Drones que pueden recorrer una ruta de manera autónoma, sistemas de inteligencia artificial que reconocen objetos, motores de cohetes y un nanosatélite que espera su lanzamiento al espacio. Todo eso convive dentro del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF), en Villa Martelli: un lugar donde científicos, ingenieros y técnicos trabajan para desarrollar y, sobre todo, preservar capacidades tecnológicas estratégicas para la Defensa.
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“CITEDEF (también conocido como CITEFA) es, ante todo, un gran reservorio multidisciplinario de conocimientos científicos y tecnológicos. Constituye el único organismo de I+D+i conjunto del Ministerio de Defensa, que se esfuerza para darle a la Nación y a sus Fuerzas Armadas los mejores resultados posibles que coadyuven a la defensa de su gente y sus recursos. Mantiene ciertas capacidades tecnológicas asociadas a sistemas de armas que ningún otro organismo de CyT posee”, dijo su presidente, el coronel retirado Fernando Roberto Lloveras, en un diálogo y recorrida exclusiva con DEF.

¿Quién está detrás de CITEDEF?
La relación del coronel Lloveras, actual presidente de CITEDEF, con el instituto comenzó en 1989, cuando ingresó al organismo luego de formarse en la Escuela Superior Técnica (actual Facultad de Ingeniería del Ejército). Allí inició su recorrido en un laboratorio y, con el paso de los años, fue ocupando distintos cargos. Sin embargo, tras retirarse del servicio militar activo, y después de 16 años en el sector privado, donde se desempeñó como gerente general de una empresa, recibió la propuesta de regresar al instituto en 2024, esta vez como presidente. La decisión, cuenta, tuvo que tomarla prácticamente de inmediato: “Me pidieron una respuesta de un día al otro. Me dormí a las 3 y media de la mañana con una decisión: dejar la empresa que me cobijó tanto tiempo y volver al instituto”.
El regreso no estuvo motivado por una cuestión económica ni por una conveniencia profesional, sino por el vínculo construido con la institución y con quienes trabajan en ella. Coronel retirado e ingeniero en armamento, Lloveras asegura que aceptó porque veía en esa oportunidad una forma de devolver parte de lo aprendido y poner su experiencia al servicio del organismo. Y cuando se le pregunta qué fue lo que finalmente inclinó la balanza, la respuesta es tan breve como contundente: “Absolutamente, es el corazón”.

CITEDEF: innovación tecnológica y capacidades estratégicas
Durante el encuentro, el coronel Lloveras detalló que el equilibrio entre los desarrollos y la investigación con fines militares y de uso civil se gestiona de la misma forma que lo hacen otros países. “Existen marcos regulatorios de tipo internacionales, tratados y compromisos asumidos entre los países para el control de la importación y exportaciones de ciertos materiales. En ese sentido, el Instituto trabaja activamente a través de dictámenes técnicos con personal especializado, junto a otros organismos que forman parte de la Comisión Nacional de Control de Exportaciones Sensitivas y Material Bélico. La CONCESYMB regula y autoriza la salida del país de materiales sensitivos, armamento y bienes de uso dual a fin de evitar la proliferación de armas de destrucción masiva”.
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De algunos proyectos que han sido emblemáticos, agregó que todavía siguen en servicio en las Fuerzas, entre ellos el sistema de artillería 155 mm CITER, el lanzador múltiple de cohetes, los cohetes CP-30, SAPBA y Pampero, sistemas de simulación de tiro y Observadores Adelantados, los sistemas optoelectrónicos para la adquisición y dirección automática de tiro de buques de la Armada, además de capacidades vinculadas con la determinación de la vida útil y repotenciación de motores cohete, municiones y sistemas pirotécnicos especiales.

