La XI Conferencia Anual sobre Seguridad Hemisférica, organizada por la Florida International University (FIU) en conjunto con la Fundación TAEDA, reunió a líderes políticos, expertos internacionales, académicos y representantes del sector privado para debatir los desafíos estratégicos que atraviesan a toda la región.
- Te puede interesar: Rafael Grossi alertó sobre una nueva “carrera nuclear” y habló del uranio enriquecido en poder de Irán
La colaboración entre Fundación TAEDA y FIU
Jeannette Nuñez, rectora de la Universidad Internacional de Florida, abrió el encuentro destacando su posición única en el continente. “No hay otra universidad en el país, y me atrevo a decir, en el mundo, que comprenda las complejidades de los desafíos hemisféricos como nosotros”.
Destacó que la FIU cuenta con 55.000 estudiantes, 350.000 exalumnos, y califica como una de las 50 mejores universidades públicas.
Por su lado, Mario Montoto, presidente de Fundación TAEDA, describió la dinámica regional como “el hemisferio actuando en conjunto para combatir las adversidades” y puso el foco en el Atlántico Sur, al que calificó como “un activo político de primer orden global”, lejos de ser una zona de reserva o repliegue estratégico.

Además, advirtió sobre la depredación sistemática que ejerce la flota pesquera china sobre las aguas de la región y subrayó la importancia de la proyección sudamericana sobre la Antártida, al tiempo que reclamó –en nombre de Argentina– la soberanía sobre las Islas Malvinas por vías pacíficas.
En su visión, el Atlántico Sur no es solo un escenario de seguridad sino también un reservorio de recursos naturales estratégicos y un destino creciente para inversiones y proyectos de largo plazo, dimensión que, según sostuvo, debe incorporarse seriamente en cualquier análisis de seguridad hemisférica.
Geopolítica y cooperación internacional
El primer panel del encuentro reunió a tres voces de peso internacional que ofrecieron lecturas distintas –y en varios puntos complementarias– sobre el nuevo orden global y su impacto en el hemisferio.
John Mearsheimer abrió con una tesis central: el mundo es multipolar desde 2017, y esa transición no fue producto de una decisión política sino de factores estructurales. “Por primera vez desde 1994, tenemos un mundo multipolar”, afirmó, y advirtió que estos escenarios “son muy peligrosos”.
Para el académico, la competencia entre Estados Unidos y China será la que defina el siglo, y el viraje de Washington hacia el este de Asia –por encima de Europa– era inevitable: cualquier presidente, sostuvo, habría tomado ese camino. Sobre las instituciones multilaterales, fue directo: “Las creamos por razones egoístas, escribimos las reglas a nuestra ventaja”, pero reconoció que su abandono está generando problemas serios.

Brian Fonseca matizó el optimismo sobre el renovado interés de Washington en la región. Señaló que “la retórica está alineada con que el hemisferio occidental sea la prioridad en la política exterior estadounidense”, aunque aclaró que eso no se traduce necesariamente en inversiones concretas.
En su análisis, la administración Trump 2.0 opera bajo una lógica de “valores duros por encima de intereses”, priorizando la contención del crimen, la migración y la presencia china por encima de la agenda democrática. Sobre este último punto, advirtió que China lleva un cuarto de siglo profundizando raíces en la región “sin restricciones”, y que desplazarla es hoy prácticamente imposible: compañías como Huawei y ZTE, explicó, “están dispuestas a operar con enormes pérdidas, porque son extensiones de la política exterior china”, algo que las empresas occidentales no están en condiciones de igualar.
Fonseca también identificó al crimen transnacional como “el desafío más grande que tenemos hoy”, un conflicto que ya no es de Estado a Estado, sino de naturaleza global.

Rafael Grossi, director general del OIEA, aportó la dimensión energética y nuclear al debate. Señaló que la guerra en Ucrania expuso brutalmente cómo las estructuras energéticas de muchos países europeos “estaban profundamente entrelazadas con Rusia”, lo que aceleró una reconversión hacia la energía nuclear como vía de autonomía.
En un mundo multipolar, señaló, los consensos que antes existían –por ejemplo frente a Irán, donde Rusia, China, Estados Unidos y Europa actuaban de forma coordinada– simplemente “han desaparecido”. “Lo que es un problema para Washington, no necesariamente lo es para Moscú o Pekín”.
Grossi también puso sobre la mesa una estadística que definió como alarmante: América Latina, con el 9% de la población mundial, concentra el 40% de la criminalidad global. Una cifra que, a su juicio, habla directamente del estado de las instituciones: “La capacidad de ciertas naciones para penetrar es más fácil cuando las instituciones son débiles”.




