Las elecciones en Brasil 2026 vuelven a presentar a Lula da Silva y a la familia Bolsonaro como rivales por la presidencia. Sin Jair debido a su condena, Flávio Bolsonaro toma la posta en representación de una derecha consolidada y con el legado de su padre como garantía. En una campaña electoral que combinó influencia exterior, corrupción, seguridad y religión, más de 214 millones de personas se movilizarán el 3 de octubre para elegir entre dos polos inmutables.
DEF dialogó con Felipe Galli, estudiante avanzado de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y uno de los analistas electorales con mayor presencia en redes sociales, para entender qué se juega y cómo se juega en los comicios de uno de los países más importantes de América Latina.
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Elecciones en Brasil 2026, ¿qué dicen las últimas encuestas?
Las encuestas descritas por Felipe Galli no dibujaban un escenario uniforme: algunas señalaban una ventaja de cinco puntos porcentuales para Lula, mientras otras mostraban un empate técnico. Incluso entre las que daban una ventaja al presidente en una eventual segunda vuelta, el margen se achicaba.
El antecedente de los comicios anteriores alimenta la cautela. En 2022, Lula había sido el candidato más votado, pero la segunda vuelta terminó con una diferencia de unos dos millones de votos, un margen sumamente estrecho en relación con la población brasileña.
El analista sostuvo que la elección no parecía encaminada a resolverse en primera vuelta. A su juicio, esa instancia permitiría medir el piso de apoyo de cada candidato y observar qué sectores quedarían disponibles para el balotaje.
De cara a la primera vuelta a disputarse el 3 de octubre, mientras Lula muestra su gestión con medidas fuertes como la prohibición de las apuestas deportivas y la condonación de las deudas vinculadas al juego, Flávio Bolsonaro muestra un tono más moderado que el de su padre para atraer a votantes menos radicalizados, sin perder el respaldo de la base bolsonarista.
Bloques rígidos y religión, así se construyó la polarización entre Lula y Flávio Bolsonaro
Para Galli, la disputa entre Lula y Flávio Bolsonaro no se explica solo por diferencias de gestión o ideología. La describió como una competencia entre bloques sociales que, en los últimos años, adquirieron una identidad más cerrada y difícil de modificar.
“La polarización en Brasil, aunque está marcada por los liderazgos personales, en realidad responde a dos bloques de corte sectario que se han ido configurando en los últimos años y que son muy difíciles de mover”, afirmó.
El experto vinculó esa división con el peso de las comunidades religiosas. Dijo que Brasil tiene aproximadamente 100,2 millones de católicos, aunque ese sector pierde terreno ante el crecimiento de los grupos evangélicos.

Según su análisis, el bolsonarismo construyó una relación sostenida con iglesias evangélicas, mientras Lula y la izquierda tradicional descuidaron ese vínculo y optaron por acercarse a la Iglesia Católica.
Los votantes evangélicos se habían convertido en una base importante para Bolsonaro, aunque en etapas anteriores ese grupo no había estado completamente alineado con la derecha. “La participación en actividades de ayuda social y la presencia en barrios populares habían permitido también vínculos con sectores de izquierda”, resaltó Galli.
En la campaña, hay señales de una reacción católica que podría beneficiar a Lula. La disputa religiosa se volvió más visible y llegó a expresarse en episodios relacionados con la imagen de Nuestra Señora de Aparecida. Mientras sucede esto, las redes sociales y la circulación de noticias falsas excaserva conflictos que ya existen.
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Inseguridad, corrupción y costo de vida entre las preocupaciones
La inseguridad apareció como uno de los asuntos con mayor capacidad para influir en los votantes indecisos. Felipe mencionó una encuesta, sin identificar a la entidad responsable ni su fecha, según la cual el 28% de quienes respondieron señalaron ese tema como su principal preocupación.
El experto sostuvo que el gobierno de Lula no consiguió reducir la actividad del crimen organizado, los asaltos ni la percepción de inseguridad. Aunque consideró que la gestión económica no había sido mala, afirmó que el crecimiento y la estabilidad no habían eliminado otros problemas sociales.

La corrupción también figuró entre los temas de debate. Felipe Galli vinculó esa preocupación con la desconfianza hacia el Poder Judicial y con la disputa entre sectores que acusan a sus adversarios de intentar controlar la Justicia. Mencionó como antecedentes el encarcelamiento y la inhabilitación de Lula, así como el encarcelamiento de Bolsonaro, y sostuvo que esos episodios contribuyeron a una fuerte polarización institucional.
El costo de vida conserva un peso electoral, aunque no ocupa el lugar dominante que suele tener en Argentina y otros países de América Latina. Según explicó, el aumento de los precios de los últimos años, relacionado en su análisis con la crisis posterior a la pandemia, puede afectar la evaluación de los votantes.
Gobernabilidad y poder político, ¿qué es el Centrão y cómo puede jugar a futuro?
Las elecciones en Brasil 2026 no será el único resultado relevante. En Brasil también se renovarán el Congreso y las gobernaciones, un proceso que puede definir la capacidad del próximo presidente para impulsar su agenda.
Felipe Galli describió un sistema en el que los partidos no suelen formar bloques sólidos capaces de garantizar por sí solos una mayoría. En ese escenario, destacó el peso de la llamada bancada evangélica, que reúne a legisladores de distintos partidos, y de los sectores identificados como “centrão”, una agrupación de fuerzas regionales con intereses diversos.
El analista electoral aclaró que esos grupos no necesariamente son de centro desde el punto de vista ideológico. Los describió como actores pragmáticos, con intereses industriales, agrarios, urbanos o religiosos, que pueden negociar con distintos gobiernos y ejercer influencia sobre la aprobación de leyes.

Por otro lado, señaló que los gobernadores brasileños tienen menos capacidad para imponer candidaturas y ordenar a sus legisladores, sino que el poder está más distribuido entre grupos regionales y empresariales, lo que hace que los acuerdos en el Congreso dependen de negociaciones caso por caso.
En ese marco, la gobernabilidad estará atada a la capacidad del próximo presidente para negociar. Galli sostuvo que Lula había demostrado habilidad para alcanzar acuerdos y que Bolsonaro también había conseguido hacerlo durante su mandato. En cambio, consideró todavía incierto cómo actuaría Flávio Bolsonaro si llegara al poder.
Así, las elecciones en Brasil 2026 combinan una competencia presidencial muy ajustada con una disputa por las bases religiosas, el mapa regional y los apoyos legislativos. Para Felipe Galli, la definición dependerá de quién retenga mejor a su electorado y quién consiga acercarse, en una eventual segunda vuelta fijada para el 25 de octubre, a los sectores que permanezcan fuera de los dos bloques principales.




