Los juicios contra Meta y el escándalo de Grok exponen una misma grieta: las plataformas tecnológicas construyeron sistemas optimizados para el engagement sin prever —o sin querer prever— que esa misma optimización podía convertirse en infraestructura para el daño. La regulación llega tarde, pero por primera vez llega con consecuencias reales.
La inteligencia artificial Grok, integrada en la red social X de Elon Musk, enfrenta investigaciones en la Unión Europea y el Reino Unido por la generación de deepfakes y contenidos ilegales.
La generación de imágenes falsas y sexualizadas sin consentimiento puso a la IA de xAI en la mira de gobiernos como Reino Unido e Italia, que exigen límites más estrictos y responsabilidades claras.
El magnate tecnológico busca corregir lo que considera sesgos ideológicos y errores de Wikipedia, ofreciendo una alternativa más actualizada, veloz y mediada por IA, aunque el proyecto despierta dudas sobre neutralidad y transparencia.