La startup británica de inteligencia artificial CuspAI cerró una ronda de financiación Serie B por 450 millones de dólares con la participación de Jeff Bezos y del gobierno del Reino Unido, en una operación que valuó a la compañía en 2.600 millones de dólares y que se convirtió en una de las mayores apuestas de capital público y privado por el desarrollo de IA aplicada a la ciencia de materiales.
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Qué es CuspAI y para qué usará el dinero
CuspAI, con sede en Cambridge, desarrolla una plataforma de inteligencia artificial pensada para acelerar el descubrimiento de materiales que todavía no existen, con aplicaciones en semiconductores, baterías, energía limpia y redes eléctricas.
La ronda fue liderada por las firmas de capital de riesgo Kleiner Perkins y NEA, con la participación de Bezos Expeditions –el vehículo inversor de Bezos– y el Gobierno británico, elevando la valuación de la compañía a 2.600 millones de dólares apenas dos años después de su fundación. Parte del capital se destinará a abrir una oficina en Singapur y a reforzar los equipos que la empresa ya tiene en Cambridge, Ámsterdam, Berlín, Tokio y Estados Unidos.

La apuesta del Estado británico por la soberanía tecnológica
La inversión pública forma parte de la estrategia del Reino Unido para respaldar empresas nacionales de inteligencia artificial con potencial de expansión internacional, a través de un fondo soberano creado para invertir en startups en etapas iniciales y ayudarlas a escalar.
La secretaria británica de Ciencia y Tecnología, Liz Kendall, destacó la aplicación de la IA para abordar desafíos vinculados a la energía, el clima y el crecimiento económico, en momentos donde el Reino Unido busca no quedar afuera de la carrera global por talento y capital en inteligencia artificial.
La polémica: plata pública para apalancar a Jeff Bezos
El esquema reabrió una discusión que ya circula en otros países: qué sentido tiene que un Estado ponga fondos públicos junto a uno de los hombres más ricos del planeta para capitalizar una empresa privada. Quienes defienden el modelo argumentan que se trata de una jugada de soberanía tecnológica, para evitar que un “unicornio” nacido en Cambridge termine radicándose en Estados Unidos o Asia, como ya pasó con otras startups europeas de base científica.

Quienes lo cuestionan plantean que el riesgo del negocio queda socializado mientras las eventuales ganancias –y el control real de la tecnología– se concentran en manos privadas, con Bezos entre los principales beneficiarios.
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La jugada se suma al regreso de Bezos a un rol ejecutivo formal: el fundador de Amazon cofundó Prometheus, una startup que utiliza inteligencia artificial para acelerar la ingeniería y la fabricación en campos como el aeroespacial y el automotor, un proyecto que meses atrás había recaudado 12.000 millones de dólares en una ronda que llevó su valuación a 41.000 millones de dólares.




