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Argentina cuenta con un nuevo patrullero oceánico

En Mar del Plata, la Armada Argentina recibió al ARA Piedrabuena, la nueva nave multipropósito que integrará la División Patrullado Marítimo.

Magnicidio en Japón: ¿Quién era el ex primer ministro Shinzo Abe?

Shinzo Abe fue llevado al hospital a las 12.20 (hora local). Estaba en estado de paro cardiorrespiratorio a su llegada. Se intentó reanimarlo. Desgraciadamente, falleció a las 17:03″, informó Hidetada Fukushima, responsable de medicina de urgencia del hospital de la Universidad Médica de Nara.

El asesino fue identificado como Tetsuya Yamagami, de 41 años, un antiguo miembro de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón. El arma, según las primeras informaciones, era de fabricación casera. El hecho ocurrió el viernes 8 de julio, cerca de una estación del ferrocarril en la ciudad de Nara, antigua capital nipona durante el siglo VIII (710-784).

¿QUIÉN ERA SHINZO ABE?

El expremier japonés tenía 67 años. En el poder desde diciembre de 2012 y septiembre de 2020, pertenecía a una “estirpe de políticos”, tal como señaló a DEF el investigador de la Universidad del Salvador (USAL), Luis Ignacio Argüero. Su abuelo materno, Nabusuke Kishi, y su tío abuelo materno, Eisaku Sato, fueron primeros ministros, respectivamente, entre los años 50 y 70; mientras que su padre, Shintaro Abe, ocupó distintas carteras de gobierno y fue ministro de Relaciones Exteriores entre 1982 y 1986.

Exponente del Partido Liberal Democrático, fuerza hegemónica del país desde los años 50 del siglo pasado, Abe ya había tenido un breve paso por el cargo de primer ministro entre 2006 y 2007. Cinco años más tarde, regresó con bríos renovados y lanzó su ambicioso programa para revitalizar la economía japonesa luego de dos décadas de bajo crecimiento y deflación. “El plan, conocido como Abenomics, se basaba en tres pilares: la expansión monetaria, las reformas estructurales y una política fiscal robusta”, detalla Argüero, quien además define sus resultados como “moderadamente positivos desde el punto de vista del crecimiento económico, del mejoramiento del ambiente de inversiones y de la generación de empleo”.


El plan económico de Abe consiguió resultados moderadamente positivos y generó un mejoramiento del ambiente de inversiones y de la tasa de empleo.


“El gobierno de Abe se dio en un contexto en el que China se estableció como la gran potencia de Oriente, con una presencia geopolítica cada vez mayor tanto en la región como a nivel global”, explicó el experto consultado por DEF, quien cuenta con un doctorado en Economía por la Universidad de Hiroshima.

Durante su administración, se firmaron el Acuerdo Transpacífico (bautizado como “TPP-11” tras la salida de EE.UU.) en marzo de 2018; y el tratado de libre comercio (TLC) con la Unión Europea, que entró en vigor en febrero de 2019. “La relación con las cadenas globales de valor está cambiando notablemente en Japón, que ha incentivado la relocalización de empresas fuera de China y su radicación en otros vecinos asiáticos, como Laos, Camboya, Vietnam y Myanmar”, completó el especialista.

“La relación con las cadenas globales de valor está cambiando notablemente en Japón, que ha incentivado la relocalización de empresas fuera de China y su radicación en otros vecinos asiáticos, como Laos, Camboya, Vietnam y Myanmar”, dice Argüero. Foto: AFP.

Un tema candente en la política japonesa y que Abe puso en la agenda pública fue la reinterpretación del artículo 9 de la Constitución (impuesta por EE. UU. al finalizar la Segunda Guerra Mundial), que limitaba la política militar del país a la mera existencia de unas Fuerzas de Autodefensas. Al respecto, Argüero puntualizó: “El problema pasa por dos cuestiones.

