Hace 50 años, en Bariloche, comenzaba a tomar forma una empresa que con el tiempo no solo se convertiría en uno de los principales reservorios de conocimiento tecnológico de la Argentina, sino que se transformaría en un actor estratégico para pensar en la defensa de la soberanía: INVAP.
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La firma rionegrina nació vinculada al desarrollo nuclear y, a lo largo de las décadas, extendió sus capacidades hacia áreas tan diversas como la defensa, la seguridad, la medicina nuclear, los radares y la tecnología espacial. Medio siglo después, buena parte de ese conocimiento acumulado vuelve a ponerse en juego frente a un escenario en el que las fronteras entre los dominios terrestre, aéreo, marítimo, cibernético y espacial son cada vez más difusas.

Días atrás, en la Escuela de Guerra Aérea, INVAP volvió a poner sobre la mesa su evolución en materia espacial: uno de los campos que más le interesan a las Fuerzas Armadas, actores que, además, ya trabajan con desarrollos de la firma en materia de radares primarios y secundarios y otros sistemas que involucran tecnología de punta y que responden a necesidades específicas de la cartera castrense.
¿Qué plantean los especialistas más capacitados de INVAP a la hora de pensar en la defensa de los recursos vitales para los argentinos desde el cosmos?
INVAP propone una arquitectura para saber qué ocurre en el espacio
“Ver sin ser visto: arquitectura pasiva para proteger infraestructura crítica soberana” fue la exposición de Hernán Sineiro, especialista en comunicaciones espaciales de INVAP, en el auditorio de la Escuela de Guerra Aérea.
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Allí, frente a decenas de militares y las más altas autoridades del Ministerio de Defensa y la Fuerza Aérea Argentina, el ingeniero de INVAP se comunicó desde Bariloche para plantear uno de los desafíos que comienza a adquirir mayor relevancia en el ámbito castrense: desarrollar una capacidad argentina de conciencia situacional espacial.

En ese sentido, el especialista explicó que el objetivo debe ser avanzar hacia una arquitectura que permita conocer qué ocurre en las proximidades de los satélites argentinos y proteger una infraestructura que, cada vez más, resulta crítica para el país.
El primer paso, según explicó, consiste en determinar qué infraestructura espacial y terrestre debe ser protegida. Allí aparecen los satélites de comunicaciones, los sistemas destinados a servicios gubernamentales y las plataformas científicas y de observación de la Tierra, entre ellas los SAOCOM. Pero también deben contemplarse las instalaciones estratégicas en tierra y los distintos recursos ópticos y tecnológicos disponibles para observar el espacio.
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Para Sineiro, nuestro país cuenta con una cantidad significativa de capacidades y fuentes de información. Sin embargo, el desafío pasa por integrarlas en un único sistema capaz de transformar esos datos en información útil para la toma de decisiones.
En ese esquema, los catálogos públicos pueden funcionar como una primera capa de información para conocer las órbitas y trayectorias de los objetos que rodean la Tierra. Sin embargo, son datos que tienen limitaciones: existen problemas de latencia y precisión y, además, una enorme cantidad de objetos pequeños no llega a ser registrada. Los elementos de menos de diez centímetros, por ejemplo, pueden quedar fuera de los catálogos pese a representar un riesgo concreto. A eso se suma una dificultad todavía mayor: no siempre alcanza con saber dónde está un objeto; también resulta necesario determinar qué es, quién lo opera y cuál es su comportamiento.

Por eso, la propuesta de INVAP apunta a complementar esas fuentes con capacidades propias. Telescopios, sensores de inteligencia de señales, radares pasivos y, especialmente, sistemas para determinar las órbitas y fusionar la información proveniente de distintas fuentes formarían parte de una arquitectura escalonada.
El objetivo final -insiste Sineiro- es reducir los vacíos de información y disponer de herramientas que permitan detectar comportamientos anómalos y adoptar decisiones con mayor rapidez. La misma lógica, explicó, resulta necesaria frente a las amenazas naturales, como el ingreso de objetos a la atmósfera, para lo cual la integración con los sistemas internacionales de alerta constituye un punto de partida.
En un escenario donde el espacio se transforma en un dominio estratégico, la premisa es clara: no alcanza con tener satélites en órbita; también es necesario saber qué ocurre a su alrededor.

