Este año se conmemora el 200 aniversario de una odisea que atravesó, silenciosa, la historia argentina: el retorno de los Granaderos de los Andes tras combatir en Ayacucho. Fue en 1824 cuando un reducido grupo de soldados -que supieron luchar bajo el mando del general José Francisco de San Martín– emprendió su regreso a Buenos Aires.
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Esos hombres, que cargaban con el peso de haber combatido por la libertad e independencia frente al poder realista, emprendieron la vuelta en un contexto adverso y con recursos escasos. La travesía, que se extendió durante 14 meses, constituye uno de los capítulos menos abordados de la historia militar argentina. En diálogo con DEF, el autor del libro “Granaderos de los Andes. El regreso 1824-1826”, el general (retirado) Miguel Ángel Podestá, analizó ese proceso y el enfoque de su nueva obra.

“Este libro no se trata de batallas y combates (que ya se habían librado), sino de la condición humana de jóvenes que se sumaron a la causa noble de la libertad y empeñaron en ella parte de su vida. Esta historia se narra a través de las personas reales que la protagonizaron”, prologa Podestá en esta obra que, según cuenta a DEF, decidió emprender tras la publicación de otros dos libros, “Corazones de patrio sentir” y “Eustoquio Frías, el último granadero”.
En esa línea, el escritor es contundente: “Este nuevo libro es parte de una trilogía que comenzó con la historia de Eustoquio Frías y seguirá con el relato de Ituzaingó, que estoy escribiendo con el objetivo de publicarlo el próximo año, con motivo del aniversario de la batalla. Allí también aparecen Frías y los Granaderos que regresaron a Buenos Aires. Porque apenas lo hicieron, se incorporaron al ejército para combatir contra el imperio de Brasil. Entonces, con el retorno de estos soldados no se terminó su historia, empezó otra”.
El dato: para dar cuenta de los detalles y escenarios alrededor de la vuelta a casa de esos Granaderos, el autor recurrió y revisó una infinidad de archivos. Además, tomó una decisión clave a la hora de recuperar el regreso de los efectivos: novelar la investigación.

Podestá: “Me gusta darles voz a los Granaderos”
-¿Por qué decidió investigar sobre este período poco conocido de la campaña del Cruce de los Andes?
-Este año se conmemora el bicentenario del regreso de los Granaderos. Eustoquio Frías fue uno de esos hombres. Entonces, me pareció adecuado profundizar la investigación en el retorno, una vez que finalizó la batalla de Ayacucho, en diciembre de 1824. Estos soldados llegaron a Buenos Aires en febrero de 1826, tardaron 14 meses.
Encontré documentación adecuada para poder hacerlo y me enfoqué en la conducta humana de las personas, porque los combates y batallas ya habían finalizado. Para regresar a Buenos Aires, ellos debieron atravesar una serie de penurias y problemas relativos a la organización militar.
-¿Qué documentos encontró para esta investigación?
-Granaderos de los que regresaron, como Eustoquio Frías y Domingo Arrieta, escribieron sus memorias y en ellas relatan parte de la travesía. Además, en el Archivo General de la Nación, están todas las carpetas del Ejército de los Andes. Hay documentos muy interesantes que me permitieron validar la información (alguna ya conocida, otra de carácter inédito). Uno a destacar son los partes que se elevaron a Buenos Aires, firmados por el coronel Bogado, sobre el retorno a Buenos Aires.
Por otro lado, con motivo del 150° aniversario de su independencia, Perú digitalizó los documentos vinculados a este episodio. Uno puede revisarlos y en ellos también puede dar cuenta del recorrido del regimiento. Lo mismo sucede con los archivos venezolanos relacionados con Bolívar. Con ellos se pueden conocer las decisiones que se tomaban, como la de ordenar el regreso de los Granaderos a Buenos Aires. También recurrí a los legajos de los efectivos, que están en el Archivo Histórico del Ejército. Esa fue la manera de reconstruir esta historia.

–¿Cómo fue para usted hacer esa investigación?
-Luego de haber novelado la historia de Eustoquio Frías adquirí algunas destrezas y las fui perfeccionándo, siempre enfocado en la condición humana. Creo que ahí está la clave: me gusta darles voz a los Granaderos, ponerlos en acción, vincularlos y tratar de dar cuenta de los conflictos que pudieron haber existido. Eso me inspira a la hora de escribir.
Desde Perú al Río de la Plata: las pericipecias de los Granaderos que regresaron a Buenos Aires
-Usted mencionó que los Granaderos atravesaron algunos obstáculos para regresar, ¿qué condicionó ese retorno?
-Cuando terminó la batalla de Ayacucho, en diciembre de 1824, aún quedaban dos resistencias realistas. Una en el puerto de Callao (se negaron a aceptar la capitulación) y otra en lo que actualmente es Bolivia.
Entonces, a pesar del triunfo, todavía faltaba neutralizar esas resistencias. En la actual Bolivia eso se logró en 1825 y en las fortalezas del Callao, en enero de 1826. Entonces, hubo una cierta necesidad de retener al regimiento para evaluar su empleo contra esos dos focos. Finalmente, eso no sucedió y ellos hicieron una larga travesía para llegar, desde Ayacucho, a Arequipa y embarcar hacia Chile. Luego, llegaron a Valparaíso y, posteriormente, a Santiago de Chile. Esperaron el fin del invierno, para que se abra la cordillera, y la atravesaron en el verano. Otra gran dificultad fue conseguir los medios económicos para trasladarse.







