La renta petrolera de Vaca Muerta, derivada de la exportación de petróleo y gas, corre el riesgo de apreciar el tipo de cambio y quitar competitividad a otros sectores de la economía. Para evitar lo que se conoce técnicamente como “la enfermedad holandesa” —una extraordinaria afluencia de divisas en los Países Bajos en la década de los 60, fruto de las exportaciones de gas en el Mar del Norte—, analistas privados apuntan al modelo noruego como solución para preservar esos ingresos.

¿Qué sucedió en el país nórdico? En 1969, el descubrimiento de un gigantesco yacimiento petrolero y gasífero en el Mar del Norte supuso un golpe de suerte para la economía noruega. Las autoridades del país nórdico decidieron entonces crear un fondo soberano —el Government Pension Global Fund— para administrar esos ingresos de forma responsable y con una mirada de largo plazo. La primera operación se realizó en 1998.
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Tal como explicó el embajador de Noruega en Argentina, Halvor Sætre, “el portafolio está profesionalizado”. El papel de este fondo es generar la mayor rentabilidad posible con un riesgo moderado, de manera de proteger la riqueza nacional pensando en las futuras generaciones.
Boom petrolero: quién controla el fondo soberano noruego y cómo se administra
Con activos invertidos por un total de 2,1 billones de dólares, el fondo cuenta con acciones en más de 7000 empresas de todo el mundo, excepto en Noruega, y posee alrededor del 1,5% del capital accionario que cotiza en los mercados bursátiles del planeta. También tiene participación en complejos inmobiliarios en algunos de los principales centros urbanos, que generan una renta por su alquiler.

La inversión y la administración de este fondo están a cargo del Norges Bank Investment Management, la división de gestión de activos del Banco Central de ese país. Sus ingresos permiten financiar el 20% del presupuesto nacional. “Se busca evitar el recalentamiento de la economía y distorsiones en otros sectores“, señaló el embajador, quien enfatiza los logros de la gestión de ese fondo soberano.
Existe, asimismo, una regla fiscal, consensuada en 2001 por todas las fuerzas políticas, que compromete al gobierno noruego a gastar, en promedio, el equivalente a la rentabilidad real esperada del fondo, estimada en un 3% anual. Ese acuerdo permite que el gasto se efectúe siguiendo una lógica contracíclica; es decir, utilizar una porción mayor de esa renta durante recesiones económicas para sostener la actividad, y gastar menos durante los periodos de bonanza.




