El precio del petróleo volvió a dispararse tras el recrudecimiento de las hostilidades en el estrecho de Ormuz, el paso marítimo estratégico por donde circula una quinta parte del petróleo mundial y que, desde el fin de semana, quedó otra vez en el centro de la tensión entre Estados Unidos e Irán. El WTI subió 4,3% y se vendía a 74,49 dólares el barril, mientras que el Brent avanzó 4,2% hasta los 79,21 dólares, en la rueda asiática de la mañana.
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Las consecuencias del petróleo en el estrecho de Ormuz
El repunte se produjo después de que los combates entre Estados Unidos e Irán se reanudaran pese a la firma de un protocolo de acuerdo el 17 de junio para terminar con la guerra en Oriente Medio. Ese memorando contemplaba justamente la reapertura plena del estrecho, cerrado por Irán a fines de febrero, cuando el petróleo llegó a superar largamente los 100 dólares el barril.
La chispa que reavivó el conflicto fue una nueva escalada militar: Washington dio por roto el entendimiento alcanzado con Teherán y volvió a atacar objetivos iraníes, en represalia por ofensivas del régimen contra buques comerciales en la zona. El propio presidente Donald Trump anunció en redes que Estados Unidos retomaría el bloqueo naval sobre Irán, a la vez que el Tesoro estadounidense advirtió que cualquier armador que pague peajes a Teherán por transitar el estrecho quedará expuesto a sanciones.

En los últimos días, los principales contratos de crudo llegaron a saltar hasta un 7% en una sola sesión, el mayor incremento desde mayo, mientras que la mezcla mexicana y otros marcadores regionales replicaron la suba. Analistas consultados por distintos medios coincidieron en que la volatilidad llegó para quedarse: desde Capital Economics se advirtió sobre presiones alcistas prolongadas, mientras que en Catalyst Energy remarcaron que el estrecho nunca volvió a operar con normalidad plena desde el estallido original del conflicto, lo que deja al mercado especialmente sensible a cualquier nuevo episodio.
Un dato que ayuda a entender por qué los precios no llegaron todavía a niveles extremos es la existencia de los llamados “flujos clandestinos”: buques que apagan sus transpondedores para eludir el bloqueo y siguen sacando crudo del golfo Pérsico. Según estimaciones de JPMorgan, esas exportaciones informales rondaron los 2,1 millones de barriles diarios hacia fines de mayo, una fracción respecto a los más de 15 millones que circulaban habitualmente por Ormuz antes de la guerra, pero suficiente para amortiguar el golpe sobre las reservas globales.
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Las alternativas al estrecho de Ormuz
El trasfondo estructural del problema es que las alternativas al estrecho son limitadas. Los oleoductos que atraviesan Arabia Saudita y Abu Dabi apenas podrían redirigir una porción menor del volumen afectado, y no existe ningún esquema de reemplazo para el gas natural licuado que también depende de ese corredor. A eso se suma que las reservas estratégicas estadounidenses se encuentran en mínimos históricos, lo que reduce el margen de maniobra de Washington para contener una suba sostenida.

Por ahora, ni Irán declaró un cierre formal del estrecho ni las negociaciones de paz quedaron completamente descartadas, pero el tránsito comercial sigue de facto restringido tras los ataques a varios buques. La pregunta que domina a los mercados es la misma que se repite desde marzo: cuánto durará la escalada y si terminará afectando de lleno la infraestructura petrolera de la región.