Sin embargo, el sostenimiento de las capacidades científico tecnológicas enfrenta importantes desafíos presupuestarios y de recursos humanos: según advirtieron desde el organismo; se puede hablar de cierto envejecimiento de su planta de investigadores, ingenieros y técnicos y las dificultades para incorporar nuevos profesionales amenaza “perder capacidades estratégicas que demandaron décadas de construcción. Hoy el personal está haciendo enormes esfuerzos y en muchos casos recuperándolas”.
“El régimen de carrera del Personal de Investigación y Desarrollo de las Fuerzas Armadas (RPIDFA) presenta un atraso salarial importante respecto de otros sistemas científicos y tecnológicos del país y de otros dentro de la misma jurisdicción. Esto dificulta la captación y la retención de jóvenes ingenieros, científicos y técnicos. Un profesional recién graduado encuentra remuneraciones por debajo de las que ofrece el resto del sistema de C y T”, aclara. Esta circunstancia, advierte el coronel, es consecuencia de una situación que se arrastra fuertemente desde aproximadamente el año 2010, que durante los primeros años erosionó profundamente al organismo y si bien hay cambios de tendencia, aún no logró equilibrarse lógicamente con los demás regímenes de investigación del Estado Nacional.



De la investigación para la defensa a las soluciones para la sociedad
Hay una colaboración que resulta fundamental entre CITEDEF, las universidades, empresas y otros centros de investigación. ¿Los motivos? Comparten redes de conocimiento, infraestructura, equipamiento, talleres, laboratorios, medios, investigadores y tecnólogos para formar recursos humanos durante el proceso de preparación y trabajos finales.
“Una cantidad muy importante del personal de RPIDFA es docente en varias universidades estatales y privadas. Estas relaciones se generan a partir de convenios marcos y específicos. De igual modo las empresas privadas solicitan servicios específicos y en función de las capacidades del organismo se satisfacen. Este tipo de tareas también se desarrollan para organismos nacionales, provinciales y para otros centros de investigaciones, con los que también con algunos de ellos formamos parte del Polo Tecnológico Constituyente S. A. Hay una importante cantidad de becarios del CONICET realizando su carrera de doctorado; también pasantes y becarios que están cursando sus estudios terciarios”, agregó.
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A propósito, el aporte de CITEDEF no deja de ser importante si se tiene en cuenta que muchos de los desarrollos que tienen su origen en las Fuerzas Armadas terminan impactando en la sociedad civil. Por ejemplo:en el caso del centro que dirige Lloveras, en la búsqueda de productos para protección del personal militar que habita y se desplaza en zonas subtropicales y de monte, esas mismas tecnologías pudieron emplearse en la sociedad. En ese sentido, el coronel retirado del Ejército resalta el desarrollo de potes fumígenos para la lucha contra la vinchuca o parches y lociones pediculicidas contra piojos y liendres (tecnología transferida por el Ministerio de Defensa a laboratorios), sistemas explosivos para la prospección petrolera y además la creación de software e instrumental específico para monitorear tormentas y reducir el impacto de los rayos sobre las personas los ecosistemas e infraestructuras críticas.
También resaltó los desarrollos de sistema láser tipo LIDAR actualmente provistos en el Servicio Meteorológico Nacional para control de partículas en la atmósfera como alerta de la aviación o determinación de los espesores de las capas de ozono y las herramientas nacionales para controlar el mosquito transmisor del dengue y disminuir la propagación de la enfermedad, así como los motores cohetes propulsores de sonda meteorológica y de observación, entre tantos otros. Es decir: se tratan de proyectos o capacidades de uso dual.

