“¿Qué está haciendo un cura tocando música electrónica? Hay mucho para decir de eso”, adelanta Leandro Ocón, especialista en estrategia y geopolítica, en un video que publicó en sus redes sociales y que, a un año del fallecimiento del Papa Francisco, vale la pena debatir para poder tener una mirada geopolítica del papel de la religión en un mundo en conflicto.
DEF no tardó en contactarlo, pues si alguien puede analizar el cruce entre religión, poder y economía es él. ¿Qué tiene para decir del sacerdote DJ, el padre Guilherme Peixoto,y el homenaje al Papa Francisco en Plaza de Mayo? Para el doctor en Ciencia Política y analista en el canal de streaming Ceibo, el espectáculo y la convocatoria reflejan un síntoma de “algo más profundo”.
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De hecho, insiste en que, en el mundo moderno, el Papa argentino tuvo mucho que ver en el poder que tiene hoy la religión católica. La entrevista, más que un análisis geopolítico, deriva en una pregunta de fondo: qué lugar ocupa la dimensión humana en una era atravesada por la tecnología, la incertidumbre y la crisis de sentido.

“La Iglesia católica volvió a ascender la de la mano de Francisco”
-En el presente, ¿cómo definís el rol de la religión en términos geopolíticos?
-Creo que la religión nunca dejó de ser importante. Lo que pasa es que en los discursos dominantes de los últimos años, sobre todo desde la caída del muro de Berlín, el liberalismo venía a purgar a la sociedad y a la civilización moderna de otras prédicas que, entendía, eran arcaicas.
Pero para mí, detrás de eso, siempre estuvieron las religiones. Por ejemplo, en los últimos años, las guerras tuvieron de trasfondo democratizar y liberalizar sociedades sumidas en el terrorismo islámico. Es decir, siempre hubo un componente cultural y religioso que entraba en choque con ciertos principios y valores que estaban purgados de la idea de Dios pero que, en el fondo fueron construidos gracias a un discurso religioso. Detrás de esos valores, de libertad y desarrollo económico, está la teoría weberiana del espíritu del capitalismo: hay un calvinismo fuerte.
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-¿Dónde quedó el catolicismo en todo ese proceso?
-En estos discursos de la modernidad neoliberal no tenía cabida. Entonces se erigió como todo un edificio, una religión, sin Dios. El catolicismo fue considerado un recurso arcaico y, como tal, no tenía lugar como institución dentro del Estado y de ciertas ideas en torno a la ética y a valores morales que entraban en choque con los principios del capitalismo.
Eso fue así hasta que, en mi opinión, volvió a ascender la Iglesia católica de la mano de Francisco . Paralelamente, hubo una alianza en Rusia con respecto a la Iglesia ortodoxa, allí hay una fuerte alianza entre Estado y religión. Ese vínculo vino a disputar el sentido de la hegemonía liberal de los noventa.
-En términos geopolíticos, ¿qué instituciones religiosas pensás que son las más influyentes en el presente?
-Las religiones son complejas. Si hablo de una por sobre otra, considero que hay vaguedad conceptual. Para abordar el mundo religioso, hay que analizar cómo se vincula con la política y la geopolítica. Hay que comprender cómo penetran esos espacios y cuáles son las interpretaciones y acciones, algo que está en disputa de sentido.
Entonces, hay que entender que las religiones, como praxis cultural y ritual, son complejas.

