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Una saga extraordinaria

El 21 de marzo de 1951, la Primera Expedición Científica a la Antártida Continental Argentina, fundó la Base General San Martín, primera base nacional al sur del Círculo Polar Antártico. Reproducimos, a modo de homenaje, la entrevista de DEF a Jorge Julio Mottet, segundo jefe de la expedición. Por Susana Rigoz.

EE.UU. y Cuba: La relevancia de un acercamiento estratégico

Pedro von Eyken, autor de esta columna, es licenciado en ciencias políticas con especialización en relaciones internacionales (UCA, 1981) y diplomático de carrera desde 1983

Estoy bastante familiarizado con Cuba y su situación política, económica y social por haber vivido allí durante tres años, entre septiembre de 2006 y agosto de 2009, período durante el cual cumplí funciones diplomáticas en la Embajada Argentina en La Habana. En ese tiempo recorrí la isla entera, de Este a Oeste, todas sus provincias y la Isla de la Juventud y lo que no conocí por razones profesionales lo recorrí por interés cultural y turístico. Pero además de haber vivido en la isla y compartido diálogos con la gente común, condición indispensable para decir que se conoce un país, me encuentro redactando una tesis doctoral sobre el estado económico y social de la isla en 2009, año del cincuentenario de la Revolución Cubana.

Entre 2006 y 2009 la situación económica y social de la isla atravesaba por uno de los períodos más graves de su historia, aunque se encontraba remontando levemente la cuesta: el peor momento había pasado, fue a principios y mediados de la década de 1990 con la caída de la Unión Soviética y sus aliados de Europa central y oriental. Una etapa que las autoridades cubanas denominaron “Período Especial en Tiempos de Paz”. Hasta entonces, la llamada “solidaridad socialista” se traducía en fuertes subsidios para Cuba. La depresión económica que supuso el Período Especial fue muy severa: el PBI se contrajo un 36% en el período 1990-93. Ya a partir de 1994 se inició la recuperación y en 2007 el PBI llegó a niveles similares a los de 1990. La medida más dura de ese tiempo consistió en una severísima restricción del consumo de hidrocarburos que Cuba obtenía de sus relaciones privilegiadas con la Unión Soviética. Esa fuerte restricción mostraba su faz más incómoda con los continuos cortes de energía eléctrica y un severo racionamiento de combustible para automóviles, lo que derivó en un reacondicionamiento en la industria, la agricultura y la salud, y en un mayor racionamiento alimenticio, que ya era exiguo.

En momentos de escribir este artículo, durante la última semana de enero de 2015, ya han tenido lugar en La Habana las primeras conversaciones bilaterales tendientes a reanudar las relaciones diplomáticas rotas el 3 de enero de 1961. Los resultados concretos de esta decisión histórica no van a ver la luz todos juntos ni muy rápido. Estas negociaciones llevan tiempo y son muchos los asuntos por tratar, aunque la firme decisión política de los dos jefes de Estado empujará irremediablemente hacia delante.

Analizaré en este acotado espacio algunos aspectos de una decisión histórica, basado en apreciaciones personales y en un breve apoyo bibliográfico:

1) El país más grande y poderoso, que rompió las relaciones diplomáticas hace cinco décadas e impuso el conjunto de sanciones que fueron conformando el embargo o bloqueo unilateral contra el otro, reconoció su error y tomó la iniciativa de revertir una estrategia de política exterior inútil y fracasada. El país más pequeño aceptó esa iniciativa, reconoció la necesidad de un cambio y ambos sentaron las bases para reanudar las relaciones diplomáticas rotas hace cincuenta y cuatro años. La significación política de esta decisión fue trascendental. Los dos presidentes comenzaron negociando condiciones previas como el intercambio de algunos detenidos, lo que sentó las bases para la reanudación de las relaciones y, luego, para aspiraciones ambiciosas, de más largo plazo, como el levantamiento del embargo o bloqueo norteamericano a Cuba y la disposición cubana para conversar sobre derechos humanos. En un reciente debate entre académicos de ambas orillas publicado recientemente, uno de los cubanólogos más eminentes, el Dr. Jorge Domínguez, de origen cubano y profesor de la Universidad de Harvard, sostiene que se trata de combinar lo “discreto” (el intercambio de presos acusados de actividades de espionaje), con lo más amplio (el anuncio del establecimiento de las relaciones diplomáticas).[1]

