En medio de las enormes protestas en Europa, la crisis en Bélgica se profundizó luego de que el primer ministro, Bart De Wever, presentara su renuncia ante el rey Felipe por no conseguir un acuerdo sobre los presupuestos federales. El líder nacionalista flamenco no logró unir a los cinco partidos que integran la coalición Arizona, que gobierna el país.
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El monarca todavía no aceptó la renuncia y comenzará una ronda de consultas con los líderes políticos. Mientras tanto, las calles belgas acumulan protestas y los sindicatos ya advierten con una nueva huelga general.
Bélgica: por qué fracasó el presupuesto y qué puede pasar ahora
El proyecto que De Wever llevó a la mesa de negociación contemplaba un ajuste de 10.000 millones de euros en los próximos años. El objetivo era reducir el déficit público del país, pero las medidas para conseguirlo dividieron a los socios de Gobierno y generaron un fuerte rechazo en buena parte de la población.
La coalición reúne a la Alianza Flamenca, el Movimiento Reformista, Vooruit, Les Engagés y el Partido Demócrata Cristiano y Flamenco. Se trata de fuerzas con ideologías muy distintas, desde la derecha conservadora hasta la centroizquierda, algo que volvió muy difícil ponerse de acuerdo en cómo repartir el costo del ajuste.

Las mayores diferencias aparecieron en materia fiscal. Según la prensa belga, los reformistas chocaron con Vooruit y con Les Engagés. Sobre la mesa estuvieron propuestas como subir un punto el IVA, gravar las operaciones bursátiles, recortar en sanidad, aumentar el copago de las consultas médicas y congelar la indexación de salarios y prestaciones sociales.
Cada una de esas opciones fue vetada por alguno de los socios, en muchos casos por razones ideológicas opuestas. Algunos partidos propusieron reducir el ajuste a 8.000 millones, pero De Wever se negó, con el argumento de que una cifra menor pondría en riesgo la calificación crediticia del país.
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Ante el bloqueo, el primer ministro descartó recurrir a los presupuestos provisionales mensuales, un mecanismo que habría permitido arrancar el nuevo año sin cuentas aprobadas. En lugar de eso, eligió presentar su dimisión al rey en una audiencia en el palacio.
Por su parte, la Casa Real emitió un comunicado en el que lamentó la falta de un presupuesto creíble y advirtió que el país no puede afrontar una crisis política prolongada, en un contexto de gran incertidumbre geopolítica y económica. También llamó a los partidos a actuar con responsabilidad y a priorizar el interés general.
Las protestas en Europa y su vínculo con la crisis de Bélgica
El malestar por el ajuste ya se venía sintiendo en las calles de Bélgica. Miles de trabajadores y estudiantes marcharon por Bruselas contra la austeridad, con cientos de vuelos cancelados y cerca de 200 detenidos en el conjunto de las movilizaciones. El sindicato FGTB tiene un mandato para convocar una huelga general si el Gobierno cruza sus líneas rojas.

Lo que ocurre en Bélgica forma parte de una ola más amplia. Francia, Italia, Portugal y España ya vivieron manifestaciones por el costo de vida, los bajos salarios, la vivienda y los recortes en servicios públicos. En Francia, por ejemplo, salieron cientos de miles de personas, y en Italia hubo choques con la policía y serios disturbios en Milán.
De esta manera, la dimisión de De Wever muestra lo difícil que resulta para las coaliciones europeas aprobar ajustes severos cuando la calle ya está movilizada y los socios de Gobierno no logran ponerse de acuerdo.




