En una nueva jornada estratégica organizada por el medio El Analista, tres expertos brindaron una charla de “Inteligencia y Estado”, con aportes clave para entender cómo se hace inteligencia, de dónde proviene la información y cuál es la estructura ideal para enfrentar las amenazas y desafíos criminales, geopolíticos y tecnológicos.
Con la moderación de Martín Salmerón, Ricardo Ferrer Picado, Marcos Constenla y Edgardo Glavinich fueron los tres disertantes del evento online que abordó los casos de Argentina y Estados Unidos, y la evolución en el siglo XXI.
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Inteligencia criminal en la actualidad nacional e internacional
La jornada de análisis la inició Ricardo Ferrer Picado, abogado, magister en inteligencia estratégica nacional, actual asesor de seguridad nacional del poder ejecutivo de la República Argentina, y ex director nacional de inteligencia estrategia criminal.
En su exposición, comenzó dejando en claro que la inteligencia no es un monopolio del Estado, sino que actualmente se integra dentro de la cooperación pública-privada, presentando desafíos varios como el acceso a la tecnología, la capacidad de innovación para dar respuestas rápidas y la generación de escenarios futuros.
“Como primera instancia, podemos hablar que el marco normativo de la inteligencia criminal en nuestra República Argentina ha experimentado cambios profundos en los últimos meses, moviéndose hacia una estructura más centralizada y con facultades ampliadas bajo el poder directo del poder ejecutivo”, expresó Ferrer Picado.

Como pilares de ese cambio normativo, destacó la modificación de la ley 25.520, introduciendo cambios críticos y a la operatividad, que le dan un carácter encubierto a la todas las actividades de la inteligencia criminal, con el objetivo de minimizar el riesgo estratégico nacional según la propia normativa. Además, mencionó el otorgamiento de la capacidad de aprehensión a los agentes de inteligencia como facultad, “lo que da un margen operativo diferente”.
El asesor de seguridad nacional considera que “en Argentina se ha hecho vanguardia de lo que se considera la federalización de la inteligencia criminal”, precisamente con la coordinación de las políticas provinciales y federales, a través de las cinco fuerzas de seguridad, con focos en el crimen organizado y en el terrorismo.
Entre las amenazas, Ferrer Picado identificó una brecha entre las organizaciones criminales y el Estado en el uso de la inteligencia artificial y la geopolítica de los datos, ya que “a diferencia de las fuerzas de seguridad que necesitan primero presupuesto, habilitarse, capacitarse y tener, desde luego, respaldo político”.
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Inteligencia militar y las dos vertientes en Estados Unidos
El segundo disertante fue Marcos Constenla, especialista en inteligencia y operaciones especiales. Actualmente, director de la consultora PDAM, que está especializada en información y seguridad corporativa. Se desempeñó como director nacional de inteligencia estratégica militar del Ministerio de Defensa de la Nación.
El experto expuso sobre las diferencias en las miradas geopolíticas del vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, a la hora de proyectar la política exterior.
Por un lado, Vance habla más de un despliegue estratégico dimensional en el que EE. UU. impone la paz en el mundo a costa de sus propios medios, aunque muchas veces termina siendo “el malo de la película”.

Ese último pensamiento se inscribe en la concepción histórica muy interesante que dice que todos los imperios nacen, crecen, se expanden y mueren. “Estados Unidos nació, creció, se expandió demasiado, y es la época de retraerse para no morir”.
Esto mismo dice Marco Rubio, que piensa que no se puede estar en todos los problemas, especialmente en los que afectan a Estados Unidos. En la agenda del secretario de Estado entran países como China, Cuba y Venezuela. Marcos Constenla sostiene que Washington muere si abandona el mundo. “La importancia de Estados Unidos está en que su proyección es su vida”.
Planteado este escenario, el especialista señaló la guerra híbrida, con motivos geopolíticos, y la guerra social, con motivaciones ideológicas, como los métodos de inteligencia para influenciar o vencer a países más allá de la vía militar. Entre estos dos conceptos aparecen métodos claves como la desinformación y la presión económica.
Información en el siglo XXI y el fin del monopolio del Estado
Por último, Edgardo Glavinich, director de la fundación Sherman Kent, expuso sobre el estado actual de la inteligencia y el rol de los Estados del hemisferio occidental
El magíster en inteligencia estratégica nacional y especialista en análisis estratégico, seguridad y defensa sostiene que a principios del siglo XXI en adelante, el sector privado blanqueó su acceso a información privilegiada. Sobre todo en América Latina, las áreas de inteligencia o de producción de información para la toma de decisiones hoy están en los radiogramas oficiales”.
“Estas nuevas fuentes de información pueden verse en las áreas de marketing, de publicidad, de comunicación, y constituyen la nueva arquitectura de la inteligencia estratégica, lo que se ve a partir del siglo veintiuno, como les vuelvo a decir, como para poner una fecha, es el fin del monopolio estatal. El estado no controla la producción de inteligencia para la toma de decisiones, no controla lo que se denomina como información privilegiada”.

Esto sucede, según sostiene Glavinich, sobre todo por la abundancia de información, la revolución tecnológica en las comunicaciones, el desarrollo de la big data, internet, que fomentó una amplia democratización de la información.
Por otro lado, retomó la discusión sobre la inteligencia criminal y sostiene que los circuitos que existen en cada país de Latinoamérica tienen políticas de persecución penal para poder castigar cuando alguien quebranta la ley y el orden. “Ahora, las políticas de prevención en seguridad son escasas o nubladas. Los sistemas de inteligencia, que su finalidad es proteger, fortalecer, pero también buscar oportunidades, no solo en el campo de la seguridad, han sido subsumidos a sistemas de inteligencia criminal”.
Ante este complejo escenario con inteligencia artificial, cibervigilancia de agentes no estatales y el uso de información indiscriminada, Edgardo Glavinich puso el foco en la necesidad de que las fuentes que integran el circuito de inteligencia en Argentina y otros países de Latinoamérica sean proveedores certificados, lo que permitiría ganar fidelidad, agilidad, innovación y un acceso global inmediato, que facilite la rápida toma de decisiones de los Estados de acuerdo a las amenazas y desafíos contemporáneos.
Su exposición dejó la frase “los Estados están pagando por herramientas que no controlan, para generar análisis que no pueden validar, basados en datos que no pueden recuperar” e invitó a que Latinoamérica diseñe su propia arquitectura e inteligencia para evitar convertirse en el espacio donde actores sin escrúpulos, potencia extranjera y régimen autoritario construyan la suya.