2) Ambos países dieron el primer paso para cambiar una forma de percepción recíproca que ha dominado durante más de cinco décadas, poblada de prejuicios y estereotipos negativos del uno hacia el otro. Como lo describe Carlos Alzugaray Treto en el mismo debate, para la mayoría de los cubanos el país del norte es un imperio que ha querido dominar cuando no absorber al más pequeño, destruyendo su soberanía política, por lo que todo lo que venga del norte debe ser mirado con desconfianza. Mientras tanto, para la mayoría de los norteamericanos, la isla al sur es una horrible dictadura comunista y un verdadero peligro latente para Estados Unidos.

3) En palabras del cubano Pedro Monreal González, también vertidas en ese encuentro académico, se trata “de pasar del discurso belicoso hacia una narrativa de avenencia, y de las decisiones de gobierno explícitamente hostiles hacia acciones más orientadas hacia un contrapunteo político que, al menos discursivamente, asume la posibilidad y la deseabilidad de la convivencia “civilizada” de los adversarios […] Sin embargo, las nuevas relaciones no modifican el dato esencial de que la política exterior de ambos países continuará estando determinada en alto grado por intereses de distinto tipo que no solamente serán diferentes sino también antagónicos[…]El cese de la hostilidad abierta no significa el fin de las discrepancias y por tanto estas deberán seguir siendo activamente “gestionadas”.[2]

4) La consecuencia más importante de este reencuentro histórico desde el punto de vista económico, sobre todo para el cubano de a pie, es el fin del embargo o bloqueo, según lo designen norteamericanos o cubanos. Por razones más vinculadas al consenso regional que a una fidelidad hacia argumentos técnicos, designaré bloqueo a ese conjunto de sanciones que datan de más de medio siglo. Algunas medidas las puede levantar por sí el ejecutivo norteamericano, como la autorización a norteamericanos a visitar Cuba o permitir mayores giros de remesas a la isla. Pero hay otras que sólo puede levantar un Congreso renuente, de mayoría republicana.

5) Los disidentes más inflexibles con el sistema político cubano y la falta de libertades individuales, sobre todo quienes residen en el exilio, son partidarios de mantener el bloqueo. Argumentan que éste, en realidad, no causa los males tan pregonados por las autoridades cubanas porque su país es un global trader y porque se triangulan importaciones. Si bien eso es parcialmente cierto, como testigo presencial puedo dar fe de las dificultades tecnológicas y financieras del bloueo al ciudadano de a pie y no tan de a pie: aún disponiendo de divisas, no siempre se encontraban en Cuba ciertos elementos indispensables, y sé que ello continúa. Además, algunas sanciones afectan el comercio de terceros países, violando el derecho internacional. Un informe de Amnistía Internacional elaborado en 2009 señalaba que “las restricciones impuestas al comercio y las finanzas, con sus aspectos extraterritoriales, limitan severamente la capacidad de Cuba para importar medicinas, material médico y las últimas tecnologías, algunas de las cuales son fundamentales para tratar enfermedades potencialmente mortales y mantener los programas de salud pública de Cuba[…] El impacto negativo del embargo estadounidense sobre el sistema de atención médica cubano y sobre el derecho a la salud de la población de Cuba durante la década de 1990 se ha documentado en un informe elaborado en 1997 por la Asociación Estadounidense para la Salud Mundial (American Association for World Health, AAWH). El documento, de 300 páginas, sigue siendo el estudio más exhaustivo sobre el tema. Basándose en una visita de investigación a Cuba, la AAWH identificó que el embargo contribuía especialmente; a la desnutrición que afectaba particularmente a las mujeres, los niños y niñas; a la mala calidad del agua; a la falta de acceso a medicinas y suministros médicos; y a la limitación del intercambio de información médica y científica a causa de las restricciones a los viajes y las regulaciones monetarias”.[3]