INVAP, un proveedor estratégico para las Fuerzas Armadas
Cabe señalar que el aporte de INVAP a la Defensa argentina abarca mucho más que el desarrollo de radares. La empresa rionegrina se consolidó como un proveedor estratégico capaz de diseñar, integrar, fabricar y mantener sistemas tecnológicos a medida de las necesidades nacionales, con una particularidad central: buena parte de sus desarrollos puede adaptarse a distintos ámbitos militares y civiles.
El dato: su trayectoria incluye su participación en el Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial (SINVICA). ¿Cómo logró avanzar en materia de radares? En el año 2003, INVAP presentó un estudio de factibilidad para el diseño y fabricación de un radar terrestre secundario para tránsito aéreo: la idea se basaba en utilizar la experiencia en la banda L de frecuencias (ya empleada en los satélites de exploración terrestre) y las capacidades de gestión de la firma rionegrina.
El objetivo final era que, además, la firma pudiera encarar el desarrollo de radares militares. Paralelamente, INVAP también asumió un proyecto de modernización de los TPS-43. Finalmente, en el 2013 se homologó el primer Radar Primario Argentino 3D de Largo Alcance (RPA3D-LA). Justamente, a partir de esa experiencia, la empresa extendió sus capacidades hacia otros sistemas destinados directamente a las Fuerzas Armadas. Entre ellos aparecen radares tácticos para el Ejército y para buques de la Armada Argentina, sistemas aerotransportados, sensores electroópticos para aeronaves P-3 Orion y sistemas antidrones.

A esto se suma la posibilidad de desarrollar soluciones específicamente diseñadas para cada usuario, integrando sensores, comunicaciones, procesamiento y sistemas de comando y control. Precisamente, una de las fortalezas señaladas por INVAP es la de poder acompañar el ciclo de vida completo de estos sistemas: desde el diseño y desarrollo inicial hasta la fabricación, actualización, mantenimiento y eventual modernización.
De los radares al espacio
En una charla que los ingenieros de INVAP, Javier Conti y Luis Genovese, dieron en la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF) en el año 2025, los especialistas repasaron los hitos logrados de la mano de las Fuerzas Armadas y señalaron que el área espacial abre, a su vez, un campo de posibilidades creciente para la Defensa.
Por entonces, subrayaron que la firma rionegrina posee experiencia en el diseño, construcción e integración de satélites y en sistemas asociados a misiones de observación de la Tierra y comunicaciones. Y, aunque buena parte de estas capacidades tiene objetivos civiles o científicos, sus aplicaciones militares son potenciales amplias: vigilancia del territorio y de espacios marítimos, protección de infraestructura crítica, obtención de información para la planificación y toma de decisiones, búsqueda y rescate, alertas tempranas y seguimiento de actividades de interés estratégico.
Además, el potencial de INVAP para la Defensa también está en su capacidad de generar soberanía tecnológica. La empresa puede desarrollar soluciones adaptadas a las condiciones geográficas y operativas de la Argentina, evitando depender exclusivamente de sistemas extranjeros concebidos para otros escenarios. Esa capacidad resulta especialmente relevante para un país de enorme extensión territorial y con espacios marítimos, aéreos y terrestres que requieren vigilancia permanente.

Por eso, es clave pensar que, a futuro, la combinación de radares, sensores electroópticos, sistemas antidrones, inteligencia de señales, comunicaciones seguras, inteligencia artificial, plataformas aéreas y capacidades espaciales podría permitir construir arquitecturas integradas de vigilancia y comando. En ese sentido, el principal aporte de INVAP no es solamente un determinado radar, satélite o sensor, sino la posibilidad de articular distintas tecnologías nacionales alrededor de las necesidades estratégicas de las Fuerzas Armadas.
En síntesis, INVAP dejó hace tiempo de ser solamente la empresa que fabrica radares: hoy constituye una de las principales capacidades tecnológicas estratégicas de la Argentina para la Defensa. Y, en este escenario, sin lugar a duda, el próximo salto apunta al cielo y al espacio: satélites, inteligencia de señales, sensores, telescopios, radares pasivos, inteligencia artificial y fusión de datos para saber qué ocurre en el territorio, en el aire, en el mar y también en órbita.
En sus cinco décadas de historia, INVAP acumuló algo más difícil de comprar que cualquier equipamiento: la capacidad argentina de diseñar, fabricar, integrar y sostener tecnología propia para defender los recursos estratégicos y vitales de los argentinos.




