“A China le conviene fortalecer la Marina de Pakistán porque eso obliga a India a concentrarse en su entorno inmediato”. Con esa definición, en diálogo con DEF, el analista internacional Fabián Calle resume el trasfondo geopolítico detrás de la incorporación de los nuevos submarinos chinos clase Hangor por parte de Islamabad.
La llegada de las nuevas unidades submarinas –diseñadas y construidas por China– a Pakistán puede leerse como un paso clave en la modernización de la fuerza naval de este país y, definitivamente, en un aumento de sus capacidades marítimas.
- Te puede interesar: Después de los F-16 y los Strykers: ¿qué se sabe de los submarinos para la Armada?
El dato: el submarino incorporado es el primero de ocho unidades adquiridas por la Marina de Pakistán como parte de un ambicioso programa de modernización. Con esta compra, Islamabad profundiza su cooperación militar con Beijing en un momento de creciente rivalidad con India.
Según la Marina de Pakistán, el nuevo submarino incorpora sensores avanzados, una baja firma acústica y un sistema de propulsión independiente del aire (AIP), tecnología que le permite permanecer sumergido durante largos períodos sin necesidad de emerger. Estas capacidades incrementan tanto su autonomía como su poder de combate.

De casino a portaaviones: China y su apuesta a la industria militar
“La relación histórica entre Pakistán y China está fuera de discusión” dice, a DEF, Fabián Calle a la hora de hablar de la nueva adquisición naval. Para él, es relevante la mejora tecnológica en material militar por parte de Beijing: “Durante años se abastecieron básicamente de armamento soviético. Después de la caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS, era comprar o copiar. El primer portaaviones -o proto-portaaviones- que tuvo China fue uno a medio construir de la Unión Soviética en Ucrania. Lo compraron argumentando que era para un casino y luego lo transformaron en portaaviones”.
En esa línea, el analista confiesa que la evolución que experimentó el gigante asiático en materia militar también se ve reflejada en la asistencia a Pakistán (en un contexto de competencia con India).
“India, al mismo tiempo, fue gran comprador de armamento soviético ( y ruso, después). Lo que pasa es que, tras 10 o 15 años, la industria de defensa china empieza a mejorar y logra desarrollar sus propios aviones, tanques y buques. Eso se reflea en las ventas y transferencia de material a Pakistán”, insiste Calle.
Paralelamente, según Calle, India inició un acercamiento a Estados Unidos, quien lo ve como un aliado clave contra China. En ese contexto, Nueva Delhi, que compraba material a Francia y a Rusia, ahora también lo adquiere a Israel y a EE. UU.

“India y Estados Unidos siempre mantuvieron una relación bastante tensa. Durante la Guerra Fría, Nueva Delhi estuvo más alineada con la Unión Soviética que con Washington, que a su vez mantenía vínculos con Pakistán: ambos respaldaron a los muyahidines en su lucha contra la Unión Soviética”, explica. Luego agrega que, tras los atentados de 2001, Pakistán se convirtió en un aliado clave para Washington. Sin embargo, aclara que Islamabad jugaba en ambos frentes: “La situación se volvió aún más compleja cuando Estados Unidos mató a Bin Laden en territorio pakistaní, donde, de hecho, estaba protegido por los servicios de inteligencia del país”.
Pakistán, la pieza clave en el nuevo tablero geopolítico
Para Fabián Calle, India atraviesa un proceso de modernización de su poder naval con el objetivo de ampliar su presencia en el océano Índico y profundizar su cooperación con Japón, Australia y Estados Unidos, incluso mediante ejercicios navales que conecten el Pacífico con el Índico. Frente a ese escenario, sostiene, China busca fortalecer la marina pakistaní para limitar la capacidad de proyección de Nueva Delhi.
“Cuanta más capacidad tenga Pakistán, más aferrada va a estar India a un escenario más cercano y menos proyección va a tener. Por eso, los submarinos son un proceso lógico”, reflexiona.
- Te puede interesar: Ya es oficial: Fabricaciones Militares lanzó un concurso público para expandirse y buscar inversores
Sin embargo, el empoderamiento de Pakistán no solo tiene implicancias para el equilibrio militar en el sur de Asia. Según Calle, Islamabad también ganó un peso geopolítico creciente en Medio Oriente. Explica que, a pedido de Estados Unidos y China, actuó como articulador del entendimiento entre Washington e Irán y, al mismo tiempo, asumió un rol de garante militar de Arabia Saudita y de otras monarquías del Golfo.
Ese reposicionamiento, afirma, se da en un contexto de creciente malestar de esos países con Estados Unidos, al considerar que no los protegió como esperaban frente a la escalada con Irán. “Ahí se empieza a armar un eje China-Pakistán-Arabia Saudita”, resume. Del otro lado, agrega, se consolida otro bloque integrado por Israel y Emiratos Árabes Unidos, lo que reconfigura los equilibrios regionales. En ese tablero, concluye, Washington atraviesa una disyuntiva: “Está viendo para qué lado tira, si sigue haciendo furgón de cola de las decisiones de Israel o se autonomiza un poquito”.




