Hay momentos en los que la distancia se vuelve más grande que cualquier océano. Para los hombres y mujeres que pasan meses embarcados en la Fragata ARA “Libertad”, navegar lejos de casa forma parte de la profesión. Pero hay noticias capaces de hacer que esos miles de kilómetros pesen de otra manera: el nacimiento de un hijo.
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Durante el viaje de instrucción, mientras la “Libertad” avanzaba de puerto en puerto y los guardiamarinas que completaban una etapa decisiva de su formación, algunos tripulantes recibieron a la distancia una de de esas noticias que cambia para siempre la vida de una persona: habían sido padres. No hubo posibilidad de correr hasta un hospital, de sostener una mano durante el parto ni de llegar a tiempo para el primer abrazo. La ausencia debió ser reemplazada por teléfonos, videollamadas y una tripulación que, aun en medio del mar, intentó acortar la distancia.

Porque detrás de la disciplina, las guardias, las maniobras y los meses de navegación hay también historias personales.
“Me sentí triste por no estar con ellos”, la emoción de Ezequiel Canchi al conocer a su hijo
Ezequiel Canchi es cabo primero músico y es uno de los tripulantes del 54º viaje de instrucción de la Fragata ARA “Libertad”.
A bordo del emblemático buque, tuvo que vivir uno de esos momentos que ningún padre quiere atravesar a la distancia. Su hijo Mateo nació el 30 de abril, cuando la “Libertad” navegaba hacia su primer puerto de la travesía. La noticia llegó mientras él estaba lejos de Salta, donde su esposa, Nilda Zambrano, atravesaba sola su segundo embarazo.

“La verdad que fue una sorpresa. Por momentos me sentí triste por no estar con ellos, por no estar con mi señora más que nada, acompañándola”, cuenta a DEF.
Un salteño que nunca había conocido el mar y terminó cruzando océanos a bordo de la Fragata “Libertad”
Para Ezequiel, llegar a la Fragata ARA “Libertad” también significó descubrir un mundo que, de chico, parecía lejano.
Desde Salta, nunca pensó que algún día iba a conocer otros países ni que el mar terminaría formando parte de su vida.
“Algo que uno desde chico nunca se pudo imaginar, llegar a estar acá”, cuenta al repasar una experiencia que le permitió conocer nuevos lugares y personas a lo largo de la travesía.

Hoy, después de casi cinco meses de navegación, mira ese recorrido con orgullo. La “Libertad” lo llevó mucho más lejos de lo que alguna vez había imaginado y le permitió vivir una experiencia que, asegura, probablemente no hubiera tenido de no haber ingresado a la Armada.
Entre puertos, guardias y nuevas geografías, aquel joven que quizás nunca pensó en el mar terminó haciendo de él parte de su vida.
“Te parte el alma”
Pero mientras la “Libertad” le abría a Ezequiel un mundo lejano, la distancia también tenía un costo. En este caso, perderse los primeros días de vida de Mateo y dejar en tierra a su otro hijo, de apenas cinco años.
“Te parte el alma”, reconoce. Dice que muchas veces hay que hacerse fuerte, pero que pensar en su familia fue lo que lo ayudó a levantarse cada día. “Uno hace todo por ellos”, repite. Durante esos meses, su esposa, Nilda, sostuvo sola a la familia en Salta. Ezequiel no se olvida de agradecerle por haber cuidado de esa “pequeña gran familia” mientras él cumplía su misión a bordo.

Ahora, la espera tiene fecha de vencimiento. Después de casi cinco meses de navegación, Ezequiel solo piensa en llegar a Buenos Aires, tomar el camino hacia Retiro, comprar un pasaje y, finalmente, reencontrarse con los suyos. Lleva regalos y sorpresas para sus hijos, pero, sobre todo, las ganas de conocer personalmente a Mateo.
Lo que todavía no sabe es que su familia se adelantó a sus planes. Sin decírselo, viajó hasta el Apostadero Naval Buenos Aires para esperarlo allí. Y cuando Ezequiel finalmente baje de la Fragata, el viaje de casi cinco meses encontrará su verdadero destino: el abrazo de su familia.
“Entré a la Armada por curiosidad y por los barcos grises”
Damián Flores, cabo segundo, llegó a la Armada casi por curiosidad. Oriundo de Concordia, Entre Ríos, y radicado en Tigre, decidió hacer la carrera de suboficial sin imaginar demasiado hasta dónde lo llevaría aquella elección.

“Yo entré a la Armada por curiosidad y por los barcos grises”, cuenta. Hoy está a bordo de la Fragata ARA “Libertad”, un destino que, asegura, tampoco había imaginado.
“Nunca en mi vida pensé conocer lo que estoy conociendo”, dice, todavía sorprendido por el recorrido que comenzó con aquella decisión. Sin embargo, su vida familiar también cambió mientras avanzaba su carrera.
“Estaba ansioso a la vez por conocer a mi hijo”
Damián supo que con su esposa, Karen, que iban a ser padres apenas un mes antes de que a él le asignaran este destino. Ella cursó buena parte del embarazo con él a su lado, pero cuando llegó el momento de embarcarse, la pareja tuvo que acostumbrarse a vivir la espera a la distancia.
Karen permaneció en Buenos Aires durante los últimos meses de gestación y contó con el acompañamiento de sus padres y de los de Damián, que viajaron desde Concordia para estar presentes cuando naciera Luca.
El bebé llegó el 26 de mayo, un día después del aniversario de la Revolución de Mayo y cuando la Fragata estaba próxima a llegar a Estados Unidos. El dato: la fecha prevista era el 29, pero Luca decidió adelantarse.

A Damián le mostraron una foto del recién nacido y todavía recuerda la mezcla de emociones de ese momento: “Yo no lo podía creer”.
La noticia recorrió rápidamente el buque y todos supieron que había nacido el hijo del tripulante.
“Me emocioné, pero estaba ansioso a la vez por conocer a mi hijo”, cuenta. Ahora, después de casi cinco meses de navegación, finalmente podrá tenerlo en brazos por primera vez.
“Lo primero que voy a hacer es tomarlo en brazos y caer, por completo, que soy papá”, dice, no sin antes dedicarle unas palabras a Karen: “La amo”.