Más adelante, el mismo informe sostiene que (el subrayado es mío) “aunque el gobierno cubano es el principal responsable de respetar, proteger y hacer realidad los derechos humanos en Cuba, existe un reconocimiento internacional cada vez más general respecto a que, al imponer sanciones tales como embargos comerciales, los Estados deben tener en cuenta los posibles efectos de estas sanciones en el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales en el país afectado[4].

Conocí y aún trato a varios cubanos exiliados cuyas ideas y argumentaciones respeto, fiel al pluralismo que practico y defiendo. Pero no comparto su adhesión al embargo norteamericano contra su propio país y lo he expresado en artículos publicados en otros espacios. Considero que resulta fácil apoyar sanciones comerciales al propio país cuando se vive fuera de él y no se sufren directamente sus consecuencias.

6) Hasta el 17 D el aislamiento entre ambos países no era tan absoluto como podría pensarse o como suelen divulgar ciertas usinas ideológicas interesadas en mantener un cerrado enfrentamiento amigo-enemigo. Hace tiempo que Estados Unidos y Cuba mantienen un esquema de colaboración en asuntos de interés común como la lucha contra el narcotráfico, la emigración ilegal (los dos países abogan por una emigración “legal, segura y ordenada” para evitar el peligroso trasiego ilegal de personas y existen ciertos niveles de coordinación entre las tropas guardafronteras cubanas y el servicio norteño de guardacostas) y las epidemias. También se trabaja conjuntamente en la prevención de derrames petroleros y en el alerta de los huracanes que azotan el Caribe durante el verano. Me tocó visitar la estación cubana de alertas situada del otro lado de la bahía de La Habana, que mantiene contacto con sus pares norteamericanos. Asimismo, Cuba y Estados Unidos poseen un acuerdo bilateral para la búsqueda y el salvamento en caso de desastres aéreos y marítimos.

7) La decisión histórica del 17 D abre positivas derivaciones en el ámbito regional. Una mirada más amplia, estratégica y que hoy sería considerada optimista induciría a pensar, en un plazo más largo, en un entendimiento cubano-norteamericano que, sumando a la acción de foros regionales, podría contribuir a moderar procesos de radicalización regional cuyos efectos pueden resultar nocivos para la vecindad latinoamericana. Como antecedente de esta aspiración puede citarse el positivo rol de Cuba como mediador, en el actual proceso que se desarrolla en La Habana, entre la guerrilla de las FARC y el Estado colombiano, de indudable valoración positiva por parte de Washington. No es tan descabellado pensar en el traslado y ampliación de ese rol, en el futuro, a otros escenarios regionales que puedan mostrar similares beneficios.

8) El razonamiento precedente, cuya materialización puede sonar hoy impensable, encuentra su fundamento en una consecuencia obvia de este acercamiento: el aislamiento de Cuba, perseguido afanosamente por Estados Unidos durante cinco décadas, terminó derivando en el aislamiento de Estados Unidos respecto de América Latina y es este último aislamiento el que comenzó a caer el 17 D. Una consecuencia evidente seguramente molesta a muchos desde un punto de vista exclusivamente anclado en la ideología: la decisión del presidente Obama respecto de Cuba derriba buena parte del discurso antinorteamericano muy instalado en nuestra región. El anuncio de ambos presidentes de encontrarse en la próxima Cumbre de las Américas de Panamá, en abril venidero, brindará una foto histórica en este sentido, a la que seguramente seguirán otras que, se espera, se traduzcan en beneficios concretos para la población cubana y en auspiciosos consensos, necesarios en la política exterior de nuestra región y del mundo.

