Este 20 de julio se cumple un nuevo aniversario de la llegada del Apollo 11 a la Luna, la misión que en 1969 convirtió a Neil Armstrong y Buzz Aldrin en los primeros seres humanos en caminar sobre suelo lunar. Pero la efeméride ya no es solo un capítulo cerrado de la Guerra Fría: en 2026, la carrera lunar volvió a activarse, con la NASA y China como protagonistas de una competencia que combina ciencia, geopolítica y disputa por los recursos del polo sur.
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Apollo 11: la Luna, aquel 20 de julio de 1969
La misión Apollo 11 despegó el 16 de julio de 1969 desde Cabo Cañaveral, con Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins a bordo. Cuatro días después, el módulo lunar Eagle descendió sobre el Mar de la Tranquilidad y, a las 22:56 (hora de Houston) del 20 de julio, Armstrong se convirtió en el primer ser humano en pisar la Luna, con la célebre frase sobre “un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”.

Collins, mientras tanto, esperaba en órbita a bordo del módulo de mando Columbia. La misión formó parte del programa Apollo, impulsado por Estados Unidos en plena carrera espacial contra la Unión Soviética, y selló el objetivo que el presidente John F. Kennedy había planteado en 1961: llevar a un hombre a la Luna antes de que terminara la década.
Artemis, en su tramo más avanzado hasta ahora
El programa Artemis, sucesor directo del Apollo, tuvo este año su hito más relevante desde su creación: el 1° de abril, la misión Artemis II despegó desde el Centro Espacial Kennedy con cuatro astronautas a bordo –Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen– en un viaje de diez días alrededor de la Luna. Fue el primer vuelo tripulado más allá de la órbita terrestre baja en más de cinco décadas, y dejó a Glover como el primer astronauta afrodescendiente y a Koch como la primera mujer en completar ese trayecto.

El próximo paso, Artemis III, apunta a devolver a un ser humano a la superficie lunar por primera vez desde 1972. La NASA presentó en junio a la tripulación que integrará esa misión, prevista para 2027, y que antes deberá ensayar en órbita el acople entre la nave Orión y el módulo de aterrizaje. Según el administrador de la agencia, Jared Isaacman, el objetivo es acelerar el ritmo del programa y reducir el intervalo entre lanzamientos del cohete SLS a apenas diez meses.
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China, con la vista puesta en el polo sur
Mientras tanto, China reestructuró este año sus programas espaciales para fusionar la exploración robótica con la tripulada bajo un mismo objetivo: llevar a dos taikonautas al polo sur lunar antes de 2030. Para agosto está prevista la misión Chang’e-7, que enviará un orbitador, un módulo de aterrizaje, un rover y un vehículo saltador para buscar depósitos de hielo de agua en los cráteres permanentemente sombreados, un recurso clave tanto para sostener una futura base como para producir combustible.
Pekín ya cuenta con su propia estación espacial, la Tiangong, operativa desde 2021, y avanza en el desarrollo del cohete Larga Marcha-10 y la nave Mengzhou, pensados específicamente para el trayecto lunar.

NASA: una carrera con nuevas reglas
A diferencia de la carrera espacial de los años 60, esta vez no hay un solo ganador posible: Estados Unidos lidera por ahora en misiones tripuladas, mientras que China avanza más rápido en misiones robóticas. El polo sur lunar, con sus reservas de hielo, se perfila como el verdadero premio de esta nueva etapa, en la que la base lunar permanente –más que la simple bandera plantada en el suelo– es el objetivo final de ambas potencias.




