Llegaron los seis aviones F-16 Fighting Falcon que se sumaron a la otra media docena que ya operaba desde diciembre en las instalaciones de la Fuerza Aérea Argentina en el Área Material Río Cuarto, en la provincia de Córdoba.
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La llegada cumplió con todas las expectativas: el rugir de los F-16, osadas maniobras aéreas, pilotos argentinos enfrentando la fuerza G y el despliegue de un equipamiento pensado para sobrevivir a las exigencias de volar un caza supersónico.

Desde tierra, un selecto grupo de invitados -entre los que estuvieron los Veteranos de Guerra de Malvinas de la Fuerza Aérea y el embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas- acompañaron a las autoridades durante el desenlace de la ceremonia.
¿Quiénes presidieron? El ministro de Defensa, teniente general Carlos Alberto Presti, junto al jefe de la Fuerza Aérea Argentina, brigadier general Gustavo Javier Valverde. Además, también dijeron presente los titulares de las otras Fuerzas Armadas: el almirante Marcelo Dalle Nogare (EMCO), el teniente general Oscar Santiago Zarich (Ejército Argentino) y el almirante Juan Carlos Romay (Armada Argentina).
Pero hay algo que es clave: la llegada de los nuevos F-16 Fighting Falcon a la Argentina no comenzó cuando éstos tocaron el suelo. Detrás, hubo una operación de traslado que requirió planificación, coordinación y preparación.

Más de 7000 millas y un vuelo de alta complejidad: cómo fue el operativo que trajo los nuevos F-16 a Argentina
Desde Río Cuarto, ya medida que los seis nuevos F-16 hacían su arribo a la pista de las instalaciones de la Fuerza Aérea Argentina en Córdoba, desde la institución contaron que el Ferry 2 fue una operación aérea de alta complejidad que comenzó en Dinamarca y terminó en el Área Material Río Cuarto, después de recorrer más de 7000 millas aeronáuticas.
Los seis nuevos F-16 -dos biplaza y cuatro monoplaza que se suman a los que llegaron en diciembre pasado- atravesaron distintos espacios aéreos y realizaron escalas en Zaragoza e Islas Canarias, antes de emprender el cruce del océano Atlántico hacia Natal, Brasil, y finalmente completar el tramo hasta Argentina.

Para concretar el traslado fue necesario desplegar una verdadera estructura de apoyo. Los F-16 estuvieron acompañados por un C-130 Hércules y un Boeing 737 de la Fuerza Aérea Argentina, además de otras aeronaves Boeing KC-135R Stratotanker de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Estos últimos tuvieron un papel fundamental durante el cruce, ya que permitieron realizar reabastecimientos en vuelo, una maniobra que se repitió para cada uno de los cazas a lo largo de la operación.
De hecho, desde Río Cuarto, la Fuerza Aérea contó que cada uno de los nuevos aviones que arribaron al país debió hacer 10 reabastecimientos en vuelo durante el recorrido.

Argentinos al volante
Hay un detalle más: el ferry también tuvo un protagonista que marca el nivel de preparación alcanzado por la Fuerza Aérea Argentina. Resulta que algunos de los F-16 fueron trasladados con pilotos argentinos al mando. Aunque, desde la institución aclararon que también hubo participación de pilotos de la empresa canadiense Top Aces.
Además, detrás de cada aeronave hubo un equipo integrado por ingenieros, técnicos, mecánicos, especialistas y personal operativo, logístico y administrativo que brindó asistencia en cada una de las etapas del traslado.
Es decir, cada uno de ellos tuvo una función específica para garantizar que los aviones pudieran completar con seguridad un traslado de semejante magnitud.

La previa al ferry de los F-16
Otro aspecto que subrayaron desde Río Cuarto es que la operación comenzó a prepararse mucho antes de que los seis cazas despegaran de Dinamarca. En el Área Material Río Cuarto, destinada a convertirse en un punto neurálgico para la operación del nuevo sistema de armas, se llevó adelante una profunda transformación de la infraestructura. Se adecuaron hangares y servicios de mantenimiento, plataformas y calles de rodaje, se reforzaron las áreas de seguridad y se realizaron trabajos en las cabeceras de pista.
También se adoptaron extremas medidas de seguridad, como alambrados perimetrales y anillos de seguridad internos con controles biométricos de acceso.