[1] El 17D Cuba / EE. UU: secuencias y consecuencias. William Leogrande, Jorge I. Domínguez, Pedro Monreal González y Carlos Alzugaray Treto. 11/1/2015. En: Revista Sin Permiso, www.sinpermiso.info/

[2] Ibidem

[3] El embargo estadounidense contra Cuba. Su impacto en los derechos económicos y sociales. Amnistía Internacional. 2009. Madrid.

[4] Ibidem.

Terror en África

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La explosiva combinación de yihadismo, tensiones tribales y reivindicaciones separatistas irresueltas ha sembrado de violencia y muerte vastas regiones del continente, desde el Magreb hasta Kenia. ¿Es África la nueva frontera de la “guerra global contra el terrorismo”?

Cuna de antárticos

Bella, prístina y lejana, la Antártida sigue representando un desafío para los seres humanos, especialmente para quienes se atreven a abordarla e intentar develar sus misterios. Dueña de una extensa tradición austral, la Argentina se destaca en la formación del personal que integra las bases en el continente blanco a través de cursos únicos en la región. Por Susana Rigoz (Desde Caviahue, Neuquén)

Un planeta cada vez más desigual

La desigualdad en los ingresos ha alcanzado alzas sin precedentes en la mayoría de los países de la OCDE y se mantiene en niveles aún más altos en muchas economías emergentes. Según un nuevo informe de la OCDE, la población que ocupa el 10% superior de la escala de ingresos en la OCDE ahora gana 9.6 veces el ingreso de la población que ocupa el 10% inferior.

“Creemos en la Patria Grande”

José María Di Paola, el Padre Pepe para todos, forma parte del movimiento de curas villeros de la Ciudad de Buenos Aires, que sueñan, en consonancia con el Papa Francisco, con una Iglesia pobre para los pobres. Una entrevista de Susana Rigoz. Fotos: Fernando Calzada

Antártida: cómo cuidamos el laboratorio del mundo

Se trata de 14 millones de kilómetros cuadrados, frágiles, aislados y distantes, ubicados al sur del paralelo 60º S. Un continente donde la presencia de numerosas bases científicas no representa más que reducidos puntos en una inmensa geografía en la que vive de manera temporaria una ínfima población. La Antártida, designada “reserva natural consagrada a la paz y a la ciencia”, está regulada por el Tratado Antártico, vigente desde 1961, y una serie de acuerdos y convenciones posteriores, orientados a conservarla lo más inalterable posible, regulando las actividades científicas y logísticas.

-El Tratado Antártico, firmado en Washington en 1959, tuvo como objetivo principal el asegurar que el continente se utilizara con fines pacíficos. ¿Estaba presente la problemática ambiental entre sus propósitos?

-Este Tratado –firmado originalmente por doce países entre los que se encontraba la Argentina– fue gestado en un momento histórico en que la principal preocupación era la Guerra Fría y la preservación de ese continente para la paz y la ciencia. La cuestión medioambiental no estaba incluida en las agendas gubernamentales, por lo cual la única consideración sobre esta temática aparece en un artículo donde se habla de proteger los recursos naturales. Con el correr de los años, la preocupación por el ambiente empezó a tener peso y algunos países consideraron que era necesario un instrumento particular que tratara este aspecto. Entonces, a través del tiempo, se fueron elaborando distintas resoluciones sobre residuos, contaminación, flora y fauna, entre otras, hasta que se en 1991 se firmó el Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente, conocido como Protocolo de Madrid.

-¿Cuál es la importancia de este Protocolo?                 

