La disrupción en el suministro de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz, que comienza a encontrar visos de solución a partir de la decisión de Irán de reabrir este paso estratégico, ha cambiado el tablero energético global. Tal como señala Carlos Mendizábal, profesor del Instituto de Energía de la Universidad Austral, estamos ante una “crisis que no es coyuntural, sino estructural”.
- Te puede interesar: Por qué la isla “petrolera” de Kharg es clave para el régimen iraní
“El mundo entero enfrentará, por un tiempo prolongado, un proceso de reordenamiento de sus fuentes de energía hasta alcanzar un nuevo equilibrio”, afirma este especialista. “El sistema energético, al menos por un tiempo no menor, dejará de operar bajo los supuestos de estabilidad de las últimas décadas. El costo de la energía será más volátil, las decisiones estratégicas deberán ser revisadas y la seguridad de suministro pasará a ocupar un lugar central que hasta ahora no había tenido”, añade.

Rusia, el gran beneficiado; Europa y Asia, los mercados más golpeados
Al analizar la situación de cada mercado, Mendizábal advierte que, más allá de ser un gran exportador de petróleo, Estados Unidos “no está completamente blindado” debido a su “integración al sistema de precios globales” y al “impacto que estos tienen sobre su economía y su política energética”.
Su gran rival geopolítico, China, aparece mejor posicionado dado el volumen de sus reservas estratégicas y la diversidad de su matriz energética. “Sin embargo, su alta dependencia de flujos provenientes del Golfo mantiene una vulnerabilidad estructural si la disrupción se prolonga”, matiza el docente del Instituto de Energía de la Universidad Austral.

Por su parte, aprovechando la situación de escasez en los mercados, Rusia ha recuperado cierto protagonismo gracias al relajamiento de las sanciones que pesaban sobre su industria hidrocarburífera. En cambio, señala Mendizábal, “Europa mantiene una fuerte dependencia externa y limitaciones en su capacidad de respuesta”, como consecuencia de “decisiones energéticas recientes”, como el abandono de la energía nuclear por parte de países centrales como Alemania, y la agenda verde impulsada por sectores ambientalistas.
- Te puede interesar: Autos: por qué Europa flexibilizó el veto a los motores a combustión y qué sucederá después de 2035
“Las tensiones en Medio Oriente dejan en evidencia la fragilidad de su esquema energético y la dificultad de sustituir fuentes en el corto plazo, afectando la vida cotidiana y la competitividad de sus industrias”, completa el especialista.
Otro de los grandes afectados es el continente asiático, donde “muchos países están sufriendo racionamiento de suministro o directamente falta de energía, junto con aumentos significativos de precios”. “Los gobiernos ya han comenzado a intervenir con subsidios, controles o medidas de emergencia, lo que refleja la dimensión económica y social que está adquiriendo la crisis”, indica Mendizábal.

Argentina: mayores costos e inflación, pero listo para ser proveedor internacional de hidrocarburos
“Argentina no está aislada del mercado internacional”, indica el experto de la Austral. En ese sentido, señala, “el impacto de los precios locales de combustibles, fertilizantes y energía eléctrica están directa o indirectamente influenciados por la dinámica global”.
“Un aumento sostenido del precio del petróleo y de los productos refinados presiona sobre los costos logísticos, el transporte y, en última instancia, la inflación. A esto se suma la necesidad de importar energía en los picos de frío del invierno, lo que incrementa la presión sobre las divisas y los precios”, alerta Mendizábal.
Con la mirada en el mediano plazo, el analista observa que nuestro país “puede posicionarse como proveedor confiable de gas, petróleo y, en el futuro, gas natural licuado (GNL), así como de minerales críticos”. Y concluye que “será determinante la política que adopten los próximos gobiernos: evitar decisiones de corto plazo que desalienten la inversión y terminen comprometiendo el desarrollo del sector”.