Por un lado, si se produjese una eventual retirada de EE. UU. de Asia, Japón querría tener autonomía para poder desarrollar su propia industria armamentística y de defensa. El segundo punto es que, a partir de esta capacidad de desarrollar su industria militar, Japón tendría la posibilidad de exportar desde aviones hasta drones y otro tipo de equipamiento”. Se trata de un tema muy sensible, en el que no existe un consenso absoluto en la sociedad y en la clase política del país. “Todavía sigue presente el recuerdo de la generación que pasó por los momentos traumáticos de la Segunda Guerra Mundial”, agregó el investigador.


Japón aspira a una mayor autonomía en materia de política de defensa, ante la hipótesis de una eventual retirada de EE. UU. –que hoy garantiza su protección militar– del continente asiático.


Otro punto álgido del debate interno es el que dio en torno al uso de la energía nuclear, luego del accidente de Fukushima de marzo de 2011, tras lo cual el gobierno había decidido la desconexión de sus 54 reactores, responsables de aproximadamente el 30% de la generación eléctrica instalada. “La política de Abe siempre fue favorable a la reapertura de los reactores”, indicó Luis Ignacio Argüero, quien puntualizó que se trata de “un país que no tiene autonomía energética”.

Hoy, el país importa el 100% de los hidrocarburos que consume, la hidroelectricidad está siendo utilizada a su máximo potencial y, aun sumando las inversiones en fuentes renovables, su matriz energética no puede prescindir del componente nuclear. En ese sentido, a partir de 2015, se inició un progresivo proceso de reapertura de las centrales nucleares, con el objetivo de que esa fuente de energía represente entre el 20 y el 22% de la generación eléctrica en 2030.

Antártida: a 23 años de la hazaña argentina en el Polo Sur

Con 14 trineos y siete motos de nieve, los exploradores, integrantes del Ejército, partieron el 28 de noviembre de 1999 de la Base Belgrano II con el objetivo de recorrer los 1500 kilómetros que los separaban del Polo Sur y recibir allí el nuevo año y el cambio de milenio. Aunque fueron demorados por las inclemencias climáticas y el campo de grietas, el día 5 de enero de 2000 izaron la bandera argentina en el vértice del planeta.

Compuesta por experimentados antárticos –el médico Nicolás Bernardi; los técnicos mecánicos Julio Dobarganes y Daniel Paz; el técnico topógrafo Ramón Celayes; el técnico polar Luis Cataldo; y Juan Brusasca, operador de radio–, la expedición estuvo al mando del entonces teniente coronel Víctor Figueroa, avezado andinista que hizo cumbre, entre otros picos, en los volcanes Tupungato y Lanín, y veterano antártico, que cuenta en su haber con cuatro invernadas y más de 15 campañas de verano; así como otra gran hazaña: el haber alcanzado los dos polos geográficos, junto con el suboficial mayor Luis Cataldo, únicos argentinos en lograrlo.

Además de jefe de la expedición que en el año 2000 alcanzó el Polo Sur en motos de nieve, sin ningún tipo de apoyo aéreo, Figueroa fue también responsable de las más complejas patrullas de rescate de las que participó la Argentina. Ejemplo de ello es la recuperación en septiembre de 2005 de los cuerpos de Teófilo González y Augusto Thibaud, integrantes de la dotación de la base Carlini que habían caído a una grieta, y de los miembros de una patrulla de la base chilena O’Higgins –compuesta por siete personas, tres de las cuales murieron– que a los pocos días tuvo un accidente similar.

El general Víctor Figueroa es en la actualidad el mayor referente antártico de la Argentina.

-La expedición al Polo Sur se inició con dificultades, ya que ese verano el rompehielos Almirante Irízar no pudo acercarse a menos de 150 metros de la base Belgrano, lo que lo obligó a descargar el material y el combustible sobre la barrera de hielos de Filchner. ¿Cómo hicieron para trasladar los elementos en una geografía tan hostil?