Tecnología y oportunidades para jóvenes investigadores
En palabras del presidente de CITEDEF, las oportunidades para jóvenes investigadores y tecnólogos abarcan un amplio abanico de posibilidades dentro del organismo. “Una vez que ingresan al régimen de carrera, pueden comenzar como auxiliares de proyectos o de investigación”, según su orientación hacia el desarrollo tecnológico o la investigación científica. A partir de allí, pueden avanzar en su trayectoria profesional hasta alcanzar un doctorado o desempeñarse en categorías como asesor científico o tecnológico.
La diversidad de proyectos también se refleja en la variedad de perfiles profesionales que demanda el instituto. “Trabajamos en una gran diversidad de áreas, por lo que hay lugar para profesionales y técnicos de considerables disciplinas: matemáticos, físicos, electrónicos, mecánicos, aeronáuticos, informáticos, químicos, biólogos, entre muchas otras”, explican desde la institución.
Entre las líneas de trabajo se encuentran proyectos vinculados con sistemas de armas, cohetería, propulsión, combustibles sólidos, simulación para entrenamiento, drones, inteligencia artificial, realidad virtual, antenas y láseres, además de otras tecnologías consideradas estratégicas. Y, en ese contexto, el vínculo con el ámbito académico constituye, además, otro de los pilares para la incorporación de nuevos talentos: el instituto recibe estudiantes que realizan allí sus prácticas profesionales y desarrollan tesis de grado y posgrado.

“Varios de nuestros equipos incorporan regularmente a estos jóvenes talentos”, que realizan aportes concretos a los proyectos en desarrollo y, en algunos casos, continúan luego su carrera profesional dentro del organismo. Algunos de ellos han trabajado en nuestro nanosatélite con muy buenos resultados, no cualquiera tiene la aprobación y puede calificar exitosamente las pruebas de caracterización de componentes que permiten subir al cohete de SpaceX para viajar al espacio.
De CITEFA a CITEDEF, ¿qué pasó con el nombre del instituto?
Sobre la marca con el que popularmente se conoce a CITEDEF, CITEFA, el coronel Lloveras revela el detrás de escena: que la recuperación de la marca CITEFA busca recobrar una identidad con fuerte arraigo dentro del sistema científico y tecnológico argentino. El actual instituto tiene sus raíces en los centros de investigación creados a partir de 1941, cuando Fabricaciones Militares comenzó a requerir capacidades propias de investigación y desarrollo en áreas como química, sistemas de armas y electrónica.
Con el tiempo, esos centros confluyeron en el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas de las Fuerzas Armadas y, en 1969, se unificaron en el predio de Villa Martelli. Y, según cuenta el ingeniero, allí se conformó una comunidad científica singular, integrada incluso por especialistas de distintos países que habían participado de la Segunda Guerra Mundial. Y, aunque en 2009 se reemplazó la marca CITEFA por CITEDEF, su denominación histórica permaneció fuertemente instalada.
“Cuando me hice cargo en el año 2024, hicimos una encuesta y el 78% de la gente quería retomar la marca CITEFA”, explica Lloveras, y agrega: “La marca para un organismo o empresa es muy importante, por eso que las empresas invierten sumas muy importantes para mantener su presencia y reconocimiento social”. La potencial recuperación de CITEFA no es un capricho nostálgico, sino una forma de reposicionar al instituto en el sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación y para una fácil identificación por parte de la sociedad.

