La Ruta Nacional 11 conduce hasta la planta de Fabricaciones Militares “Fray Luis Beltrán”, a pocos kilómetros de Rosario. Allí, entre el movimiento de la ruta y las vías del ferrocarril “General Belgrano”, aparece el acceso. El predio se extiende detrás de sus portones como una pequeña ciudad industrial: calles internas, galpones, naves de producción y distintas instalaciones se suceden dentro de un enorme espacio que durante décadas estuvo ligado a la fabricación de materiales destinados a las Fuerzas Armadas.
De hecho, la cercanía con el ferrocarril no es casual: desde sus orígenes, la ubicación respondió también a la necesidad estratégica de contar con una vía para transportar materias primas, insumos y productos. Nada allí está librado al azar.
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Días atrás, DEF visitó el lugar. Allí, nos recibió su director, el teniente coronel Marcelo Pessina, designado por los nuevos directivos de Fabricaciones Militares –Pablo Glöggler y Diego Martínez– para encarar una fase clave en el plan de reactivación y fortalecimiento de la firma que depende del Ministerio de Defensa.

Junto a Martínez, Pessina recorre las instalaciones. A propósito, muy pintorescas, aunque allí lo que interesa es que son fundamentales si se quiere pensar en la soberanía del país: en un contexto mundial de faltante de munición -por los distintos conflictos armados que existen- las Fuerzas Armadas argentinas deben contar con capacidades propias para evitar la dependencia de terceros.
Son varias las plantas que DEF recorrerá a lo largo de la jornada. Allí se produce munición de distintos calibres, se desarrollan soluciones para responder a las necesidades de sus principales clientes -las Fuerzas Armadas y de Seguridad- y también se fabrican chalecos balísticos. Para sostener esa actividad, el predio cuenta con infraestructura y trabajadores que conviven a diario con la tecnología y los recursos necesarios para mantener en funcionamiento la producción, desde plantas potabilizadoras hasta generadores de energía.
Pero hay algo que no figura en los planos y que, sin embargo, se percibe apenas se empieza a recorrer el lugar: el orgullo de quienes trabajan allí. Para muchos, la fábrica es más que un espacio de trabajo. Hay un vínculo que atraviesa generaciones: varios de los empleados actuales son hijos de antiguos trabajadores de la planta.

Fabricaciones Militares y un objetivo en la mira: las Fuerzas Armadas
Desde Santa Fe, explican que Fabricaciones Militares busca recomponer y profundizar su vínculo con las Fuerzas Armadas y las de Seguridad, en el marco de una nueva etapa orientada a recuperar a las instituciones castrenses como clientes y socios estratégicos.
La estrategia también contempla una mayor integración de profesionales provenientes de las distintas Fuerzas. Históricamente, los principales cargos directivos de la compañía estuvieron ocupados por personal vinculado al Ejército Argentino. Según explicaron, la nueva conducción busca ampliar esa mirada e incorporar también especialistas de la Armada y la Fuerza Aérea. Algo que, de hecho, ya comenzó a materializarse.
“Tenemos que recuperar la relación con las Fuerzas”, sintetizaron desde la compañía al explicar el objetivo de esta nueva etapa.

La intención, según plantearon, es que ese acercamiento permita conocer de primera mano las necesidades militares y traducirlas en nuevos proyectos y desarrollos. La apuesta es, en definitiva, volver a construir un vínculo más estrecho con quienes constituyen uno de los principales destinatarios de las capacidades que desarrolla la empresa.
“Fray Luis Beltrán”: capacidad industrial que vuelve a ponerse en marcha
Desde Santa Fe, el teniente coronel Pessina plantea que Fabricaciones Militares conserva una capacidad productiva que excede ampliamente la fabricación de armamento. A lo largo de su historia, la empresa llegó a producir desde munición y armas hasta otros bienes, siempre aprovechando su infraestructura industrial y un conocimiento técnico que, según explica, todavía permanece dentro de las plantas. Por ejemplo, la primera radio a transistores se pudo hacer allí.
“Tenemos la capacidad productiva, tenemos las máquinas y tenemos la gente”, resume. Para el teniente coronel, ese entramado constituye uno de los principales activos de Fabricaciones Militares y permite pensar nuevamente en proyectos que durante años habían quedado discontinuados.
“Estamos volviendo a producir munición de artillería”, confiesa, no sin antes destacar que la empresa trabaja en desarrollos para el Ejército, entre ellos munición para el SK-105 y adaptaciones necesarias a partir de las nuevas prestaciones incorporadas por los TAM 2C- A2 modernizados.