-Es un instrumento internacional, vinculante y obligatorio. En su cuerpo principal, sienta los objetivos generales orientados a proteger el ecosistema antártico. Y cuenta con una serie de anexos, en los cuales se detallan las pautas de manejo de los distintos temas puntuales. Este Protocolo entró en vigencia en 1998, depués de ser ratificado por todas las partes. En el caso de Argentina, fue en 1993 a través de la Ley 24216.

-¿Cómo se determina el nivel de impacto que las distintas actividades van a provocar en el ambiente?

-Ninguna actividad puede realizarse sin una evaluación de impacto ambiental previa, que es realizada por la autoridad de aplicación de cada país. En el caso de la Argentina, por un lado, tenemos las tareas científicas y las operaciones logísticas llevadas adelante por la Dirección General del Antártico (DNA), el Instituto Antártico Argentino (IAA) y las Fuerzas Armadas, que son evaluadas por el equipo interdisciplinario que integra este programa. Por otro, en el caso del turismo –que es algo privado– debe presentar su propia evaluación, de la que nosotros realizamos la auditoría. La DNA es la autoridad de aplicación del Protocolo de Madrid en Argentina.

-¿Qué normas protegen las especies animales y vegetales?

-El Protocolo establece medidas específicas para su protección, que contemplan dos aspectos. El primero de ellos establece limitaciones al acercamiento a la fauna, excepto cuando los estudios científicos lo requieran. Para estos casos existen permisos especiales. El otro aspecto se refiere a la prohibición terminante de introducir cualquier especie no autóctona. Si bien con anterioridad al Protocolo se han llevado animales –entre ellos, perros que tiraban los trineos–, desde su entrada en vigencia fueron retirados y no se puede ingresar ninguna especie no nativa, porque al hacerlo se estarían introduciendo también sus parásitos, microorganismos y enfermedades. Lo mismo ocurre con la intromisión de semillas, que pueden interferir con la limitada flora antártica, compuesta solo por musgos, líquenes y dos especies de gramíneas.

-¿Es posible controlar la introducción no intencional que pueden ocasionar los turistas, por ejemplo?

-Se regula por medio de herramientas y guías para la limpieza del calzado, la ropa y los vehículos, para la desinfección de bodegas de los barcos, entre otros. El tema cobró relevancia sobre todo por la problemática del cambio climático, ya que especies o microorganismos que antes no hubiesen prosperado en ese clima podrían hacerlo en la actualidad debido al aumento promedio de la temperatura en la Antártida. El objetivo es preservar las especies locales, porque es una fuente de investigación y un laboratorio natural que no existe en otro lugar del planeta.

-¿La cercanía de nuestro país con el norte de la península antártica puede llegar a ser relevante en este tema?

-Creemos que el hecho de estar tan próximos –a 1000 kilómetros– podría propiciar que semillas o microorganismos patagónicos prosperaran en esa región cuyo clima es similar. Aunque se toman muchas medidas de limpiezas y desinfección, queremos optimizarlas y para ello estamos desarrollando nuestro propio manual para las operaciones oficiales.

-Una problemática muy sensible en todos lados es la de los residuos. ¿Cómo se maneja en la Antártida?

-Es una cuestión que genera mucho trabajo e implica un gran esfuerzo logístico, ya que la mayoría de los residuos son retirados del continente. Para tratar de disminuir al máximo la generación, capacitamos a todo aquel que va a viajar a fin de que evite llevar envoltorios, embalajes, pilas comunes y demás elementos que van a transformarse en residuos en las bases. El Protocolo nos obliga a una clasificación detallada de la basura en orgánicos, plásticos e inertes –metales, vidrios y escombros–, que son el equivalente de la basura domiciliaria. Por otra parte, están las aguas residuales y los residuos peligrosos.

-¿Qué tratamiento de disposición final se utiliza?

