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El jefe de la Armada, almirante Romay, habló de todo: Punta Indio, salarios y los desafíos de la Fuerza

El almirante Romay habló de los salarios, el sacrificio de la vida naval, el futuro de las bases y la recuperación de capacidades estratégicas. Primera entrega de un encuentro exclusivo de DEF con el jefe de la Armada Argentina.

“Es duro no tener una respuesta para el marinero o el cabo”. La frase del jefe de la Armada Argentina, almirante Juan Carlos Romay, sintetiza uno de los principales desafíos que atraviesa hoy la Fuerza: sostener una profesión marcada por el sacrificio, la vocación y meses lejos de casa, mientras se buscan mejorar las condiciones del personal y recuperar capacidades operativas

En una entrevista exclusiva con DEF, el máximo responsable de la Armada habla en primera persona sobre las dificultades del personal, las prioridades de su gestión y el futuro de una institución bicentenaria.

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En esta primera entrega del encuentro, repasa también su propia historia -desde su ingreso al Liceo Naval a los 12 años hasta llegar al máximo cargo de la Fuerza-  y explica qué significa comandar una institución donde el trabajo en equipo resulta esencial. La situación de Punta Indio, el futuro de la Aviación Naval, los proyectos para recuperar capacidades y el desafío de ampliar la presencia argentina en el Sur completan una conversación que combina la mirada personal con los principales temas que hoy atraviesan a la Armada.

Romay: “Un buque es una pequeña comunidad flotante que, una vez que zarpa, te lleva a sobrellevar las situaciones con tu gente” (Foto: Fernando Calzada)

Almirante Romay: “El lazo del trabajo en equipo de la tripulación es muy fuerte”

-¿Por qué eligió ser parte de la Armada Argentina?

Estoy en la Fuerza desde los 12 años, porque cursé el Liceo Naval “Almirante Brown”. Y, cuando ingresé al Liceo, lo hice con la idea de seguir una carrera que me gustaba. Finalmente, entré a la Escuela Naval en 1984. 

De chico era muy soñador. Solíamos ir, con mis padres, de vacaciones a lugares de playa, como Mar del Plata o Pinamar. Personalmente, a mí me encantaba mirar el mar e imaginarme navegándolo, conociendo lugares. Eso se combinó con que los hijos de unos amigos de mi papá iban al Liceo Naval. Así que lo intenté, y no me arrepentí. 

-¿Tiene un espíritu aventurero?

-La vida en la Armada es así. De hecho, años atrás, existía un slogan que se enfocaba en esa característica de la profesión: “Viví distinto, súmate a la Armada Argentina”. Es eso y sigue siéndolo. 

Un buque es una pequeña comunidad flotante que, una vez que zarpa, te lleva a sobrellevar las situaciones con tu gente. Pueden ser alrededor de 300 efectivos, dependiendo del tamaño del buque. Arriba, todos tienen una tarea imprescindible, desde el comandante hasta el panadero. El lazo del trabajo en equipo de la tripulación es muy fuerte

-Entre el Liceo y la Escuela Naval, tuvo casi 9 años de formación… ¿Qué significa estar en esta posición tras una larga carrera?

-Es un honor y un privilegio ejercer la más alta responsabilidad en una institución bicentenaria, como lo es la Armada Argentina, tan rica en historia y tradiciones. Es una tarea que exige responsabilidad y continuo compromiso, porque no hay que defraudar al personal que uno conduce. 

Para Romay, uno de los principales objetivos es el bienestar del personal. Sobre ese tema, manifestó que existen buenas expectativas (Foto: Fernando Calzada)

El costo de servir

-¿Cuáles son las principales deudas pendientes? ¿consideran los temas salariales y la crisis de la obra social? 

-Ese es uno de los objetivos que nos propusimos con el ministro de Defensa, teniente general Carlos Alberto Presti. En mi gestión tengo que cumplir con la misión, pero siempre preocupándonos por el bienestar de nuestro personal. Hay buenas expectativas en que esto se pueda mejorar. 

Con el ministro Presti hablamos todos los días sobre estos temas. Es un momento difícil, a veces es duro no tener una respuesta para el marinero o el cabo

-Ahora el personal cobra un suplemento por título, ¿eso impactó positivamente?

-Este suplemento por título es una vieja aspiración de las Fuerzas Armadas porque ya lo percibían las de Seguridad hace varios años y en la administración pública también se paga. Hace muchísimo tiempo que se viene trabajando para comenzar a cobrarlo.

Así que para nosotros es un paso adelante. Por supuesto, todavía tenemos que seguir buscando mejorar salarialmente para que la retribución sea acorde a la tarea y responsabilidad que las Fuerzas Armadas llevan adelante. 

-Realmente es muy sacrificada la vida en un buque, ¿cómo hace el personal que se aleja de sus hogares?

