costosos. Comprar buques o submarinos es una inversión muy grande para el país. Lo importante es verlo como una inversión y no como un gasto.

-¿Cuál es el estado actual de los buques de la Armada?
–Lo primero que tiene que tener una Armada son barcos. Pero no es algo fácil de adquirir. Los F-16 en la Fuerza Aérea fueron el resultado de años de estudio. Finalmente, la decisión es política y se toma en el más alto nivel. Lo mismo ocurrirá con la posible adquisición de submarinos. Insisto, estos son mi prioridad porque si siguen pasando los años también vamos a perder el conocimiento del personal.
Los buques tienen 40 años. O sea, tecnológicamente están bastante desactualizados. Nosotros valoramos que se hayan recuperado capacidades para la aviación naval, como los P3-Orion para la vigilancia marítima de largo alcance en el Atlántico Sur, los helicópteros o patrulleros. Con respecto a los buques, no nos queda mucho tiempo más. Con el esfuerzo y el profesionalismo del personal, todavía navegan. Eso es lo que a uno lo enorgullece.
-¿Tendrá algún ejemplo?
-Recientemente, el más antiguo de nuestros destructores tuvo una novedad en la línea de eje y en la hélice. Lo ingresaron al dique y vieron el problema. Coincidió con un viaje que hice para conocer al personal y transmitirle los trabajos en materia salarial y obra social. Así que visité el Arsenal y conocí a un agente civil, de más de 30 años de antigüedad, que me mostró la hélice desarmada y cómo la estaban arreglando. Lo lograron y estaban orgullosos porque ese buque pudo navegar rumbo a Perú para un ejercicio.