Otro gran avance: pronto el Ejército Argentino se adiestrará con Brasil en el ejercicio combinado Arandú. Para la actividad, la Fuerza necesitaba munición de ejercicio para el TAM. ¿Quién atendió el teléfono para recepcionar la solicitud? Fabricaciones Militares. “En Córdoba se prendieron máquinas que hace décadas no funcionaban para poder hacer las adaptaciones”, confiesan.
Ingeniería inversa para recuperar capacidades
En ese proceso, la ingeniería inversa aparece como una herramienta central. Pessina explica que los ingenieros de Fabricaciones Militares están trabajando para recuperar componentes de sistemas que históricamente dependieron de proveedores extranjeros y desarrollar nuevamente capacidades propias.
Uno de los casos mencionados es la munición del TAM. Aunque Fabricaciones Militares no había producido originalmente el proyectil completo, algunos de sus componentes más complejos eran de origen extranjero. Ahora, los ingenieros trabajan para desarrollar esos elementos localmente y recuperar parte de ese conocimiento.

La misma lógica aparece en otros desarrollos de la empresa, desde modernizaciones de armamento hasta adaptaciones de sistemas adquiridos en el exterior. “No es solamente producir, sino ingeniería”, insiste Pessina. “Esto es lo que hace el mundo”, explica.
“No fabricamos caramelos”: los trabajadores de Fabricaciones Militares, eslabones clave para la industria militar
Uno de los aspectos más llamativos de la recorrida aparece cuando Pessina explica qué ocurrió con algunos procesos industriales que fueron discontinuados. Durante años, determinadas capacidades dejaron de estar activas. El resultado fue que, cuando Fabricaciones Militares intentó recuperarlos, tuvo que recurrir a quienes habían trabajado en ellos décadas atrás. Así, ese conocimiento se convirtió en un activo estratégico. Trabajadores que habían participado de procesos durante las décadas de 1970 y 1980 fueron consultados nuevamente para reconstruir procedimientos y poner en marcha líneas que habían quedado detenidas.
Ese conocimiento también tiene una dimensión familiar. Pessina destaca que una parte importante del personal técnico tiene vínculos históricos con la fábrica: hijos, nietos y otros familiares forman parte de la actual estructura. “No fabricamos caramelos. Acá se va un personal técnico, con -por ejemplo, conocimientos sobre pólvora– con amor y la camiseta de la empresa puesta, y no existe nadie en el mercado que pueda llevar adelante ese trabajo de la misma manera”, cuentan, al tiempo que insisten en la relevancia de conocer los procesos y las máquinas.

Un detalle: en las plantas militares, la estructura de mano de obra directa es más amplia que en una fábrica convencional. El área de seguridad industrial, que en otros establecimientos podría considerarse mano de obra indirecta, aquí forma parte del proceso productivo. La explicación radica en que la fábrica no puede comenzar a operar si el personal de seguridad no está presente. Son trabajadores que, entre otras tareas, controlan las cargas que salen de la planta y acompañan procesos que involucran materiales de alto riesgo. “Acá salen camiones con pólvora. Es complejo”, advierten, mientras explican los cuidados que exige trabajar con productos químicos y materiales que requieren protocolos específicos de manipulación, almacenamiento y traslado.
“Trabajamos por amor a la Fábrica”
Uno de los ejemplos más fuertes de ese vínculo entre la fábrica y quienes trabajan en ella aparece en las propias historias familiares. “Los dos somos hijos del personal que trabajó acá”, comenta Carlos Mionis. A su lado, Germán Constantini, uno de los jefes de la planta de Armas, agrega: “Mi abuelo fue uno de los que abrió la Fábrica. Mi papá también trabajó acá, jefe de prototipo”.
Esa memoria también resulta clave a la hora de recuperar capacidades que habían quedado discontinuadas. Mientras se trabaja en la recuperación del proyectil para el TAM, Constantini explica que buena parte del conocimiento necesario para retomar ese proceso tuvo que buscarse en quienes habían participado de su fabricación décadas atrás. “El proyectil del TAM se hizo acá. Mi papá los hacía. Luego se discontinuó. Solo quedó grabado en gente grande que trabajó con eso. No quedó nada escrito”, relata Germán. Cuando Pessina le pregunta a quién tuvo que recurrir para avanzar, la respuesta es inmediata: “A los viejos”.
Es justamente allí donde la recuperación de una capacidad industrial deja de ser solamente una cuestión de máquinas y procesos. También implica recuperar conocimientos que permanecieron en la memoria de quienes trabajaron durante años en la fábrica. En “Fray Luis Beltrán”, esa transmisión convive con un sentimiento clave: “Tenemos sentido de pertenencia con la empresa. Es enorme y nos sentimos orgullosos de lo que podemos aportar para que mejore”. Germán completa la idea con una frase que resume buena parte de lo que se percibe durante la recorrida: “Trabajamos por amor a la Fábrica”.