-Es sacrificado. Pueden estar meses lejos de sus casas. Pero, también, es lo que elegimos y lo vivimos con pasión y profesionalismo. 

Tenemos responsabilidades, de nosotros depende personal y medios costosos. Además, en las Fuerzas Armadas las guardias, por ejemplo, no se pagan extra. Entonces, todo el patrimonio, incluidos edificios y armamento, es protegido por los jóvenes, hombres y mujeres, que cumplen con las guardias.  Eso, para nosotros, es parte del servicio. 

Presente y futuro: ¿qué sucederá con Punta Indio y la Aviación Naval?

-¿Qué sucede con Punta Indio?, ¿es definitivo?

-Empezamos un trabajo para analizar la organización interna de la Armada. Por dos cuestiones. En estos 40 años vivimos una disminución presupuestaria y de medios, eso afectó a la infraestructura que, en el caso de las FF. AA. suele tener más de 100 años. Entonces, se fue deteriorando. Otra cuestión: también se redujo la cantidad de personal. No nos olvidemos que antes existía el servicio militar obligatorio. Se conjugaron estos dos temas. Entonces, cuando analizamos la cuestión orgánica de la Armada, debimos ajustar internamente varias cosas. 

El año pasado, el Consejo Aeronaval, que incluye a los oficiales superiores más antiguos de la aviación, analizaron la situación y concluyeron que se debían establecer prioridades. Entonces, se determinó que podíamos reducir las actividades en Punta Indio y concentrar todo en la Base Comandante Espora, cerca de Bahía Blanca. 

Almirante Romay: “El personal que tenemos en este momento es el que permite que la Fuerza pueda funcionar” (Foto: Fernando Calzada)

-¿Por qué ahí?

-En Espora hay medios que quedaron obsoletos, como los aviones Tracker. Esa escuadrilla también se cerró y, en consecuencia, quedaron los hangares y la infraestructura disponible. Y, si bien necesita mantenimiento, está en mejores condiciones que la de Punta Indio. 

Con esos factores, se evaluó qué hacer en términos estratégicos. 

-¿Se vende Punta Indio?

-Eso quiero recalcar. Esto no se basa ni en una orden del gobierno o del ministro Presti. Es una evaluación que hizo el Amada. 

Pero, aclaro, una base no se cierra de un día para el otro. Se va a planificar la mudanza. Lo más realizable en el corto plazo es llevar la Escuela de Aviación a Espora y a las aeronaves de la Escuadrilla de Vigilancia Marítima, que son los B-200. Además, lo más importante que tiene que tener una base aeronaval es la pista principal y, en Punta Indio, está muy degradada y eso requiere una importante inversión de dinero. 

-¿Cuál es el tema con los Super Étendard?

-Hacía años que los de Malvinas no volaban. Luego, se sumaron los que se compraron en el marco del G-20. Estos, por distintas circunstancias, nunca pudieron ponerse en servicio. Y, cuanto más pasa el tiempo, más difícil es poder activarlos. Se vencieron algunas certificaciones, no se pudieron obtener repuestos. 

-¿Serán reemplazados por otro sistema?

-Se está evaluando su reemplazo, pero considerando que son varias las capacidades a recuperar, en este momento, las prioridades son otras: submarinos y barcos. 

Una Armada que busca recuperar capacidades y ampliar su presencia

-¿Existen iniciativas con Tandanor o Fabricaciones Militares?

-Con Tandanor logramos concretar la finalización de un remolcador que estaba pendiente. Ahora están haciendo las pruebas finales de aceptabilidad. 

Y con Fabricaciones Militares, tenemos una relación bastante frecuente. El nuevo presidente está poniendo en valor a la fábrica y estamos trabajando en temas de munición menor.

El jefe de la Armada definió los ejercicios con países como Estados Unidos como una manera de “jugar en primera” (Foto: Fernando Calzada)

-En la Armada, ¿sobran efectivos o faltan medios?

-En realidad, nos faltan efectivos. La Armada tiene un despliegue territorial importante, con sus bases y medios. 

Aunque, cuanto más modernos son los medios, se puede tener menos gente. El personal que tenemos en este momento es el que permite que la Fuerza pueda funcionar y, a veces, no alcanza.

-¿Cuál es el futuro de la Base Naval Integrada de Tierra del Fuego?

-Es un proyecto que la Armada tiene desde 1983. El año pasado, cuando todavía era el Director de Educación de la Fuerza, fui a un seminario que se realizó en la UNDEF. Y, cuando me tocó cerrar, insistí en que la iniciativa tiene más de 40 años y la Armada -y el país- está perdiendo oportunidades. Perdimos presencia. En el presente, la mayoría de los buques de diferentes países que hacen sus proyectos antárticos, van hacía Punta Arenas, en Chile, donde tienen más servicios. 

Si los buques pudieran hacer su logística en Tierra del Fuego, se quedarían allí. Es estratégico. 