“Seguramente el legado de esta gestión, de todos los que hacemos el Instituto y de nuestro Ministerio de Defensa, será el de haber contribuido a recuperar una visión estratégica de la investigación y el desarrollo para la Defensa en la Argentina”, sostiene Lloveras. En esa línea, habla de la necesidad de entender la inversión en capacidades científicas y tecnológicas como una herramienta de soberanía: “No es un gasto, sino una inversión”. Por eso, seguramente dejaremos un instituto fortalecido, con capacidades recuperadas y consolidadas, proyectos de impacto y el inicio de una nueva generación de científicos, ingenieros y técnicos comprometidos con el país.
Pero, ese proceso también requiere que seamos disruptivos para profundizar más los vínculos entre CITEDEF, el sistema científico y educativo, la industria y las Fuerzas Armadas. “Los desafíos tecnológicos actuales requieren sinergia entre todas las partes del sistema y una mirada de muy largo plazo; ninguna institución puede afrontarlos de manera solitaria, quedaría aislada y muy disminuida”, advierte. El objetivo, explica, es que el instituto quede mejor preparado para afrontar los desafíos futuros, con procesos modernizados, mayor capacidad de innovación y una agenda de investigación alineada con las necesidades estratégicas de la Defensa Nacional.
“Lograremos que el instituto sea reconocido como un actor destacado en el desarrollo tecnológico de la Defensa y las próximas generaciones encontrarán aquí un lugar donde desarrollar su vocación al servicio de la Nación, sentiremos así que cumplimos nuestra misión”, resume.
Además, fue contundente sobre las referencias y lecciones que dejan los conflictos bélicos actuales en distintas partes del mundo: “Demostraron que es imprescindible que un país no se desentienda de sus capacidades tecnológicas e industriales asociadas a la Defensa. A mi entender, sin dudas las prioridades a tener en cuenta en función de los conflictos recientes están dirigidas a los conocimientos autónomos, especialmente inmunes a contramedidas electrónicas; ciberseguridad; estructuras de redes malladas; sistemas de simulación; guerra electrónica; armas de alta energía dirigida; IA en los sistemas de uso militar y criptografía cuántica”.
“Queremos darle a estos sistemas no tripulados es una capacidad de reconocimiento”
Dentro del predio de Villa Martelli, funcionan distintas áreas para poder transformar la tecnología en proyectos concretos. Por ejemplo, en el Departamento de Electrónica Aplicada e Informática de CITEDEF, el ingeniero Daniel Pastafiglia revela allí trabajan en captar información, procesarla y convertirla en una acción. En el laboratorio de Técnicas Digitales se desarrollan sistemas embebidos e instrumentos electrónicos capaces de tomar datos provenientes de sensores y utilizarlos para resolver distintas necesidades, desde el monitoreo meteorológico hasta el control de vehículos no tripulados. “A partir de un censado se genera una información, se desarrolla en electrónica un sistema de procesamiento de esa información, se toma una decisión y se actúa en consecuencia”, explican los investigadores.
Una de las líneas de mayor desarrollo es la de sistemas no tripulados, que incluye plataformas aéreas, terrestres y de ala fija. El instituto trabaja tanto en la electrónica de estos vehículos como en los sistemas que permiten programar recorridos y operar de manera autónoma, siempre con supervisión humana. En paralelo, comenzó a incorporar inteligencia artificial para dotarlos de capacidades de reconocimiento de objetos en tiempo real, incluso sin conexión a internet.
El objetivo es que el procesamiento pueda realizarse directamente sobre el propio dispositivo, mediante sistemas embebidos, sin depender de una computadora de gran capacidad. “Lo que queremos darle a estos sistemas no tripulados es una capacidad de reconocimiento”, explica Pastafiglia. La aplicación puede abarcar desde tareas de seguridad y defensa hasta situaciones civiles, como la búsqueda de una persona perdida, donde la tecnología permitiría reducir rápidamente el área de búsqueda.
El desafío, sin embargo, no pasa solamente por desarrollar tecnología, sino por generar soluciones que puedan adaptarse a necesidades concretas y reducir costos. Un ejemplo son los nodos de comunicaciones desarrollados por el instituto para transmitir información de sensores hidrográficos y meteorológicos mediante redes celulares, una alternativa de mucho menor costo que los sistemas de transmisión satelital.
Esa misma lógica se aplica a otros proyectos: en lugar de depender de soluciones cerradas adquiridas en el exterior, CITEDEF desarrolla y adapta sus propios sistemas en función de los requerimientos de cada usuario. “Como tenemos todo el expertise, podemos adaptarlo a lo que quieran hacer”, señalan. La estrategia es trabajar de manera multidisciplinaria desde el diseño, integrando electrónica, informática, mecánica y otras especialidades para generar capacidades que luego puedan aplicarse a distintos escenarios.

