“Cada 17 de mayo, Argentina recuerda un hecho que cambió su historia. En 1814, el almirante Guillermo Brown derrotó a la flota realista en el combate naval de Montevideo y quebró el dominio español sobre el Río de la Plata. No fue solo una victoria militar: fue la prueba de que sin control del mar, no hay independencia posible y, sin presencia naval sostenida, no hay soberanía real”, planteó el almirante Juan Carlos Romay, jefe de la Armada, en el mensaje que difundió la institución con motivo del día de esta Fuerza.
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Durante sus palabras, la máxima autoridad de la marina volvió a poner en debate el rol estratégico del mar para la soberanía, la defensa y el desarrollo nacional. A propósito, el mensaje fue contundente: el Atlántico Sur es una de las claves más poderosas para el desarrollo económico, social y cultural del país y que, a propósito, lo que ocurre con las rutas marítimas, sobre todo en el Golfo Pérsico o en el Mar Rojo, nos debe interpelar directamente.
¿Los motivos de su afirmación? La vida y la grandeza de Argentina dependen principalmente de su intercambio comercial, el cual se realiza, en un 90%, por vía marítima.

Tecnología y conciencia marítima
Asimismo, el almirante Romay subrayó que, para cuidar los 4.700 kilómetros de litoral argentino, la Zona Económica Exclusiva y la proyección hacia la Antártida, hay que consolidar una estrategia que esté acompañada de conciencia marítima.
El escenario mundial lo hace necesario: la tecnología transformó los océanos en espacios de vigilancia permanente y guerra electrónica. A esto se suma la ciberseguridad: los buques, cada vez más conectados, son vulnerables a ataques informáticos que pueden paralizar una flota sin disparar un tiro. Por lo tanto, hay que mirar a los espacios marítimos como escenarios geopolíticos de cooperación, aunque, también de competencia.
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En ese contexto, Romay señaló que, en el presente, el control del mar ya no se define por quién tiene más buques, sino por quién entiende mejor lo que ocurre en el agua: “Hoy se combinan drones, misiles de precisión, guerra electrónica y manipulación de identidades. Los buques militares y civiles poseen la capacidad para explorar el mar, extraer recursos vivos y no vivos, realizar relevamientos del fondo marino en nuestros espacios marítimos jurisdiccionales, afectando directamente nuestra seguridad y defensa sin poder ser detectados a tiempo. La tecnología permite la suplantación de identidad, y solo es posible su detección, localización e identificación si se cuentan con avanzados medios para realizar la tarea”.

Para la máxima autoridad de la Armada, hay que tener conciencia situacional marítima, la cual exige integración de sensores, plataformas, bases de datos, organismos del Estado y actores privados. “Sin información integrada, no hay control real”, aclaró.
Los objetivos en política naval
En el mensaje, el titular de la Armada es claro al respecto de los desafíos que tiene una Institución como la marina para poder operar y defender la soberanía.
Según el análisis, la Armada no es una fuerza que pueda funcionar sin inversión previsible y sostenida, básicamente porque, no sólo en Argentina, sino también en el mundo, las Armadas son sensibles a la discontinuidad presupuestaria. “Un buque sin mantenimiento pierde disponibilidad”, detalló.
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Asimismo, en pos del futuro de la Armada, también es fundamental avanzar en el fortalecimiento de la base industrial de la Defensa. “En un mundo con sanciones, restricciones tecnológicas y cadenas de suministro inestables, depender demasiado de proveedores externos amplía vulnerabilidades y reduce la libertad de acción. Mantener, reparar y eventualmente producir medios navales en el país no es un lujo: es autonomía estratégica”, aclaró.

