Ante la perspectiva de una duplicación del tráfico aéreo en el mundo en los próximos 15 años, la descarbonización del sector implica disponer, en el mediano plazo, de combustible de aviación sustentable, conocido por su sigla en inglés SAF (Sustainable Aviation Fuel). Se trata de una alternativa al jet fuel, que permite reducir las emisiones contaminantes provocadas por la aviación comercial.
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Actualmente, la aviación representa el 2,5% de las emisiones de dióxido de carbono a nivel global. El objetivo de la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI) es reducir en un 5% la huella de carbono del sector en 2030 utilizando SAF. Y la meta final es alcanzar las “cero emisiones”, a más tardar, en 2050.

Hoy, según los expertos del sector, el combustible de aviación sustentable representa la alternativa más realista para descarbonizar la industria aeronáutica y disminuir el impacto ambiental del transporte aéreo. Además del impulso del combustible, las innovaciones en el diseño de aeronaves y la eficiencia de los motores son aspectos críticos de la estrategia de control de emisiones.
El camino hacia la descarbonización del transporte aéreo
De acuerdo con cifras de la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA), los volúmenes de producción mundial de combustible de aviación sustentable (SAF) prácticamente se duplicaron entre 2024 y 2025, al pasar de 1 a 1,9 millones de toneladas. Este último volumen equivale a 2400 millones de litros. Pasaron de representar el 0,3 al 0,6% del consumo total de combustible de las aerolíneas.

Se espera que la tendencia se mantenga este año, con una producción total de 2,4 millones de toneladas de producción. A mediano plazo, la estimación indica que en 2030 se alcanzarán a los 18,5 millones de toneladas, que equivalen a 22.500 millones de litros. Esto implica multiplicar por diez la capacidad actual.
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Combustible de aviación sustentable: los proyectos en danza y el lugar de Argentina
En la actualidad, existen 140 proyectos de SAF, a cargo de más de 100 productores de 31 países, que entrarían en operación hacia 2030. La tecnología más madura y comercialmente viable es la denominada “HEFA”, sigla en inglés de “hidrogenación de ésteres y ácidos grasos”. Se trata de la refinación de aceites vegetales, aceites residuales o grasas mediante un proceso que utiliza hidrógeno, y es similar al método utilizado para la producción de biodiésel.

El proyecto de mayor dimensión en el mundo es el que desarrollan la empresa china Oriental Energy y la estadounidense Honeywell en Maoming, en la provincia de Guangdong (China), con una producción estimada de 1 millón de toneladas anuales.
Por su parte, Singapore Airlines firmó un acuerdo con la empresa finlandesa Neste, líder en el sector, destinado al suministro de SAF para el aeropuerto internacional de Changi (Singapur). Ya existe, en esta última terminal aerocomercial, un programa piloto para suministrar 1000 toneladas anuales de SAF, en un corte con jet fuel refinado por ExxonMobil.

A su vez, Brasil cuenta con el Programa Nacional de Combustible Sostenible de Aviación (ProBioQAV), que acaba de ser reglamentado y busca reducir las emisiones de los vuelos domésticos un 10% para 2037. Se estima que la producción brasileña de SAF podría alcanzar los 2100 millones de litros anuales de SAF en 2030 y los 3600 millones en 2035.
Argentina también tiene un alto potencial para el desarrollo de los SAF, ya que el país produce y procesa aceites y grasas aptas para su transformación en este tipo de combustible. Existe un proyecto en etapa de construcción, que consiste en la reconversión de la antigua refinería de YPF de la localidad santafesina de San Lorenzo. Con una inversión de 400 millones de dólares, la petrolera y la firma rosarina Essential Energy planean inaugurar en 2029 una biorrefinería con capacidad para producir 100.000 toneladas anuales, equivalentes a unos 125 millones de litros, en su primera etapa.