El desafío, sin embargo, no terminó con la infraestructura. Desde Córdoba insisten en que incorporar un sistema de armas como el F-16 implica preparar personas, procedimientos, logística, mantenimiento y tecnología para sostenerlo en el tiempo. Por eso, mientras los aviones recorrían miles de kilómetros desde Europa, en Argentina se completaban las condiciones necesarias para recibirlos y comenzar una nueva etapa de su operación.
El resultado quedó expuesto cuando los seis F-16 aparecieron sobre el cielo cordobés y comenzaron a aterrizar uno detrás de otro. El rugido de los motores marcó el final de un traslado que había comenzado a miles de kilómetros de distancia, pero también el inicio de otra etapa para la Fuerza Aérea y la soberanía argentina.
“El cuarto hito”, así definió el brigadier general Valverde al arribo de los F-16
Durante el acto de presentación, el brigadier general Gustavo Javier Valverde, jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, definió la llegada del segundo ferry como para de una serie de hitos trascendentales que comenzaron con el proceso de incorporación del F-16.


El primero, recordó, fue la firma del contrato con Dinamarca a comienzos de 2024; el segundo, la llegada del avión número 25 a Tandil (que le permitió a la Fuerza Aérea comenzar a familiarizarse con el nuevo sistema de armas); y el tercero, el arribo de las primeras seis aeronaves a Río Cuarto a fines del año pasado. “Hoy, orgullosos, concretamos el cuarto hito. Seis nuevos aviones F-16 se integran a las filas de la Fuerza Aérea Argentina”, señaló.
Valverde destacó que detrás de la elección del F-16 hubo un proceso de análisis que se extendió durante años y en el que participaron distintos organismos y niveles de decisión. Según explicó, la Fuerza Aérea comenzó a evaluar aproximadamente una década atrás qué avión de combate debía incorporar y realizó un trabajo de comparación y planificación antes de elevar su propuesta para la decisión final.
“Ese planeamiento fue minucioso, prolijo: días, horas, meses, años de esfuerzo de hombres y mujeres analizando, buscando, incorporando y comparando nuestro sistema de armas”, declaró.
Pero para Valverde, la incorporación del F-16 no se agota en la compra y el traslado de las aeronaves. “El material se puede adquirir rápidamente, pero capacitar al personal lleva tiempo”, remarcó. En ese sentido, puso el foco en los hombres y mujeres que deberán operar, mantener y sostener el nuevo sistema de armas: “Ustedes son la parte visible, pero atrás está toda la Fuerza Aérea, el Ministerio de Defensa y la República Argentina”. En ese sentido, planteó un desafío hacia adelante: “Esto es una carrera de largo aliento. Estamos dando recién los primeros pasos, pero estamos dando pasos firmes, concretos y con una visión clara de hacia dónde va la Fuerza Aérea Argentina”.

Ministro Presti sobre los F-16: “Estamos construyendo una capacidad”
El ministro de Defensa, teniente general Carlos Alberto Presti, marcó una diferencia entre el arribo del primer grupo de F-16 y la llegada de estas seis nuevas aeronaves. “Cuando arribaron los primeros aviones, recibimos plataformas. Hoy estamos construyendo una capacidad”, advirtió. En esa línea, explicó que el verdadero valor de un sistema de armas no reside solamente en la tecnología incorporada, sino en todo aquello que permite aprovecharla: doctrina, infraestructura, sostenimiento, entrenamiento y una organización preparada para explotar su potencial.
Presti también planteó que el F-16 deberá impulsar una transformación dentro de la propia organización que lo recibe. “Una tecnología de primer nivel exige que la doctrina, los procesos, la conducción y la cultura profesional evolucionen con ello”, sostuvo. En esa lógica, remarcó que no alcanza con incorporar medios modernos, sino que resulta cada vez más importante desarrollar la capacidad de hacer algo con ellos.
Otro de los puntos centrales de su discurso fue la integración del F-16 con el resto de las capacidades militares. Presti destacó que el nuevo sistema de armas deberá vincularse con radares, sistemas de comando y control, sensores y medios de las otras Fuerzas, mediante el intercambio de información y la reducción de los tiempos de decisión. En particular, mencionó los avances de la Fuerza Aérea y la Armada en procedimientos, redes tácticas e interoperabilidad entre los F-16 y los P-3 Orion. “Hay que funcionar como un sistema”, sintetizó, al plantear que la incorporación de los cazas constituye apenas el punto de partida de un proceso más amplio.

Finalmente, el ministro puso el foco en el capital humano como uno de los componentes centrales de la modernización. “La modernización no reduce la importancia de las personas, la multiplica”, afirmó, al señalar que formar profesionales capaces de operar, integrar y hacer evolucionar sistemas de esta complejidad demanda incluso más tiempo que adquirir una plataforma. En ese marco, destacó medidas vinculadas con la formación y el reconocimiento de especialidades, y sostuvo que preservar el talento implica también mantener una capacidad estratégica de la Nación.
Un dato: durante sus palabras recordó que desde la cartera pudieron concretar el denominado suplemento de “Operación y Sostenimiento de Sistemas de Armas de Alta Performance”, un reconocimiento a los integrantes de las Fuerzas Armadas que, en pos de prepararse para la misión, deben ausentarse de sus hogares y cumplir con una serie de requisitos complejos.




