Cuando se piensa en la guerra más larga de la historia, la mente suele ir directo a los grandes conflictos del siglo XX o a las guerras religiosas europeas que se prolongaron por décadas. Sin embargo, ninguno de esos enfrentamientos se acerca siquiera a la duración real del conflicto bélico más extenso documentado hasta el momento, uno que involucró a dos naciones europeas y que permaneció vigente durante siglos.
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El origen de la guerra más larga de la historia
El origen de este enfrentamiento se remonta a la guerra civil inglesa de mediados del siglo XVII, cuando los realistas leales al rey Carlos I se refugiaron en las Islas Sorlingas, un pequeño archipiélago frente a la costa suroeste de Inglaterra. Los Países Bajos, que hasta entonces habían mantenido una relación cercana con la corona inglesa, decidieron aliarse con las fuerzas parlamentaristas de Oliver Cromwell al considerar que tenían más chances de imponerse en el conflicto interno.
Los realistas interpretaron esa decisión como una traición directa y, desde su refugio en las islas, comenzaron a atacar a los barcos mercantes neerlandeses que pasaban por la zona, algo que generó importantes pérdidas económicas para los holandeses. Ante esa situación, un almirante neerlandés viajó hasta las Sorlingas para exigirle al gobierno realista una reparación por los daños causados a su flota.

Al no obtener ninguna respuesta a ese reclamo, en 1651 los Países Bajos le declararon formalmente la guerra al archipiélago, aunque la decisión se dirigió solo contra ese pequeño territorio insular y no contra toda Inglaterra. El resto del país estaba bajo control del gobierno republicano con el que los holandeses querían conservar buenos vínculos.
Sin embargo, apenas unos meses después, las fuerzas de Cromwell terminaron de consolidar su poder en Inglaterra y los realistas de las Sorlingas se rindieron, con lo cual la flota neerlandesa regresó a sus puertos sin haber llegado a disparar un solo cañonazo.
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La guerra que hasta sus beligerantes dejaron en el olvido
En medio de la retirada apresurada, ningún funcionario se ocupó de firmar un tratado de paz que cerrara de manera formal el conflicto. Esto fue así porque ambas partes lo consideraron un asunto menor frente a los grandes cambios políticos que atravesaba Inglaterra en ese momento.
Con el correr de las décadas, el episodio quedó completamente olvidado, tanto para los holandeses como para los propios isleños. Es así que, durante más de 300 años, nadie volvió a mencionar aquel episodio.

Sin embargo, en 1985, el historiador local, Roy Duncan, que presidía el Consejo de las Islas Sorlingas, decidió investigar una vieja leyenda que circulaba entre los vecinos sobre ese supuesto estado de guerra nunca resuelto. Al escribirle a la embajada de los Países Bajos en Londres para despejar la duda, recibió una respuesta que sorprendió a los propios diplomáticos neerlandeses.
Tras revisar los archivos históricos, confirmaron que la declaración de 1651 nunca había sido anulada y que, desde el punto de vista del derecho internacional, el estado de guerra seguía vigente. Ante ese hallazgo, ambas partes organizaron una ceremonia formal que se realizó el 17 de abril de 1986, en la que el embajador neerlandés viajó hasta las islas para firmar el tratado de paz que cerró, 335 años después, el conflicto más largo registrado en la historia.




