“Los primeros en llegar y los últimos en irse”, dicen dentro del Arma de Ingenieros del Ejército Argentino sobre su modalidad de trabajo en un escenario de guerra. Durante el ejercicio Kekén, quienes son parte de ella no hicieron otra cosa que dejar ese compromiso en evidencia.
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Mientras los blindados, las tropas especiales y los modernos sistemas misilísticos ocupaban sus lugares, los Ingenieros concluían los trabajos previos para poder llevar adelante las actividades operaciones en la implacable Patagonia.

Desde el terreno, DEF dialogó con el jefe del Batallón de Ingenieros Mecanizado 9 (cuyo asiento de paz está en la localidad de Río Mayo, provincia de Chubut), teniente coronel Leonardo Martín Sakamoto, para tener dimensión de los trabajos que llevaron adelante en el duro terreno patagónico en pos de asegurar el movimiento de las tropas durante una de las mayores maniobras militares realizadas en el Ejército en el Sur.
Un dato: el Arma de Ingenieros del Ejército Argentino se define por su versatilidad y valor estratégico, tanto en tiempos de paz como de guerra. De hecho, en un escenario de combate debe encargarse de facilitar las maniobras y condiciones de los efectivos y obstaculizar las del enemigo. Esto se traduce en tareas que van desde la construcción de caminos, puentes, refugios, redes eléctricas y sistemas de agua, hasta la instalación de obstáculos y fortificaciones durante un conflicto. Además, su intervención abarca todas las fases del combate: antes, mediante la planificación y preparación territorial; durante, con la organización del terreno y el apoyo directo a las operaciones; y después, participando en la reconstrucción.
¿Qué hacen los Ingenieros del Ejército en un escenario de combate?
En ese contexto, sus misiones son distintas a las del resto de las Armas del Ejército: mientras los zapadores (como se conocen a quienes son de Ingenieros en la Fuerza) tienen capacidades técnicas y se consolidan como multiplicadores de capacidades (ya que no solo están listos para combatir, sino que son los responsables de la construcción y del mantenimiento de infraestructura fundamental para una operación militar); la Infantería es la que se enfrentará con el enemigo en la primera línea y conquistará el objetivo a pie; la Caballería se pondrá al hombro la exploración, el reconocimiento y las maniobras rápidas; la Artillería aportará poder de fuego para debilitar al enemigo; y la de Comunicaciones garantizará el flujo información y el enlace entre las unidades.

En síntesis, se trata de hombres y mujeres que tienen que estar en todas las etapas de una operación. No sólo eso: también deben ser eficaces, pues una falla puede llegar a demorar o perjudicar al resto de la tropa. Eso no es todo, por sus capacidades, son actores fundamentales en caso de emergencias o desastres naturales, ya que tienen los conocimientos y los medios para actuar.
En palabras del teniente coronel Sakamoto, los Ingenieros tienen que llegar al escenario del ejercicio con anticipación. De hecho, en el caso del Kekén, debieron arribar al menos una semana antes que el resto de los efectivos del Ejército.
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En ese sentido, contó con uno de los trabajos previos más relevantes que tuvieron que llevar adelante fue la instalación de obstáculos y de un campo minado. A esta tarea también se le sumó el armado de puentes y de una alcantarilla con material empleado por los zapadores. Ninguna de esas misiones fue sencilla: manipulan equipos que pueden llegar a pesar toneladas y, como si eso no fuera poco, deben trabajar contrarreloj (pues sus tareas facilitarán la llegada de la tropa o demorarán al adversario) y, en el caso del Kekén, bajo condiciones realmente hostiles, como las fuertes ráfagas de viento y las bajas temperaturas patagónicas.

Kekén: así fue el armado de una pista de aterrizaje en el medio de la nada
Uno de los desafíos que asumieron los Ingenieros del Ejército durante el ejercicio Kekén fue el armado de una pista de aterrizaje en plena meseta patagónica. Según detalló Sakamoto, ésta debía tener 800 metros para permitir el aterrizaje de aeronaves de menor porte, como el Caravan de Aviación de Ejército. “Eso aseguró la maniobra del ejercicio Kekén en el cerro Bagual. Detrás también estuvo la Agrupación de Ingenieros 601, con el aporte de maquinaria, como motoniveladoras y rodillos compactadores”, sostuvo, al tiempo que aclaró que también están en capacidad de construir una pista que asegure el aterrizaje de un avión de las características del Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Argentina.
Un detalle: al ser consultado por DEF, Sakamoto -que tiene 32 años de servicio en el Ejército– confesó que nunca había sido testigo de un despliegue de las dimensiones del Kekén en la Patagonia. “No es fácil el suelo, tampoco las condiciones meteorológicas. De todas maneras, el Arma de Ingenieros mantiene una relación ambiente-terreno ya que debemos estar preparados. Por eso, venimos antes y nos vamos luego que el resto de las tropas. En este caso, una vez que finalice la actividad, tenemos que remover varios kilómetros de obstáculos de las posiciones de retardo”, contó sobre las misiones que tuvieron que llevar adelante en Chubut.
“Estar en este ejercicio es una satisfacción muy grande, en especial porque también uno está transfiriendo conocimientos a los subalternos. Nos entrenamos para esto: para poder defender el país y a nuestra soberanía”, confesó.