Un antes y un después del Papa Francisco
-Con ese panorama, ¿qué tipo de influencia logró tener el Vaticano?
-Personalmente admiro la gestión que hizo el Papa Francisco, porque puso sobre el mapa a una institución religiosa que parecía que no iba a tener más lugar en la política. La gestión de Francisco volvió a poner sobre la mesa, no solamente en Argentina, sino en todo el mundo, un mensaje espiritual anclado en el humanismo que funciona de manera muy elocuente en un tiempo de desarrollo tecnológico feroz que replantea nuestra mera existencia y futuro continuamente.
-¿Por qué el mundo le dio relevancia a ese mensaje?
-Un mensaje espiritual anclado en el humanismo funciona de manera muy elocuente para calmar un mundo cada vez más ansioso, depresivo, lleno de terrores y de visiones apocalípticas. El de Francisco, considero que fue el discurso político, social y cultural más pacifista de nuestros tiempos.
Eso funciona en un donde, claramente, hay inclinación hacia lo espiritual, lo metafísico y lo esotérico.
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-¿Cómo sería eso?
-Con la cantidad de información que circula en Internet (que, además, pensábamos que iba a ser certera, pero muchas son mentiras), en un contexto donde los límites entre lo que vemos y lo que creemos que estamos viendo se diluye por la IA, donde todo se construye en las redes sociales y se convive con discursos políticos que tergiversan…de golpe llegó alguien que pide que busquemos la paz. Uno se aferra. Francisco llegó para parar la pelota.
Además, eligió el nombre Francisco, inspirado en el franciscanismo, en un mundo hipermaterializado. Llegó para decirnos que lo material no es relevante y esa posición fue una interpretación política de la realidad y del futuro de la humanidad. Él fue la alternativa a otros discursos dominantes del presente, en los que abunda la aceleración, la conquista o la explotación de los recursos. Eso es lo que hizo que Francisco. Además de otras tantas cosas, volvió a poner a la Iglesia Católica un lugar en la discusión política internacional.
-¿A qué le atribuís el conflicto de Donald Trump con el Papa León XIV?
-Sigo atentamente la figura del Papa León XIV, con mucho interés porque, si bien tiene un discurso distinto, está apoyado en el legado de Francisco.
León XIV es un Papa que mira la tecnología de otra manera: él quiere meterse en el meollo del futuro de la Iglesia y en la relación de la religión y de la espiritualidad con la tecnología. Es el discurso que estamos necesitando en este escenario. De hecho, las empresas de IA están convocando filósofos para codificar los límites de la Inteligencia Artificial. Vivimos en una época de mucho existencialismo.
Religión en tiempos de Inteligencia Artificial y auge tecnológico
-¿Cuál es el nexo con la Inteligencia Artitifical y el papado de León XIV?
-El Papa León viene, desde la costilla de Francisco, a dar un discurso, no solamente frente a la tecnología, sino también sobre algo en lo que, evidentemente, no está de acuerdo y que está relacionado con cuánto poder se le va a dar a las empresas de IA.
Estados Unidos mantiene alianzas con empresas de Inteligencia Artificial, eso le permite avanzar hacia sus objetivos frente a la amenaza de China. Las corporaciones se ensucian las manos: meter en la gestión de determinadas cuestiones públicas en una caja negra de la IA y de los algoritmos es una forma de no dar respuesta política. Creo que eso es clave para entender la configuración de los nuevos esquemas de poder y su relación con las corporaciones, la IA o cualquier nueva tecnología aplicada a la guerra o a la gestión pública.

-Se conmemora el primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco. Como analista y como argentino, ¿qué papel pensás que tuvo?
-Francisco fue para la Iglesia lo que Maradona o Messi son para el fútbol. Llegó para cambiar la historia de la Iglesia moderna. Y, además, dio el puntapié para volver a instalar ciertos discursos que van a estar en puja: trajo una idea de humanidad que en los últimos 40 años estuvo en disputa. Él volvió a alinear a la Iglesia con un discurso que no fue solo filosófico, sino también geopolítico.
En la Plaza de Mayo, en el show del padre Guilherme Peixoto, la conclusión generalizada fue que había todo tipo de personas, una heterogeneidad social jamás vista en las últimas décadas de la democracia argentina. Eso habla de una fuerza capaz de despolarizar a las sociedades.
-¿Se puede hablar de softpower religioso?
-Es un sacerdote DJ que fue a tocar en conmemoración de la muerte de Francisco. Hay sacerdotes que juegan al fútbol y otros que son curas villeros. Él eligió ese camino para hacer un homenaje a Francisco, un Papa que tuvo su origen en Argentina.
¿Qué nos dice eso de Argentina? Está por verse. Pero sí creo que el sentido común de la sociedad occidental se corrió de lugar. Muchas categorías analíticas que teníamos en el pasado, deben ser repensadas, al igual que los esquemas de poder y alianzas políticas viables o no viables. Todavía no sé bien cuál es el centro de poder, pero sí me doy cuenta que hay una reconfiguración y que hay que agiornarse y pensar a la Iglesia con otros libros. Ese también es el legado de Francisco. Lo del padre Guilherme es un síntoma de que algo está pasando, incluso en términos de la relación de la humanidad con la tecnología y la existencialidad de nuestros sentimientos. Eso conlleva a repensar ciertos aspectos del bienestar y creo que la Iglesia está ofreciendo una alternativa filosófica en torno a qué es lo que deberíamos estar haciendo los humanos.




