La NASA aceleró en las últimas semanas su plan para construir una base lunar permanente, con una serie de anuncios que confirman el rumbo del programa Artemis hacia una presencia humana sostenida en el Polo Sur de la Luna.
El administrador de la agencia, Jared Isaacman, encabezó junto al gerente del programa Moon Base, Carlos García-Galán, una conferencia de prensa en la sede de Washington donde se revelaron los primeros contratos para rovers, módulos de aterrizaje y drones que integrarán la futura infraestructura lunar.
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Cómo es el proyecto de construcción de la base lunar
Según explicó García-Galán, el proyecto contempla un asentamiento que podría extenderse por cientos de millas cuadradas, combinando distintos activos orientados a garantizar una presencia lunar permanente. La zona elegida, cercana al polo sur lunar, se seleccionó porque allí se concentran depósitos de hielo de agua acumulados durante miles de millones de años en cráteres que nunca reciben luz solar, un recurso clave para futuras misiones de larga duración.
El desarrollo se organizará en tres etapas, que arrancan con misiones robóticas para explorar el entorno y probar tecnologías, y que en un plazo de aproximadamente una década deberían derivar en una base permanente. Entre los contratos ya asignados aparecen dos rovers tripulados: uno de la empresa Astrolab, pensado para el transporte de astronautas y carga, y otro de Lunar Outpost, denominado Pegasus, orientado a operaciones flexibles y de uso prolongado. Ambos proyectos recibieron financiamiento por encima de los 200 millones de dólares cada uno.

A la movilidad en superficie se suma un sistema de exploración previa: los drones “MoonFall”, pequeños robots saltarines que recorrerán la región polar antes de que se instale cualquier infraestructura fija, con el objetivo de reducir la incertidumbre sobre un territorio del que, según reconoció la propia agencia, todavía se sabe muy poco. El primer lote de estos drones, entre tres y cuatro unidades, viajará a la Luna en 2028 a bordo de un módulo desarrollado por Firefly Aerospace.
Las misiones alrededor de la base lunar de NASA
El esquema de aterrizajes también se amplía con la participación de actores comerciales. El módulo Blue Moon Mark 1 Endurance, de Blue Origin, y el lander Griffin, de Astrobotic, forman parte de la primera tanda de misiones, a las que se sumará más adelante Intuitive Machines con su vehículo Nova C. La agencia prevé que esta fase inicial permita depositar unas cuatro toneladas de carga en la superficie lunar, un hito que servirá para verificar qué sistemas funcionan realmente en las condiciones del terreno.
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El plan completo de la primera etapa contempla hasta 25 misiones, entre ellas 21 alunizajes, además de vehículos exploradores tripulados y autónomos, satélites de comunicaciones y observación, y colaboraciones internacionales con la Agencia Espacial Europea y Corea del Sur.
Todo este desarrollo se da en paralelo a la propia hoja de ruta de Artemis: tras el sobrevuelo lunar de Artemis II, concretado en abril de este año, la NASA prevé que Artemis III permanezca en órbita terrestre baja y que el primer alunizaje tripulado del programa quede para Artemis IV, ya en 2028.