-Los residuos orgánicos pueden incinerarse –no al aire libre– en equipos de emisión controlada cuyo sistema de lavado de gases logra una emisión no contaminante. Las cenizas producidas se acumulan para ser posteriormente evacuadas. Los plásticos, metales y vidrios se compactan, se almacenan en los cajones y tambores hasta ser retirados por barcos de la Armada Argentina. En cuanto a los peligrosos, al ingresar al puerto de Buenos Aires o de Bahía Blanca nos atenemos ciento por ciento a la Ley 24051 de Residuos Peligrosos. Empresas habilitadas los retiran del puerto y los distribuyen en los rellenos correspondientes. Las bases argentinas están inscriptas en el registro de generadores, y los barcos de la Armada como transportistas de este tipo de basura. Esto exige que clasifiquemos los residuos en 48 categorías, pero no es tan complejo porque la mayoría de los producidos en la Antártida proviene de los combustibles, las baterías, la generación de energía eléctrica, el uso de vehículos, la pintura de mantenimiento de bases y, en menor cantidad, de residuos químicos de laboratorios utilizados por los científicos.

-¿Está permitido arrojar algún tipo de residuo al mar?

-Sí, las aguas residuales, baños, piletas, lavabos, duchas. Según la normativa, si en la base viven menos de 30 personas pueden descargarse los efluentes al mar; si el número es mayor, deben tratarse previamente. En las seis bases permanentes argentinas, sin importar la cantidad de gente que las habite, hay plantas de tratamiento.

-¿Cómo se disponían antes de la puesta en vigencia del Protocolo?

-Se los quemaba, se arrojaban al mar o se los dejaba a cielo abierto, espacios que denominamos “chacharitas”. Estos “depósitos históricos”, desde que rige la obligatoriedad de sacarlos, comenzaron a ser retirados y, aunque queda cierto remanente, han disminuido significativamente.

-¿Hay alguien especialmente designado para ocuparse de un tema tan importante?

-En cada dotación hay una persona designada como encargado ambiental, que es la responsable de completar las planillas mensuales donde se consigna, entre otras cosas, cuánta basura se generó o cuánto se embaló, además de otros datos que nos permiten tener un panorama acerca de las cantidades a evacuar al final de la campaña. En cuanto a la parte operativa, siempre hay alguien fijo que se ocupa de la compactación y del uso del incinerador, y además hay personas que rotan para colaborar. La idea es generar cada vez más conciencia y eso se logra con la participación de todos.

-¿Hay una cantidad promedio estimada de residuos?

-Si bien es variable, estamos trayendo un promedio de 1000 metros cúbicos de residuos no peligrosos y cerca de 200 toneladas de peligrosos por año.

Con anterioridad hizo referencia a una capacitación realizada por quienes viajan. ¿Todos deben realizar un curso de gestión ambiental?

-Sí, el personal militar hace un curso anual en la Dirección Antártica de Ejército, que abre sus puertas también a la Armada y la Fuerza Aérea, donde desde hace muchos años participamos como docentes. Por otra parte, en la DNA damos uno especial para los encargados y los jefes de base para capacitarlos acerca de cómo cumplimentar las exigencias del Protocolo de Madrid y la Ley de residuos peligrosos.

-Pese a que el continente íntegro está preservado bajo por el paraguas del Tratado Antártico, hay ciertas zonas bajo un sistema especial de protección. ¿Qué resguardan estas áreas en particular?

-Se trata de zonas más sensibles o de mayor valor para la ciencia, por lo cual el objetivo es mantener su estado original con la vigencia de las denominadas “áreas antárticas especialmente protegidas”. Son espacios designados por el Tratado Antártico a propuesta de un país que tienen un plan de manejo particular y que están a disposición de los científicos por medio de un sistema de permisos. Son alrededor de 70 áreas distribuidas en unos pocos kilómetros. Otra categoría es el de las “áreas particularmente administradas”, lugares en los que se busca ordenar las diversas actividades que confluyen en un determinado lugar. El caso más emblemático es el de la isla Decepción, un volcán activo en las Shetland del Sur, donde hay dos bases de verano –argentina y española–, las ruinas de una vieja factoría ballenera, restos de una base británica y otra chilena que fueron destruidas hace décadas por una erupción, fumarolas, altísimos valores de fauna y flora gracias a los suelos geotermales. Es, por todas estas particularidades, uno de los lugares más visitados por el turismo antártico. Tantas actividades requerían de un plan de manejo que las ordenara fin de evitara la superposición.