-Para nosotros, representó un esfuerzo descomunal porque implicó realizar el doble trabajo de mantener activa la base y buscar la logística. Nos llevó cuatro meses el traslado de todo el material (hay que tener presente que en la Antártida para hacer 150 kilómetros tardábamos un día, otro lo utilizábamos para preparar la carga y el tercero para regresar a la base). Fue muy complicado, pero no teníamos opción ya que de no hacerlo, la Base Belgrano se quedaba sin reservas. La mayor parte del traslado lo logramos hacer entre febrero y mayo, cuando comenzó la noche polar y ya no podíamos realizar patrullas.

-¿Influyó este hecho imprevisto en la preparación de la expedición?

-Sí, porque en la etapa previa a la marcha teníamos previsto ir desplegando depósitos de combustible para nuestro abastecimiento, pero al tener que trasladar la logística debimos suspender esta actividad hasta el mes de octubre. En ese momento, iniciamos el traslado utilizando las motos con las que íbamos a hacer la travesía, hecho que generó un gran desgaste y obligó a usar en su reparación gran parte de los repuestos destinados a la expedición: bujías, correas tractoras, orugas, etc. Calculo que en toda esta etapa previa debimos recorrer más de 10.000 kilómetros con las motos y los vehículos.

-¿Cómo convivieron ese año en la Base Belgrano II?

-Fue un año especial, con una dotación más numerosa que la usual porque estaba compuesta por los seleccionados para la expedición y la dotación en sí. Yo asumí ambos roles: jefe de expedición y de la base.

-El principal peligro de la Antártida son las grietas, ¿cómo se reconocen?

-Hay algunas grandes, que se ven a simple vista porque no llega a formarse el denominado “puente” y no quedan tapadas por la nieve; otras, se tapan pero quedan los bordes que permiten reconocerlas y pasar directamente. El problema más difícil y que exige tener más precauciones es la acumulación de nieve porque tapa o disfraza las grietas. En esos casos, se encuerda una moto a otra y se va sondeando.

-¿Tuvieron algún accidente?

-En la etapa previa, se nos cayó en una grieta un vehículo con cinco hombres. Cuando uno nota que algunos puentes de grieta ceden porque están flojos, se decide pasar por el costado. Bueno, para recordarnos que nunca hay que confiarse fue precisamente al costado donde se cayó el vehículo. Es cuando pasan estas cosas que uno comprende que cualquier instancia puede ser un riesgo. En ese momento, yo iba detrás y tenía los elementos de rescate. De golpe, desaparecieron.

-¿Qué se siente en ese momento?

DesesperaciónEs casi imposible describir lo que se siente desde que desaparecen hasta que uno baja a la grieta y ve qué pasó. Uno grita, va nombrando a las personas para saber si están bien.

-¿Cuántos metros habían caído?

-Fueron segundos en los que calculo que cayeron 20 ó 25 metros abajo. Era una grieta que terminaba en cono al revés, hecho que hizo que se fuera frenando el vehículo. Por suerte pudimos rescatar a todos los hombres y del vehículo sacamos las piezas que podían servir pero tuvimos que dejar la estructura. Después pasamos un campo de grietas de casi 15 kilómetros sin problemas. Fue el momento más duro de toda la expedición, una experiencia que después de vivirla hace pensar que no era el momento de quedar allí.

-Además de las grietas, otro gran enemigo son las tormentas de nieve.

-Sí, tuvimos un gran temporal cuando estábamos a unos 500 kilómetros de Belgrano que nos obligó a permanecer en las carpas siete días porque se produjo el conocido “banqueo”, que provoca la pérdida de visibilidad y de la noción de espacio. Todas las carpas eran de dos personas, pero yo quedé solo en la mía porque a último momento mi compañero de carpa no pudo viajar. Fue terrible, los siete días más largos de mi vida. Mientras el resto tomaba mate, charlaba o jugaba al truco, yo lo único que pude hacer fue leer el libro que por suerte había llevado. La parte positiva fue que nos ayudó a recuperarnos porque veníamos haciendo un gran esfuerzo, durmiendo muy poco y andando entre 20 y 22 horas de moto diarias en un terreno muy complicado.

-¿Cómo se hace para andar 20 horas?

