La República Democrática del Congo (RDC) tomó el mando mensual del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU). El país africano llega a este rol después de completar seis meses como miembro no permanente del organismo, en el marco de su mandato para el período 2026-2027, y lo hace por primera vez en tres décadas y media.
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Desde la Cancillería congoleña calificaron el hecho como una oportunidad histórica para incidir en los grandes debates sobre paz y seguridad internacional. Además remarcaron la intención de impulsar un multilateralismo apoyado en el diálogo y el respeto a las normas internacionales.
ONU: cómo funciona la presidencia rotativa y qué propone la República de Congo
El argumento base de esta presidencia rotativa es que los conflictos actuales no se resuelven de manera duradera, si no que se atacan sus causas de fondo. Ese diagnóstico marca buena parte de la agenda que el país africano preparó para las próximas semanas.
La presidencia del Consejo de Seguridad rota de manera mensual entre sus quince miembros en base a un orden alfabético en inglés de los nombres de los países. Cada Estado asume el cargo por un mes calendario completo, con la responsabilidad de fijar el programa de trabajo, convocar y presidir las sesiones, y representar el organismo en distintas actividades protocolares durante ese período.

Ese mecanismo alcanza tanto a los cinco miembros permanentes como a los diez no permanentes, lo que en la práctica le da a cada país la posibilidad de marcar la agenda del órgano durante 30 días.
Entre las prioridades que el Ministerio de Asuntos Exteriores puso sobre la mesa aparecen el manejo responsable de los recursos naturales, la protección de la población civil, la lucha contra la impunidad y la justicia transicional. También se incluyó de manera explícita la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad como uno de los ejes que atravesará las discusiones durante julio.
El reclamo histórico de África por un lugar permanente
Detrás de este episodio, persiste un debate de fondo que atraviesa a toda la diplomacia africana. El continente reclama un asiento permanente en el Consejo de Seguridad para corregir lo que sus representantes definen como una injusticia histórica, ya que se trata de una de las regiones densamente pobladas del planeta sin representación permanente en el máximo órgano decisorio de la ONU, al igual que América Latina y el Caribe.
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La postura africana está unificada bajo el paraguas de la Unión Africana, que exige dos asientos permanentes con todos los privilegios, incluido el derecho a veto, además de dos lugares no permanentes adicionales a los tres actuales. En 2024, tanto el gobierno de Estados Unidos, con Joe Biden a la cabeza, como el secretario general de la ONU, António Guterres, manifestaron su respaldo a esa propuesta, aunque ese apoyo todavía no se tradujo en cambios concretos.
En la actualidad, el poder de veto sigue concentrado en cinco potencias, China, Estados Unidos, Rusia, Francia y Reino Unido, únicos miembros permanentes del organismo. Los otros diez integrantes tienen mandatos temporales y, aunque cuentan con voz y voto, la agenda termina condicionada en gran medida por las posiciones de esas cinco potencias.




