El 6 de agosto de 1945, Estados Unidos perpetró un ataque nuclear en Hiroshima, una importante ciudad de Japón que quedó arrasada tras el estallido de la bomba nuclear conocida como “Little Boy”. Ese artefacto tenía una potencia de entre 15 y 16 kilotones, es decir, el equivalente a unas 15 mil toneladas de TNT.
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Actualmente, ese número resultaría ínfimo comparado con el poderío de los misiles y ojivas que forman parte de los arsenales de las potencias nucleares, muchas de las cuales siguen en proceso de modernización y expansión de sus capacidades bélicas.
En ese sentido, existen otros factores que cambian por completo el escenario de un eventual ataque nuclear, como por ejemplo:
- La cantidad de ojivas disponibles.
- La precisión de las armas.
- La capacidad de despliegue múltiple.
- La densidad poblacional de las ciudades modernas.
Todos estos factores hacen que cualquier ejercicio comparativo con 1945 deba tomarse como una referencia mínima y no como el peor escenario posible.
Hiroshima: el punto de partida de la carrera nuclear
La bomba nuclear lanzada sobre Hiroshima detonó a unos 580 metros de altura y generó una bola de fuego de aproximadamente 6.000 grados centígrados que arrastró cerca del 90% de la ciudad. Se estima que, de los 250 mil habitantes que tenía en aquel momento la ciudad, unas 45 mil personas murieron el primer día y otras 19 mil fallecieron en los meses siguientes por quemaduras y radiación, aunque hay cálculos que elevan la cifra total de víctimas a más de 100 mil.

Ese ataque, junto con el de Nagasaki días después, marcó el cierre de la Segunda Guerra Mundial, pero determinó el inicio de una carrera armamentista que no se detuvo nunca del todo. Desde entonces y hasta comienzos de los años ‘60, se realizaron más de 500 pruebas nucleares, según datos de la World Nuclear Association, un ritmo que permitió perfeccionar el diseño de armas nucleares y multiplicar su potencia año tras año.
Posteriormente, hacia comienzos de los años 50’, las potencias nucleares habían desarrollado bombas hasta 40 veces más poderosas que la utilizada en Japón. Ese salto tecnológico fue apenas el comienzo de un proceso que continúa hasta hoy, con arsenales que combinan capacidad destructiva, alcance intercontinental y sistemas de lanzamiento cada vez más sofisticados.
El poderío nuclear actual, muy por encima del de Hiroshima
Según cálculos de expertos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), algunas de las ojivas que integran hoy el arsenal estadounidense, como las que portan los misiles Trident II lanzados desde submarinos, alcanzan un rendimiento estimado de 475 kilotones. Esa cifra equivale a más de 30 veces la potencia de la bomba que cayó sobre Hiroshima.
El caso más extremo entre las armas activas es el de la bomba de gravedad B83, parte del arsenal estadounidense, con una potencia máxima de 1,2 megatones; es decir, 1.200 kilotones. En paralelo, Estados Unidos desarrolló en los últimos años una nueva versión de la bomba B61, con un rendimiento de hasta 360 kilotones, unas 24 veces superior al de Hiroshima.

Rusia, por su parte, cuenta con algunos de los misiles más potentes del planeta. El sistema conocido como Satán II, heredero del histórico R-36, puede portar múltiples ojivas de entre 500 y 750 kilotones cada una, lo que equivale a unas 50 veces la potencia de la bomba japonesa por cada cabeza nuclear. A esto se suma el recuerdo histórico de la Bomba del Zar, la mayor explosión provocada por el ser humano, cuya onda expansiva llegó a romper vidrios a más de 900 kilómetros de distancia del punto de detonación.
Por otra parte, y según el último informe del SIPRI, el inventario nuclear mundial ronda las 12.187 ojivas, de las cuales cerca de 9.745 integran arsenales militares con capacidad de uso potencial y unas 4.012 permanecen desplegadas en misiles o bases operativas, listas para un eventual lanzamiento. El propio organismo advirtió que el mundo entró en una nueva etapa de competencia nuclear, donde se revierte la tendencia a la reducción de arsenales que había predominado tras el fin de la Guerra Fría.
En ese reparto, Rusia y Estados Unidos concentran la enorme mayoría del arsenal disponible, seguidos de lejos por China, que según el propio SIPRI acelera su programa de expansión más rápido que cualquier otra potencia y podría acercarse a las mil ojivas hacia el final de la década. Francia, el Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte completan la lista de países con capacidad nuclear, aunque con arsenales considerablemente más reducidos.
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Más allá de los números, especialistas coinciden en que resulta muy difícil calcular con exactitud el impacto destructivo real de un arma nuclear moderna, ya que depende de variables como la altura de detonación, el tipo de objetivo y el contexto urbano sobre el que impacte.
Sin embargo, existe consenso mundial en que el daño sería incomparablemente mayor al de Hiroshima y Nagasaki, tanto por la potencia explosiva como por la letalidad añadida de la radiación y los efectos térmicos sobre ciudades mucho más densamente pobladas que las de Japón en aquellos años.