-¿No estaban esos medios?
-Escaseaban. Finalmente, el gobierno de Buenos Aires fue haciendo los aportes necesarios. Apareció, en Mendoza, un contratista de carretas, Toribio Barrionuevo, que se ofreció a trasladarlos a Buenos Aires en 23 de ellas. Eso no fue del agrado de los Granaderos, pero fue la solución que se encontró en aquel momento y fue así que retornaron. De hecho, en el Archivo General de la Nación está el recibo de pago al Barrionuevo: por 23 carretas, 10 caballos y novillos para la carneada diaria.
-¿Hubo un recibimiento en Buenos Aires?
–No, las circunstancias políticas quizá no lo permitieron. Ya estaba declarada la guerra contra el imperio de Brasil y todas las preocupaciones estaban enfocadas en formar un nuevo ejército para combatir. Por otro lado, había un congreso constituyente que estaba por sancionar una constitución con provincias recelosas de Buenos Aires. Había múltiples preocupaciones. Solo el tiempo y la memoria recataron esa historia.
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-¿Considera que ese retorno simbolizó algo para la construcción de la identidad argentina?
-Considero que sí. La gran importancia que tiene para mí este pequeño grupo de granaderos -menos de 100- que llegaron en febrero de 1826 es que fue la única unidad organizada como tal que volvió del Perú. En agosto de 1820, 4.000 hombres -argentinos y chilenos, de diferentes unidades- desembarcaron en Perú para luchar por su independencia. Pero la única unidad que regresó, sumamente disminuida, fue la del Regimiento Granaderos a Caballo.
Eso pone en valor la resiliencia de estos efectivos, quienes a pesar de todas las dificultades se mantuvieron: un Regimiento que supo tener 800 hombres regresó a Buenos Aires con 86 de ellos. Algunos lo hicieron antes, de forma individual, y otros luego, por distintas razones. Ahí reside la relevancia de este regreso.

“La resiliencia para regresar obedece a la disciplina que recibieron en el Plumerillo, a las órdenes de San Martín”
-Los Granaderos que regresaron, ¿fueron los mismos que cruzaron los Andes?
-Muy pocos. O sea, están registrados siete granaderos. Hay una placa que los homenajea en el Regimiento: hicieron toda la campaña y regresaron. Con respecto al resto, hubo muchos mendocinos y puntanos que se habían incorporado entre 1816 y 1817. Luego, en Chile, se sumaron otros tantos. Incluso, en Perú se registraron numerosas bajas -no únicamente por el combate, sino también por enfermedades- y ellos fueron reemplazados por peruanos.
Cuando se dio la orden de regresar, Bolívar determinó que los peruanos debían permanecer e incorporarse al ejército del Perú.
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-¿Cómo era la vida de los granaderos que regresaron?
-Hay que imaginar el tránsito por la Cordillera de los Andes. Para llegar de Ayacucho a Arequipa, necesitaron aproximadamente 45 días. Tenían que transitar cientos de kilómetros en mula. Había un desgaste físico permanente. Muchos fallecían. Por ejemplo, si uno considera a los seis jefes que tuvo el Regimiento de Granaderos en el Perú, dos murieron allí, otros dos fueron heridos gravemente en combate. El quinto, Alvarado, adquirió lo que se conocía como fiebre terciaria (que sería una malaria). El único que regresó sanó fue Lavalle. O sea, si eso le sucedía a los jefes, imaginate al resto.
-A usted, que además de ser un ciudadano argentino alcanzó el grado de general en el Ejército Argentino, ¿cómo lo impactan estas historias?
-Me llena de orgullo la vida de estos soldados que dejaron su juventud para vestir el uniforme y defender la libertad. La gran mayoría no regresó, son héroes anónimos que quedaron en tumbas desconocidas. Por eso, les dedico el libro a los Granaderos que empuñaron con valor el sable de la patria y nunca regresaron.
Lo que me atrapó y emocionó fue darle vida a esos jóvenes y poder ponerlos en valor.
-¿Considera que para esos hombres fue un orgullo haber combatido al mando del general San Martín?
-Lo reconocen. Mucho de ese orden y la resiliencia para permanecer y regresar -a pesar de las dificultades- obedece a la disciplina que recibieron en el campo de Plumerillo, a las órdenes de San Martín.
Tal fue la calidad de los cuadros del regimiento, que Bolívar empleó a varios de ellos como oficiales para unidades del ejército peruano. Eso habla muy bien de la organización del Regimiento de Granaderos y de la capacidad de “el libertador” para conducir hombres. Sin duda, eso se le debe al general San Martín.
-¿Qué le gustaría a usted que el lector se lleve de su libro?
-El lector no se va a encontrar con un relato de combates y batallas, sino con la condición humana de hombres que pusieron su espada y parte de su juventud al servicio de la libertad. Y me gustaría que se emocione con esas pequeñas historias que tiene el libro, relatos de personas, con nombre y apellido y de jerarquías intermedias, que debieron enfrentar esas circunstancias y las pudieron llevar adelante.