-Difícil, pero no había alternativa. A veces uno se dormía y la moto se desviaba hasta que el conductor se daba cuenta o se caía. Eso pasa. Incluso después del temporal que nos detuvo siete días, estuvimos andando 36 horas sin parar para escapar de la tormenta. Solo parábamos unos minutos cada tanto para tomar algo caliente y comer algún alimento energizante.

-El principal peligro de la Antártida son las grietas, ¿cómo se reconocen?

-Hay algunas grandes, que se ven a simple vista porque no llega a formarse el denominado “puente” y no quedan tapadas por la nieve; otras, se tapan pero quedan los bordes que permiten reconocerlas y pasar directamente. El problema más difícil y que exige tener más precauciones es la acumulación de nieve porque tapa o disfraza las grietas. En esos casos, se encuerda una moto a otra y se va sondeando.

-¿Tuvieron algún accidente?

-En la etapa previa, se nos cayó en una grieta un vehículo con cinco hombres. Cuando uno nota que algunos puentes de grieta ceden porque están flojos, se decide pasar por el costado. Bueno, para recordarnos que nunca hay que confiarse fue precisamente al costado donde se cayó el vehículo. Es cuando pasan estas cosas que uno comprende que cualquier instancia puede ser un riesgo. En ese momento, yo iba detrás y tenía los elementos de rescate. De golpe, desaparecieron.

-¿Qué se siente en ese momento?

DesesperaciónEs casi imposible describir lo que se siente desde que desaparecen hasta que uno baja a la grieta y ve qué pasó. Uno grita, va nombrando a las personas para saber si están bien.

-¿Cuántos metros habían caído?

-Fueron segundos en los que calculo que cayeron 20 ó 25 metros abajo. Era una grieta que terminaba en cono al revés, hecho que hizo que se fuera frenando el vehículo. Por suerte pudimos rescatar a todos los hombres y del vehículo sacamos las piezas que podían servir pero tuvimos que dejar la estructura. Después pasamos un campo de grietas de casi 15 kilómetros sin problemas. Fue el momento más duro de toda la expedición, una experiencia que después de vivirla hace pensar que no era el momento de quedar allí.

-Además de las grietas, otro gran enemigo son las tormentas de nieve.

-Sí, tuvimos un gran temporal cuando estábamos a unos 500 kilómetros de Belgrano que nos obligó a permanecer en las carpas siete días porque se produjo el conocido “banqueo”, que provoca la pérdida de visibilidad y de la noción de espacio. Todas las carpas eran de dos personas, pero yo quedé solo en la mía porque a último momento mi compañero de carpa no pudo viajar. Fue terrible, los siete días más largos de mi vida. Mientras el resto tomaba mate, charlaba o jugaba al truco, yo lo único que pude hacer fue leer el libro que por suerte había llevado. La parte positiva fue que nos ayudó a recuperarnos porque veníamos haciendo un gran esfuerzo, durmiendo muy poco y andando entre 20 y 22 horas de moto diarias en un terreno muy complicado.

-¿Cómo se hace para andar 20 horas?

-Difícil, pero no había alternativa. A veces uno se dormía y la moto se desviaba hasta que el conductor se daba cuenta o se caía. Eso pasa. Incluso después del temporal que nos detuvo siete días, estuvimos andando 36 horas sin parar para escapar de la tormenta. Solo parábamos unos minutos cada tanto para tomar algo caliente y comer algún alimento energizante.

El retiro de un piloto especial: la despedida de Aerolíneas a “Chino” Címbaro, veterano de Malvinas

En un video que se viralizó, una comisaria de vuelo de Aerolíneas Argentinas pide un aplauso a modo de homenaje para un piloto a punto del retiro con una historia muy especial: es veterano de Malvinas.

Opinión: Biden y su política hacia Sudamérica, una región hoy condenada a la irrelevancia

Por Lautaro Nahuel Rubbi y Bruna Barlaro Rovati

A 100 días de la llegada de Joe Biden al poder en EE.UU., frente a un entorno doméstico convulsionado, su gestión muestra que la prioridad siempre está en los asuntos domésticos. El manejo de la pandemia de COVID-19 y la economía fueron los grandes temas urgentes que tuvo que abordar. En política exterior, buscó reinsertarse en aquellos espacios que su predecesor Donald Trump había dejado de lado, a la vez que intentó retomar lazos con sus aliados tradicionales.

