La Cámara de Diputados de Rumania aprobó un proyecto de ley que propone la unificación del país con la República de Moldavia. La iniciativa, impulsada por el partido de extrema derecha SOS România, pone sobre la mesa una posibilidad que durante décadas fue considerada más simbólica que concreta. Ahora, esta oportunidad adquiere una dimensión política real en el contexto de la guerra en Ucrania y el proceso de acercamiento de ambos países a la Unión Europea.
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Rumania y Moldavia comparten idioma, historia y lazos culturales desde hace siglos. La división entre ambos territorios tiene su origen moderno en el Pacto Molotov-Ribbentrop de 1939, cuando la Unión Soviética anexó la entonces provincia rumana de Besarabia y creó la República Socialista Soviética de Moldavia. Con la disolución de la URSS en 1991, Moldavia se independizó como Estado, pero la idea de la reunificación con Rumania nunca desapareció del debate político ni de la identidad colectiva de amplios sectores de la población.
Rumania y Moldavia: la reunificación, el mecanismo que hizo posible la aprobación y los próximos pasos
El proyecto de ley no fue sometido a un debate parlamentario tradicional ni a una votación explícita. Fue aprobado mediante el mecanismo conocido como “aprobación tácita”, un procedimiento contemplado en la legislación rumana que establece que si una iniciativa no es debatida en el pleno ni rechazada formalmente dentro de un plazo de 45 días, se considera automáticamente aprobada por esa cámara. Así ocurrió con esta propuesta, lo que le otorga validez formal aunque no haya pasado por el filtro del debate político abierto.
El uso de este mecanismo refleja una estrategia del partido SOS Romania para avanzar con la iniciativa en favor de evitar la exposición a un debate que, dada la sensibilidad del tema, podría haber resultado prolongado o inconcluso. Este partido tiene una orientación nacionalista y conservadora que hizo de la unificación con Moldavia uno de sus ejes programáticos centrales. Su capacidad para llevar adelante esta iniciativa a través de la aprobación tácita muestra tanto la fuerza de la agenda unionista dentro del sistema político rumano como las tensiones que genera en otros sectores.

El texto de la ley propone que el Parlamento rumano autorice al gobierno a iniciar negociaciones inmediatas con las autoridades de Chisinau para formalizar el proceso de unificación. Se trata de un mandato político concreto, no de una declaración de intenciones. Implica que, de avanzar, el ejecutivo rumano estaría obligado a sentarse con la contraparte moldava en una mesa de negociación oficial.
Sin embargo, la aprobación de la cámara baja no es el paso final. La iniciativa debe pasar ahora al Senado, la cámara alta del Parlamento rumano, donde el debate sin duda será más intenso. Es en esa instancia donde se definirá si la unificación pasa de ser una aspiración política a convertirse en un proceso formal y vinculante con consecuencias jurídicas, territoriales y diplomáticas para toda Europa.
La posición de Maia Sandu, el factor ruso y el debate pendiente entre las sociedades
La presidenta moldava, Maia Sandu, respaldó de manera pública la idea de la unificación a principios de año. En declaraciones a un medio británico, afirmó que, de celebrarse un referéndum conjunto, ella votaría a favor.
Su argumento central fue la vulnerabilidad de Moldavia como Estado pequeño frente a las presiones externas, con especial énfasis en la influencia de Rusia, agravada desde la invasión a Ucrania. Desde esa perspectiva, integrarse en Rumania representaría tanto una garantía de seguridad como un camino más directo hacia la plena adhesión a la Unión Europea (UE), y así evita el largo y costoso proceso que normalmente implica la candidatura de un Estado independiente.

El vínculo entre ambos países ya es muy estrecho en términos prácticos. Más de un tercio de los 2,4 millones de habitantes de Moldavia posee ciudadanía rumana, lo que en muchos casos les permitió acceder al mercado laboral europeo y a los beneficios de la membresía en la UE de manera indirecta. Rumania es además el principal socio comercial de Moldavia y jugó un papel clave en ayudar a Chisinau a reducir su dependencia energética de Rusia, un proceso que se aceleró de manera notable tras el inicio de la guerra en Ucrania.
No obstante, los datos de opinión pública revelan que las sociedades de ambos países no están alineadas en este tema. En Rumania, alrededor del 72% de la población se muestra favorable a la unificación. En Moldavia, el escenario es mucho más dividido ya que el 42% apoya la idea, mientras que el 47% se opone, según una encuesta de marzo de 2026. Esta brecha responde a factores históricos y demográficos complejos. Una parte significativa de la población moldava, especialmente en zonas rurales y entre generaciones mayores, mantiene una identidad diferenciada de la rumana y recelos ante lo que percibe como una absorción antes que una unificación entre iguales.
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El obstáculo difícil de resolver es la región de Transnistria, una franja de territorio en el este moldavo que desde 1992 funciona como Estado separatista no reconocido de forma internacional, con fuerte presencia militar e influencia política rusa. Su existencia representa una complicación jurídica y territorial de gran magnitud para cualquier proceso de reunificación.
Cualquier negociación formal entre Rumania y Moldavia tendría que abordar el estatus de ese territorio, lo cual implica una confrontación diplomática con Rusia. Si el Senado rumano aprueba la ley, Europa podría estar ante uno de los procesos de reconfiguración territorial y geopolítica más significativos desde la reunificación alemana de 1990.