Detrás de Carlos hay un relato en el que ese vínculo adquiere una dimensión todavía más personal. El actual responsable de la planta de iniciadores es hijo de uno de los trabajadores que murió hace una década en un accidente ocurrido dentro de ese sector. Él también estaba trabajando aquel día y, por una circunstancia fortuita, no se encontraba junto a su padre y otro compañero cuando ocurrió el accidente. Después de lo sucedido, la planta fue modernizada y quienes trabajaban allí fueron trasladados a otros sectores. Cuando le preguntaron dónde quería continuar, tuvo una respuesta: quería quedarse.
“Mi desafío personal fue quedarme acá y que esto no vuelva a pasar”, confiesa. Para volver a conformar el equipo de trabajo se realizó una selección externa, ya que prácticamente nadie quería regresar a esa planta después de lo ocurrido. Él, sin embargo, decidió asumir el desafío. Desde entonces, explica, su principal motor es que un accidente como aquel no vuelva a repetirse.
Trabajar en una planta donde se manipulan explosivos y productos químicos implica convivir con el riesgo. Pero quienes están al frente de estos sectores hacen una distinción: no se trata de trabajar con miedo, sino con respeto. En una fábrica donde incluso una descarga de electricidad estática puede representar un riesgo al trabajar con iniciadores, esa diferencia entre miedo y respeto no es una cuestión semántica: forma parte de la cultura con la que se trabaja todos los días.

En un mundo en guerra, la industria nacional de munición vuelve a estar en el radar de las Fuerzas
A la hora de hablar del valor que tiene el sello de Fabricaciones Militares en la munición, desde la planta destacan que es sinónimo de calidad y sostienen que sus productos pueden incluso superar a determinadas municiones importadas. Un ejemplo de ese reconocimiento surgió cuando una asociación dedicada al tiro de larga distancia se acercó a la fábrica en busca de una munición específica. En ese tipo de disciplinas, explican, cada componente cuenta: desde la calidad del latón y la punta hasta la cantidad y características de la pólvora utilizada.
“Nosotros tenemos un cañón martelado. Afuera se hace forjado o templado. El martelado hunde tanto las moléculas que el material es súper duro”, describen los trabajadores, no sin antes destacar que el armamento es de alta calidad justamente por ese motivo. “Podemos hacer cualquier tipo de cañones”, cuentan, y agregan: “El sello ‘FM’ vale mucho”.

El funcionamiento de una munición depende de un sistema compuesto por distintos elementos -iniciador, multiplicador y proyectil- y la calidad de los materiales resulta determinante para garantizar su desempeño. Cuando la pólvora deflagra, las presiones que se generan exigen que el material del cartucho tenga la resistencia necesaria para soportarlas. “Nuestro latón es de primerísima calidad”, destacan desde Fabricaciones Militares. Esa confianza también se trasladó al ámbito deportivo: la empresa ha sponsoreado a un integrante de Gendarmería y también acompañó a los comandos de las Fuerzas Armadas en distintas competencias.
Para Pessina, el escenario internacional también modificó las necesidades de las Fuerzas Armadas y volvió a poner el foco sobre las capacidades nacionales. De hecho, hay fábricas en el mundo que tienen lista de espera, otras, en cambio, deicidieron producir para sus propios países. Según explica, las dificultades que existen actualmente para adquirir determinados productos en el mercado internacional hicieron que las Fuerzas comenzaran a mirar nuevamente hacia la industria local. “Los clientes, acostumbrados un poco a mirar afuera, empezaron a mirar más para adentro”, señala.

Chalecos balísticos para las Fuerzas Armadas y de Seguridad
Entre las capacidades que Fabricaciones Militares busca recuperar y fortalecer también aparece la producción de chalecos balísticos. La planta llegó a fabricar alrededor de 4.000 unidades por mes y durante años abasteció a distintas Fuerzas Armadas y de Seguridad. Hoy, sin embargo, ese mercado también enfrenta la competencia de productos importados, especialmente de origen chino. Desde la fábrica remarcan que, en este tipo de equipamiento,la calidad no se mide únicamente por la capacidad de detener un proyectil, sino también por la vida útil del material.
El desafío, explican, es que un chaleco balístico no es un producto que pueda evaluarse solamente a simple vista. El modo en que se almacena, por ejemplo, puede afectar sus prestaciones. Por eso, desde Fabricaciones Militares sostienen que la calidad también incluye los controles, las especificaciones técnicas, las instrucciones de uso y las garantías que acompañan al producto. En definitiva, se trata de un elemento pensado para proteger la vida de quien lo utiliza y que, por eso mismo, exige estándares que van mucho más allá de su apariencia.
“Es ahora o nunca”: en la búsqueda de socios estratégicos
En ese contexto, Fabricaciones Militares busca recuperar un lugar como proveedor de las Fuerzas y responder a necesidades que durante años fueron cubiertas mediante compras externas. Asimismo, insisten, están avanzando en la búsqueda de socios estratégicos en pos de producir en serie o reconvertir procesos. De ahí la relevancia del concurso público internacional que acerque propuestas de negocios.

La intención es que distintos socios puedan interesarse por las capacidades específicas de cada planta y desarrollar allí determinados productos. “Es el ahora o nunca”, afirman al describir el momento que atraviesa la empresa.
Pero el planteo va más allá de volver a fabricar productos puntuales. Pessina insiste en que el objetivo debería ser recuperar una capacidad industrial sostenida, capaz de desarrollar productos, producirlos en serie y generar transferencia tecnológica.