-¿Existen sitios y monumentos de valor histórico?

-Sí, se trata de objetos, construcciones y lugares conmemorativos de la historia antártica como, por ejemplo, la cabaña donde vivió el explorador sueco Otto Nordenskjöld en la isla Cerro Nevado, que está bajo el cuidado de la Argentina y Suecia o la construcción de madera instalada en 1905 en la base Orcadas de la República Argentina, conocida como casa Moneta. Lo que se busca es preservar el legado histórico, y para nosotros son especialmente importantes porque dan testimonio de la presencia pionera de nuestro país en la zona.

-Una actividad que en los últimos años ha ido incrementándose significativamente es la del turismo. ¿Representa un impacto ambiental importante?

Es un tema controvertido, ya que existen opiniones muy diversas y algunos son muy críticos al respecto. Hace varios años que la cantidad de turistas embarcados se mantiene en un promedio de alrededor de 30.000 a 34.000. El Tratado se ocupa puntualmente de este tema y ha desarrollado las directrices para sitios que reciben visitantes, donde se detalla cada lugar y las normas a seguir: sector de desembarco, cantidad de gente, proporción de guías por número de turistas, zonas de libre circulación, etc. Los operadores turísticos, por su parte, están en su gran mayoría nucleados en la Asociación Internacional de Operadores Turísticos (IATO), que tiene su propia regulación y cuyas normas a veces son más exigentes que las establecidas por el Tratado Antártico. Por lo tanto, la postura argentina es que si el turismo está regulado y controlado, el impacto no es la principal amenaza. Lo que genera cierta preocupación son los veleros, porque al ser privados, recreativos y no estar enmarcados en una actividad comercial, son bastante difíciles de detectar. Aunque por el tamaño no se espera que generen un impacto ambiental significativo, se han registrado daños a sitios y monumentos históricos, probablemente producto de que se trata de personas que arriban sin el menor conocimiento de la normativa.

-¿Cómo es un viaje turístico a la Antártida?

-Un viaje clásico de turismo dura 10 días en total, dos de los cuales se utilizan para cruzar el estrecho de Drake. Suelen hacerse dos desembarcos diarios de dos horas aproximadamente. Como es norma que no puede haber más de 100 personas por vez, se van recambiando los grupos. El comportamiento de la gente suele ser bastante bueno porque reciben mucha información previa acerca del lugar y los cuidados que deben tener. Por todo esto –insisto–, creemos que es una industria que no representa una gran amenaza para el ecosistema.

-¿Cuáles son entonces, a su criterio, las mayores amenazas que sufre el continente antártico?

-La pesca ilegal de barcos no declarados; hay que tener en cuenta que los recursos marinos son el motor de la vida en la Antártida, por lo cual al depredarlos se afecta todo el ecosistema. Otro grave problema es el de cambio climático, el aumento de temperatura, la disminución de glaciares, la acidificación de océanos. Aunque el Tratado Antártico no tiene injerencia en esa temática, lo que hacemos es estudiar las medidas que pueden tomarse para minimizar sus efectos. Por ejemplo, limpiar los residuos históricos en los lugares donde el sustrato se está ablandando más de la cuenta o hacer más profundos los cimientos de las construcciones en los sitios donde el permafrost se va descongelando. Otra medida fundamental es el incremento del monitoreo de determinados indicadores ambientales para ver en cuánto está siendo afectado el ecosistema por esta realidad.

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