-¿Cómo viven el aumento de ejercicios bilaterales, principalmente con países como Estados Unidos?

-Es altamente positivo, sobre todo para los que estamos en la Armada. Nosotros tenemos una mirada siempre de conexión internacional. Es una manera de jugar en primera, bajo los estándares de las principales marinas del mundo. 

Entonces, es una forma de mantener una alta exigencia profesional y operativa. O sea, habitualmente el año empieza y se hacen todos los adiestramientos específicos propios de la Armada. ¿Por qué? Porque a principio de año se llevan adelante los cambios de destino. Entonces, lo importante es conformar el equipo. Luego, empiezan a salir como parte de la flota. Y, en esta época del año, se hacen los operativos internacionales. 

“Es una vida muy sacrificada, pero cuando a uno le gusta y abraza esta profesión porque la ama, suelta amarras y es feliz” (Foto: Fernando Calzada)

-La Armada tiene bajo su órbita a la formación de los marinos mercantes, ¿cuál es el motivo?

-La formación se da a través de la Escuela Nacional de Náutica. Por ley, esta misión recae en la Armada. Cabe destacar que, tradicionalmente, está establecido que la Marinas Mercante es una reserva de las marinas de guerra. Por eso, en muchos países son las Armadas las que tienen la misión de formar a la Marina Mercante.

-Hay dos episodios que tocan de cerca a la Armada: la Guerra de Malvinas y el trágico accidente del submarino ARA “San Juan”, ¿cómo vivió usted estos dos episodios?

-En 1982 yo era muy joven. Tenía 16 años y estaba en el Liceo. A nosotros nos marcó muchísimo. Recuerdo que ese 2 de abril por la mañana nos reunieron en el patio cubierto y el oficial que estaba a cargo nos dio la noticia de que las Malvinas habían sido recuperadas. Salimos todos corriendo, como si fuera una cancha de fútbol. Estábamos emocionados y felices. No tuvimos conciencia de lo que eso significaba. Luego, y eso también nos marcó, nos tocaba jurar la Bandera y siempre el Liceo lo hacía en Rosario o en algún lugar emblemático del país, llevaban a los cadetes en el patrullero ARA “King”. Para nosotros era algo muy esperado. Pero, tras el 14 de junio, la situación era triste. Así que juramos la Bandera en el patio cubierto del Liceo. 

Con respecto al submarino ARA “San Juan”, viví ese momento en una situación muy particular, porque estaba haciendo un intercambio en la Armada de Estados Unidos. Es muy difícil cuando no tienes la información de primera mano. Recuerdo vivirlo a la distancia y recuerdo muy bien cuando Balbi, compañero mío, lo comunicó. Luego, en 2024, siendo director de Personal, me tocó conocer a varias familias de la tripulación. Y todavía es una herida que está. La institución siempre se mantiene muy cercana a los familiares. Por ejemplo, cuando fui director de la Escuela Naval Militar conocí a la mamá de Alejandro Damián Tagliapietra -uno de los 44 tripulantes-, una persona muy dulce. Un día me llamó por teléfono y me pidió por favor si podía visitar el cenotafio de la Escuela Naval porque es el único lugar donde podía dejarle una flor a su hijo

“Quien abrazó esta profesión es porque la ama. Suelta amarras y es feliz”

-¿Qué es lo que más le gusta de la carrera que eligió?

A mí me gusta navegar, eso se extraña. Y ser comandante tiene algo muy particular. Se habla de la soledad del comando y, en un buque, se vive de una manera mucho más presente que en otras fuerzas. Cualquier problema o situación que ocurre hace que todos te miren y digan: ‘Bueno, ¿ahora qué hacemos?’. Por eso, el comandante mantiene cierta distancia con el resto de la tripulación. Por ejemplo, tiene su propio comedor y sus espacios. Esa distancia permite no estar tan involucrado en el día a día y tener la perspectiva necesaria para reflexionar y tomar decisiones. Eso también forma parte de la tradición de la Armada. 

Es una vida muy sacrificada, pero cuando a uno le gusta y abrazó esta profesión porque la ama, suelta amarras y es feliz.

-Para cerrar, ¿qué mensaje les daría a los más jóvenes de la Armada que hoy atraviesan dificultades y dudan si continuar en la Fuerza?  

-Que perseveren y que tengan confianza en que la situación va a mejorar. Sé que para los jóvenes uno vive más el día a día y piensa en lo inmediato, pero, a largo plazo, la Armada siempre te brinda la posibilidad de realizarte tanto profesional como personalmente. Por eso, que piensen que la Armada, como nosotros decimos, es una gran familia naval. Siempre uno se apoya en el otro. Eso es lo lindo que les va a dar la carrera.

Que confíen en que las autoridades, junto con el Ministerio de Defensa y el Gobierno, estamos llevando adelante todas las gestiones y haciendo el máximo esfuerzo para que la situación mejore. 

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