Además, fue tajante al hablar de la innovación tecnológica como parte fundamental de una acertada política naval: “La guerra entre Rusia y Ucrania en el dominio marítimo del Mar Negro, y el conflicto en el Golfo Pérsico lo dejaron claro: la superioridad militar ya no depende solo de plataformas complejas, sino de la integración entre sensores, armamentos innovadores, sistemas autónomos, guerra electrónica y protección cibernética. Drones y misiles de precisión pueden producir efectos estratégicos a bajo costo. Las unidades tripuladas siguen siendo insustituibles, pero deben operar integradas con medios no tripulados y con un comando y control robusto”
Las lecciones del conflicto en Medio Oriente
Durante el mensaje que el jefe de la Armada difundió con motivo de la Fuerza, el oficial también mencionó que el conflicto en Medio Oriente puso en foco la vulnerabilidad de las infraestructuras críticas en el mar: plataformas de hidrocarburos, terminales portuarias, cables submarinos y gasoductos. “Su interrupción puede generar daños económicos y sociales devastadores”, sostuvo, al tiempo que advirtió que, en materia energética, Argentina tiene un gran potencial y proyección .
“La experiencia internacional muestra que la falta de control sobre estas infraestructuras es rápidamente explotada por actores ilegales o potencias con intereses divergentes. La estrategia marítima argentina actual busca orientar todos los elementos del poder nacional vinculados al mar: defensa, economía, ambiente y ciencia. La Armada no está sola. La vigilancia y el control requieren la articulación con otros organismos del Estado, la ciencia, el sector privado y la sociedad civil”, comunicó.
La presencia de la Armada, garantía de soberanía
“La estrategia identifica cinco condiciones necesarias: medios, aptitudes, autoridad, marco legal y voluntad política. Si alguna falla, el sistema pierde coherencia, y en el mar eso se traduce rápidamente en pérdida de control”, dijo el almirante Romay en las palabras pensadas para difundir en el Día de la Armada.

Para el oficial, la presencia activa de la Armada Argentina es fundamental para vigilar y controlar los espacios jurisdiccionales: “No se trata solo de defender recursos, sino de sostener la soberanía en un espacio donde la ausencia -más que la presencia- puede definir el resultado”.
Asimismo, el almirante Juan Carlos Romay recordó que la Armada Argentina fue una pieza central en la defensa de los intereses nacionales en el mar. Desde las campañas navales lideradas por el almirante Brown, Espora y Rosales durante la Guerra de la Independencia, pasando por la actuación del coronel Murature en la Guerra de la Triple Alianza y las expediciones soberanas en el Sur, encabezadas por comodoro Py y el comandante Piedrabuena, hasta la presencia argentina en la Antártida con figuras como José María Sobral y Julián Irízar, el mensaje trazó una línea histórica de compromiso permanente con la soberanía marítima.
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Por eso, Romay también evocó a los caídos en la Guerra de las Malvinas y a los tripulantes de la torpedera “Rosales”, el rastreador “Fournier”, el remolcador “Guaraní” y el submarino ARA San Juan, a quienes definió como símbolo del sacrificio y de vocación de servicio.

El mar, “vínculo y sostén de nuestra fortuna y de nuestra gloria”
“La historia no es sólo memoria del pasado, sino una brújula que orienta nuestro futuro”, advirtió el almirante Romay, quien también destacó las capacidades y la vocación de servicio de los hombres y mujeres de la Armada.
“Pero el mar no es únicamente de la Armada. Por el contrario, los espacios marítimos de jurisdicción e interés nacional son de todos los argentinos. De allí que la necesidad de conocer, proteger y emplearlo para el desarrollo de nuestro país debe constituir una aspiración compartida por toda la sociedad y, como consecuencia de ello, demandar acciones de gobierno perdurables para el sostenimiento de un poder naval con las capacidades adecuadas para proveer a la Defensa Nacional. Es nuestra decisión, como lo advirtió Storni hace más de un siglo, dar frente al mar, ya que éste es el vínculo y sostén de nuestra fortuna y de nuestra gloria”, concluyó en el mensaje que, este domingo 17 de mayo, será el eje de la ceremonia.




