La crisis de los misiles de Cuba comenzó cuando Estados Unidos detectó, en plena Guerra Fría, armas nucleares soviéticas a pocos kilómetros de su territorio. El hecho, inédito, enfrentó a la potencia militar occidental con la Unión Soviética (URSS) en una disputa que por muy poco no derivó en una guerra nuclear.
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Durante casi dos semanas, el entonces presidente estadounidense, John F. Kennedy, y el líder soviético, Nikita Jruschov, midieron fuerzas mientras el mundo esperaba un desenlace. Fue el único momento en que las dos potencias estuvieron realmente cerca de usar su arsenal atómico.
Crisis de los misiles en Cuba: cómo inició el conflicto entre las dos potencias mundiales
Todo empezó con un vuelo de reconocimiento. Un avión espía U-2 de la Fuerza Aérea estadounidense sobrevoló el occidente de Cuba y tomó fotografías de la isla. Al analizarlas, los especialistas identificaron rampas de lanzamiento y misiles en construcción cerca de la localidad de San Cristóbal.
Las imágenes mostraban misiles de alcance medio e intermedio capaces de portar ojivas nucleares. Desde Cuba podían alcanzar buena parte del territorio estadounidense, incluida la capital, en pocos minutos. Kennedy fue informado al día siguiente de que el análisis confirmó el hallazgo.

Para entender por qué ocurrió, hay que mirar el contexto de la Guerra Fría. Estados Unidos y la Unión Soviética competían por la influencia global y se vigilaban con desconfianza. Washington tenía una ventaja clara en armas nucleares y podía golpear territorio soviético con mayor facilidad que su contrincante.
Esa desventaja preocupaba a Jruschov, sobre todo porque Estados Unidos había instalado misiles Júpiter en Turquía e Italia, y apuntaban directamente a la URSS. Colocar armas en Cuba era una forma de equilibrar la balanza y de responder a esa presencia militar cercana a sus fronteras.
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A esto se sumaba la situación de Cuba. Tras la revolución, el gobierno de Fidel Castro se acercó a Moscú y vivía con temor a una invasión estadounidense. El intento fallido del desembarco en Bahía de Cochinos y las operaciones encubiertas contra la isla reforzaron esa sensación de amenaza.
Entonces, los soviéticos organizaron una operación secreta, llamada Anadyr, para enviar misiles, técnicos y miles de soldados a la isla. Mantuvieron el plan en reserva y aseguraron públicamente que solo enviaban armas defensivas. El descubrimiento mostró que ese discurso no era cierto.
Guerra nuclear: qué estaba en juego tras el descubrimiento de los misiles en Cuba
De inmediato, Kennedy reunió a un grupo de asesores de seguridad para decidir cómo responder. Las opciones iban desde una negociación diplomática hasta un bombardeo de las bases o una invasión a Cuba. Los jefes militares presionaban por actuar con fuerza, pero el riesgo de una escalada era enorme.
Aceptar los misiles significaba cambiar el equilibrio estratégico y mostrar debilidad ante la Unión Soviética. Atacar, por su parte, podía provocar una respuesta soviética inmediata, quizás en Berlín, donde ambas potencias ya mantenían una tensión permanente. Cualquier error de cálculo desataría una nueva guerra a escala mundial.

Durante esos primeros días, el gobierno estadounidense mantuvo el hallazgo en secreto mientras evaluaba sus pasos. Solo después de un profundo análisis, Kennedy habló al país y anunció una medida de presión que llevó la crisis a su punto más crítico.
Esa medida fue el histórico bloqueo naval a Cuba. Finalmente, y luego de esta decisión del presidente estadounidense, Jruschov aceptó retirar los misiles soviéticos a cambio de que Estados Unidos se comprometiera a no invadir la isla.
Sin embargo, y en secreto, también acordaron que Washington retirara los misiles de Turquía. Además, y como medida de precaución, instalaron líneas directas de comunicación y firmaron un tratado para limitar las pruebas nucleares. Así, se evitó el conflicto bélico más peligroso para el mundo.