Sin embargo, la relación del nuevo inquilino de la Casa Blanca con el continente americano ha sido, por el momento, escasa. El hincapié estuvo en puesto en México y Centroamérica y centrado, principalmente, en la cuestión migratoria. El resto de la región, especialmente los países de Sudamérica prácticamente no ha figurado en su agenda, siendo su irrelevancia estratégica actual parte importante de la explicación.

El valor estratégico alude a la posesión de un determinado activo o el involucramiento en cierta situación, que torna a un determinado país relevante para los intereses de una potencia. Esta condición fluctuante, intersubjetiva y relativa a determinados momentos históricos, influye sobre los márgenes de maniobra de los más débiles en sus relaciones con los más fuertes y en el nivel de atención que estos les asignan.

LA PÉRDIDA DE INTERÉS EN SUDAMÉRICA

Desde esta perspectiva, en los primeros años del siglo XXI, la percepción de Washington sobre varios países de Sudamérica denotaba un relativo interés en la región. Con Venezuela, más allá de las controversias políticas, tenía amplias relaciones comerciales por ser una de sus principales fuentes de hidrocarburos. Con Colombia mantenía un fuerte compromiso político para desarticular el conflicto interno que amenazaba la seguridad de su propia sociedad civil. Brasil, por su parte, era percibido con facultades suficientes como para delegarle un papel de guardián y mediador de disputas en la región.

El hincapié del gobierno de EE. UU. estuvo en puesto en México y Centroamérica y centrado, principalmente, en la cuestión migratoria. Foto: AFP.

Además, el apoyo social a distintos gobiernos regionales que exhibían tintes variables de retórica antiestadounidense en la región, resultaba, como mínimo, un foco de atención. Las visitas y declaraciones de altos funcionarios y los tratados de comercio e inversión fueron evidencia de que la región, para bien o para mal, simplemente no podía ser desatendida.

El escenario hoy es diferente. EE. UU. ha consolidado una incipiente autosuficiencia energética, además de priorizar a otros socios en el sector energético. El conflicto armado de Colombia, relegado como amenaza, ya no representa una prioridad en su agenda. Brasil, por su parte, naufraga desde hace años entre los escándalos políticos y el deficiente manejo de la pandemia, relegando, al menos por el momento, su eventual capacidad de liderazgo subregional. Finalmente, en términos políticos, Sudamérica presenta un mosaico diverso y complejo, aunque caracterizado en la mayoría de los casos por escasos niveles de apoyo social a los gobiernos. Las voces que hace algunos años gritaban con vehemencia contra el imperialismo yankee hoy encuentran menos orejas dispuestas a escuchar.

¿CONDENADOS A LA INDIFERENCIA DE WASHINGTON?

Por el momento, puede decirse que la región no sólo no cuenta con activos de relevancia estratégica, sino que tampoco representa una amenaza en términos de seguridad o, siquiera, de un discurso político alternativo lo suficientemente popular como para despertar reacciones en Washington. Así, la irrelevancia de la región de la agenda de Biden en sus primeros meses resulta lógica. Los amigos, los enemigos, los activos, las preocupaciones y las amenazas simplemente están en otras latitudes. Sea esto positivo o negativo según el intérprete, por el momento no deberíamos esperar demasiado del nuevo vecino que, por ahora, mira desde su ventana hacia otros patios.

Frente al ascenso de China y considerando que el subcontinente sudamericano es relevante para robustecer su posición y su provisión de recursos, no extrañaría que en los próximos años EE. UU. busque consolidar nuevamente relaciones con su geografía más cercana para disputar zonas de influencia. No obstante, y mientras tanto, Sudamérica seguirá condenada a la irrelevancia. Aprovechar o renegar de la situación queda ya en otras manos.

Los autores son docentes de la Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

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