Innovar en tecnología de motores: de Malvinas al presente
Por su parte, la División de Propulsión de CITEDEF concentra una de las capacidades históricas del instituto: el diseño y desarrollo de motorizaciones para cohetes y sistemas vinculados a la Defensa. Si bien su especialidad tradicional son los motores para proyectiles de artillería, el área también acumuló experiencia en la motorización y el estudio de misiles, incluso de sistemas de origen extranjero que quedaron sin soporte. Uno de los casos más significativos -cuenta el responsable, el ingeniero Fabio Milanese- fue el de un misil utilizado por la Armada durante la Guerra de Malvinas, cuyo mantenimiento requirió recuperar conocimientos y capacidades que ya no podían obtenerse de sus fabricantes.
“Esos son los lugares, el equipamiento, personal preparado y los conocimientos que van a permitir encarar un proyecto o solucionar inconvenientes”, detalla el ingeniero Milanese desde el área. Esa continuidad permitió extender durante años la vida operativa de sistemas que, de otro modo, hubieran quedado fuera de servicio.

La experiencia acumulada finalmente se traduce en nuevos desarrollos, así oportunamente el instituto diseñó y desarrolló el sistema misilísticos Martín Pescador (misil, aviónica, entrenador de tiro, bancos de ensayos de conjuntos, manuales operativos y de mantenimiento, etc), del que también se fabricó una preserie de más de 150 ejemplares, y desarrolló capacidades de ensayo en bancos específicos para motores cohete. Actualmente, una de las líneas de trabajo ha evolucionado significativamente para reemplazar los tradicionales tubos metálicos utilizados en los motores por estructuras de materiales compuestos, como fibra de carbono, cuya fabricación y proceso de bobinado fueron desarrollados en el propio instituto. El objetivo es avanzar en tecnologías nacionales y reducir la dependencia de componentes de difícil acceso.
“Sobre todo se aprende a través de la ingeniería inversa”, señala Milanese, un experto en el tema, a la hora de explicar cómo el conocimiento acumulado permite mantener capacidades, estudiar tecnologías existentes y, a partir de allí, generar soluciones propias. En paralelo, los nuevos materiales abren una línea de investigación orientada a modernizar componentes y sostener capacidades estratégicas de propulsión dentro del país.
Del prototipo al campo: “La munición es muy importante por el efecto que tiene que causar”
En el Departamento de Sistemas de Armas de CITEDEF se concentra una parte clave de la capacidad tecnológica del instituto: el desarrollo, mantenimiento y evaluación de sistemas de artillería. En este taller se gestaron proyectos emblemáticos como el cañón CITER de 155 mm, actualmente en dotación en el Ejército Argentino, y el prototipo CALA 155 L45, concebido para ampliar el alcance y la capacidad de fuego.
“Nosotros somos un poco la cabeza. Después se transfiere la tecnología hacia los medios productivos, donde se encara la producción”, explica Juan Pablo Romero, jefe del departamento. El trabajo no termina con el desarrollo: los prototipos se mantienen operativos y se utilizan para realizar mediciones y evaluaciones en campo sobre distintos componentes y sistemas.
Otra de las capacidades centrales del área es la evaluación de municiones y la verificación de que cumplan con los parámetros establecidos, tanto al momento de su incorporación como durante su vida útil. Para eso, CITEDEF articula el trabajo de especialistas de distintas áreas, desde química hasta ensayos no destructivos, en un proceso que permite determinar el estado y desempeño de cada componente.
“La munición es muy importante por la seguridad y por el efecto que tiene que causar”, señala Romero. El objetivo es garantizar que los sistemas respondan a las exigencias técnicas y, cuando es necesario, contribuir a su repotenciación o extensión de vida útil. “Finalmente se traduce en ir y medir en el campo que esto refleja tal cual lo que debería reflejar según norma”, resume el ingeniero.
Cabe destacar que en el predio, además, funciona un taller de metalmecánica que acompaña cada una de las iniciativas y logra, con personal altamente capacitado, cada uno de los pedidos que llegan para poder hacer realidad los diferentes proyectos.




