El bloqueo del Estrecho de Ormuz, en medio de la crisis en Medio Oriente, golpeó de lleno a Arabia Saudita y al comercio global de petróleo, al interrumpir una de las principales rutas de exportación de crudo del mundo. Ante este escenario, el país recurrió a su oleoducto Este-Oeste, también conocido como Petroline, una infraestructura clave que permite trasladar petróleo hacia el mar Rojo sin depender de ese paso estratégico.
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Esta infraestructura conecta los principales yacimientos del este saudí con el puerto de Yanbu, lo que permite redirigir las exportaciones y evitar la zona de conflicto. En las últimas semanas, su uso se intensificó en un intento por sostener el flujo de petróleo hacia los mercados internacionales, aunque su capacidad máxima no logra compensar completamente la interrupción del tránsito por Ormuz.
Estrecho de Ormuz: Arabia Saudita impulsa el oleoducto Petroline
El oleoducto Petroline fue concebido como una alternativa estratégica frente a posibles interrupciones en el Estrecho de Ormuz.
La infraestructura, construida en la década de 1980 tras episodios de inestabilidad regional, atraviesa el territorio saudí a lo largo de unos 1.200 kilómetros. Su trazado subterráneo, en gran parte bajo el desierto, responde a la necesidad histórica de garantizar la continuidad de las exportaciones energéticas incluso en escenarios de conflicto.

Tras el recrudecimiento de la crisis actual y el cierre del Estrecho de Ormuz, Arabia Saudita incrementó el uso de este sistema para sostener sus exportaciones. Parte del crudo que antes salía por el Golfo ahora es redirigido hacia el puerto de Yanbu, localidad portuaria a orillas del mar Rojo, desde donde se embarca hacia los mercados internacionales.
El aumento del flujo a través del oleoducto fue significativo. De transportar alrededor de un millón de barriles diarios, el sistema busca acercarse a su capacidad máxima estimada en unos 7 millones de barriles por día, lo que lo convierte en una pieza central dentro de la estrategia energética saudí.
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El uso intensivo del Petroline también expone sus propios límites. Aunque representa una alternativa clave, su capacidad no alcanza para reemplazar en su totalidad el volumen que normalmente atraviesa el Estrecho de Ormuz, lo que mantiene la presión sobre los mercados energéticos globales.
Crisis de petróleo: una solución insuficiente para el mercado global
Sumado a la limitación práctica en relación a la imposibilidad de transportar las mismas cantidades de crudo que por el estrecho de Ormuz, también deben considerarse restricciones logísticas en el mar Rojo, como la capacidad portuaria y la disponibilidad de buques, que generan nuevos cuellos de botella en la cadena de suministro energético.

El impacto también se extiende a otros países del Golfo, muchos de los cuales dependen casi exclusivamente del Estrecho de Ormuz para exportar su petróleo y no cuentan con alternativas comparables. Esto refuerza la presión sobre los mercados y eleva la incertidumbre global, lo que podría generar una fuerte crisis de petróleo a gran escala.
Aunque exista esta nueva alternativa para apaciguar la crisis tras el cierre del Estrecho de Ormuz, el sistema energético internacional sigue concentrado en puntos críticos cuya interrupción tiene efectos inmediatos a nivel internacional, en principio por la desigualdad de condiciones entre ambos pasos.




