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El engaño no es el método: Yo, Narciso y la ética en la investigación social

Yo, Narciso expone las fricciones entre el rigor de la investigación sociológica y las licencias dramáticas del cine comercial.

Por: Pablo Schamber, antropólogo

El cine nacional no suele frecuentar las aulas universitarias, y menos, los gabinetes de investigación en ciencias sociales. Por eso, la película Yo, Narciso tiene el mérito de poner en el centro de la escena a las instituciones de educación superior, al oficio pedagógico y a la ciencia.

En la película, Natalia Oreiro encarna a una socióloga y docente de Pensamiento Científico que, mientras dicta su materia, también investiga sobre el narcisismo en la sociedad contemporánea. Su principal fuente de información y, simultáneamente, sujeto de su estudio, es un exitoso cirujano plástico, interpretado por Adrián Suar.

A lo largo de la trama, la protagonista comparte las vicisitudes de su trabajo de campo tanto con su círculo íntimo como, en las clases, con sus estudiantes. Sin embargo, más allá del entretenimiento y la ficción, la película permite abrir un debate acerca de cómo se representa la ciencia en la pantalla grande y, sobre todo, cuáles son los límites éticos que rigen la investigación social.

La ficción lejos de la realidad académica en Yo, Narciso

Aunque resulta novedoso y refrescante ver a cientistas sociales protagonizando tramas en el cine comercial, la representación que se hace de su labor dista notablemente de la realidad cotidiana del sector. Por un lado, el guión pierde la oportunidad de reflejar la compleja situación del sistema científico y universitario nacional, donde investigadores y docentes se encuentran cada vez más lejos del estilo de vida holgado que muestra la protagonista.

Por otro lado, la película incurre en imprecisiones conceptuales: los contenidos que imparte el personaje se acercan más a la metodología de la investigación que a la epistemología de la ciencia, mientras que su trabajo coquetea más con la psicología que con la sociología propiamente dicha.

El estudio sobre el narcisismo a través del caso del personaje de Suar está centrado en él como individuo, soslayando fenómenos colectivos, como patrones de interacción, normas, valores y roles dentro de la sociedad que impactan en su comportamiento como persona.

Las investigaciones sociológicas recurren a estudios de casos, sin por eso abandonar la pretensión holística. Pero sociológicamente, la aproximación idiográfica es válida en la medida en que no se busquen atribuir exclusivamente los comportamientos a procesos internos del individuo ni se abandone la ausencia de vocación monotética, aunque es cierto que las generalizaciones en ciencias sociales no suelen tener forma de enunciados universales debido a la historicidad inherente a los hechos sociales, que no pueden disociarse de un determinado contexto espacio-temporal.

El consentimiento informado: la regla de oro que la película ignora

Más allá de las licencias narrativas, el aspecto más crítico del film es la absoluta falta de ética profesional con la que actúa la investigadora. Para estudiar al personaje de Suar, la socióloga adopta una identidad falsa, oculta quién es y engaña a su informante sobre sus verdaderas intenciones. En las ciencias sociales existe un consenso absoluto: el engaño jamás es el método.

Al realizar encuestas, entrevistas u observación participante, es obligatorio explicitar quién es uno, cuáles son los fines del estudio, qué se hará con los datos recolectados y cómo se cuidará la privacidad de quien está siendo abordado. El resguardo de la identidad y el anonimato no bastan. Las personas involucradas deben dar su consentimiento explícito y contar con la libertad de negarse a participar.

El consentimiento informado busca que las personas con las que se llevan a cabo las investigaciones conozcan los objetivos, métodos, riesgos, tipo de participación esperada y posibles usos de la investigación, así como los principios de voluntariedad y derecho a la información y a la confidencialidad. Y, en función de ello, poder decidir si participar o no. De hecho, se recomienda su obtención al comienzo de la investigación.

El impacto en la percepción pública de la ciencia

Representar a los investigadores con vidas acomodadas y omitiendo el respeto por las normas éticas en nombre del conocimiento científico no es inofensivo. Para miles de espectadores, quizás Yo, Narciso represente el principal contacto con el mundo académico.

Construir relatos ficcionales distorsionados sobre la práctica científica termina por socavar la valoración social de la investigación y de la universidad, herramientas fundamentales para el desarrollo de la comunidad.

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