El Súper Niño ya es el más intenso desde que se lo monitorea, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), uno de los organismos especializados de las Naciones Unidas (ONU). Las aguas del Pacífico se calientan a un ritmo que no tiene antecedentes y los efectos en el clima global empiezan a notarse en distintas zonas del planeta.
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Los especialistas aclaran que una mayor intensidad no significa que cada tormenta o sequía sea proporcionalmente peor. Sí implica que aumenta la probabilidad de que ocurran eventos extremos, y eso preocupa a gobiernos y organismos humanitarios.
El Súper Niño: un calentamiento fuera de todos los registros
El último informe de la OMM indica que la temperatura del agua en la zona donde se vigila El Niño superó en promedio los 3,8 grados sobre lo habitual. Los episodios anteriores con anomalías cercanas a los 3 grados ya habían provocado un fuerte impacto en todo el planeta. Esta vez el fenómeno quedó por encima de ese umbral.
La secretaria general del organismo, la meteoróloga argentina Celeste Saulo, explicó que el planeta está fuera de sus estadísticas y de lo que los modelos permiten anticipar. Según las proyecciones, el calentamiento tocará su máximo hacia el cierre del año y recién después comenzará a ceder. Sin embargo, sus consecuencias se sentirán durante varios meses del año próximo.

Lo que antes eran advertencias sobre riesgos potenciales hoy son hechos concretos. Estados Unidos vivió su verano más caluroso desde que hay registros y en Brasil se declararon incendios en la Amazonia, una de las regiones más húmedas del mundo, vinculados al fenómeno. En Chile, barrios de Santiago sufrieron una avalancha que arrastró autos y dejó las calles cubiertas de barro.
En Argentina, la atención está puesta en el noreste y el litoral, donde las inundaciones ya afectan zonas cercanas a los ríos Paraná y Uruguay. Las represas de Itaipú y Yacyretá abrieron sus compuertas para aliviar la presión de caudales que superan en más de un 50% los valores normales.
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Saulo advirtió que los fenómenos extremos se multiplicarán y se encadenarán a medida que El Niño gane fuerza. Las lluvias generarán pérdidas económicas, daños materiales y víctimas fatales. También remarcó que todavía hay margen para prepararse, aunque ese margen no durará por mucho tiempo más.
Cambio climático y una crisis humanitaria que amenaza a los más vulnerables
El impacto más delicado recae sobre quienes ya viven en situación frágil, como refugiados, desplazados y habitantes de zonas de conflicto. En esos lugares la vivienda, el agua, el saneamiento y la salud ya funcionan bajo presión, y un clima extremo puede agravar las necesidades.
Tom Fletcher, jefe humanitario de la ONU, aseguró que las próximas dos semanas serán decisivas para evitar que la situación empeore. Pidió fondos y suministros urgentes para Somalia, Etiopía y Kenia antes de que lleguen las lluvias intensas. Para el sur de África, la prioridad es repartir semillas y proteger el ganado, mientras que Centroamérica necesita asistencia inmediata para sostener los medios de vida. En Asia y el Pacífico, los países deben prepararse para sequías, inundaciones y ciclones.

Fletcher estimó que unos 50 millones de personas podrían sufrir más hambre por este fenómeno. El Banco Africano de Desarrollo calcula pérdidas de entre 10.000 y 20.000 millones de dólares para los países africanos, con una caída del producto bruto regional de entre uno y dos puntos porcentuales.
La ONU ya destinó más de 50 millones de dólares de su fondo central para emergencias a 11 países en primera línea, entre ellos Chad, El Salvador, Etiopía, Somalia y Sudán del Sur. También hay intervenciones en el norte de Chile, Madagascar, Nigeria y Yemen. Fletcher sostuvo que el daño podría sentirse durante meses e incluso años.
A esto se suma la tensión en las cadenas de suministro por la guerra entre Irán y Estados Unidos y por la invasión rusa de Ucrania, que presionan aún más al sistema humanitario internacional.




