InicioActualidad¿Existe el turismo antártico? Descubrí los misterios del Continente Blanco

¿Existe el turismo antártico? Descubrí los misterios del Continente Blanco

El turismo es casi la única actividad económica permitida en el sexto continente y se encuentra fuertemente regulada por el Sistema del Tratado Antártico. Sobre sus características y los potenciales impactos en el medio ambiente, conversamos con Carlos Flesia, de vasta experiencia como jefe de base y en adiestramiento, logística y turismo antártico.

Por Susana Rigoz

Inaccesible, inhóspita y hostil, la Antártida se caracteriza también por una belleza única. Seguramente es esa la razón por la cual conocerla es un sueño de muchos. Difícil pero no imposible, acá van algunas claves para acceder a la región más lejana del Planeta.

Desde 1958, año en que se inició el turismo comercial con el viaje inaugural del Transporte Naval Argentino “Les Eclaireurs”, la actividad no dejó de crecer, en especial a partir de la década del 80. En la actualidad, llegan anualmente entre 45.000 y 50.000 turistas. “En general, los turistas tienen entre 60 y 70 años, de muy buen nivel económico, provenientes de Europa, EE.UU. y, con cada vez mayor frecuencia, China”, afirma Carlos Flesia, coronel (R) del Ejército.

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Flesia detalla que, si bien durante el trayecto las empresas brindan charlas y capacitaciones, se trata de personas sumamente educadas, que se preparan antes de realizar el viaje y llegan con un muy buen nivel de información. “Incluso, en un punto, se transforman en una especie de auditores que marcan cuando reparan en algún detalle que no se ajusta a las normas”, afirma este experto, quien es también autor del libro Antártida, conocerla, amarla, progerla.

Anualmente visitan la Antártida entre 45.000 y 50.000 turistas (Foto: Carlos Flesia)

¿Cómo se llega a la Antártida?

Es posible viajar al Continente Blanco tanto en avión como en barco, pero la realidad es que el transporte por mar es la manera más común. Proveniente desde Ushuaia, en Tierra del Fuego, o Punta Arenas, en Chile, el 90 % del turismo llega en cruceros. Y el resto, desde Punta Arenas o desde Hobart (Australia), en avión.

El turismo aéreo, explica Flesia, tiene distintas características y formatos. Una de ellas consiste en el sobrevuelo de la zona, sin aterrizar, modo que permite solo el avistaje de la región desde el aire. Otra opción es la que incluye el aterrizaje en un campamento, desde el cual se llevan a cabo expediciones al interior del continente en aviones más chicos o en motos de nieve.

“Alguno de los destinos son el monte Vinson, el punto más alto de la Antártida; el Polo Sur; y una pingüinera cercana a la base Belgrano, la más austral de las instalaciones argentinas”, detalla el especialista.

Carlos Flesia, con una vasta experiencia en la Antártida, dio detalles sobre la actividad turística en el Continente Blanco.

Desde Ciudad del Cabo, Sudáfrica, se puede realizar un puente aéreo a la base rusa Novolázarevskaia, desde donde se vuela a distintos lugares cercanos al Polo Sur.

Sobre los campamentos, donde la temperatura más alta es de 35 grados bajo cero, se trata de “diez o doce carpas para dos personas, una carpa baño y un otra grande, que funciona como iglú comedor”, explicó el entrevistado. “Todo bajo la responsabilidad de un mecánico, un radio-operador y un enfermero que viven allí durante cerca de dos meses”, aclaró.

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La variante, que se está imponiendo cada vez más, es que los buques permanezcan en la Antártida y los visitantes hagan desde allí mismo el trasbordo al avión. Esta metodología tiene beneficios tanto para las empresas como para los turistas, ya que no solo se ahorran costos y días de viaje sino también se evita el cruce del temido Pasaje de Drake.

Las carpas, preparadas para los turistas que pasan la noche en el Continente Blanco (Foto: Carlos Flesia)

Por último, existe el denominadofull day, que consiste en pasar el día en la Antártida, conocer una base, caminar por los alrededores y volver en el mismo avión.

Caminatas, fotografías y turismo aventura

Los contingentes -que deben respetar normas puntuales como no superar las 80 personas y llevar un guía cada 20 turistas– en general permanecen una o dos horas en suelo antártico, en las que recorren un poco las costas que están libres de hielo, realizan observación de fauna y pueden tomar fotos.

La Asociación Internacional de Operadores Turísticos en la Antártida (IAATO) -la asociación comercial que nuclea a las compañías dedicadas al turismo antártico- tiene un listado de los sitios autorizados para desembarcar y las empresas deben informar tanto la cantidad de desembarcos como de personas. Estos datos permiten llevar una estadística y un manejo apropiado de los sitios a visitar, de modo de poder llevar a cabo una actividad sustentable.

Entre los lugares que despiertan especial interés, se destacan las instalaciones científicas, sin embargo se trata de una opción que no siempre es viable. “Es una decisión que debe tomar el jefe de base y queda librada a su criterio personal. Lo estipulado es que las visitas no deben interrumpir la actividades propias de la dotación”, advierte Flesia.

En los campamentos la temperatura más alta es de 35 grados bajo cero (Foto: Carlos Flesia)

Algunas expediciones ofrecen la posibilidad de dormir en carpa. “Bajan del barco en un bote hasta la orilla y van al campamento, donde se los espera con todo armado. Después de comer algo caliente, duermen unas horas y regresan a bordo”.

Un párrafo aparte merece el denominado turismo aventura. Flesia cuenta que hay mucha actividad en kayak, escalada en témpano, ala delta, caminatas entre glaciares e incluso buceo antártico. 

Si bien, salvo el apto físico, no hay ningún requisito en particular para los turistas, quienes hacen expediciones particulares deben contratar un seguro de rescate, para la evacuación ante un potencial accidente. “Todas las noches los expedicionarios deben pasar la posición donde se encuentran a través de un GPS. Llevan una baliza y, si por determinada cantidad de horas la persona no da señales, se activa un sistema de alarma”.

Los contingentes de turistas no superan las 80 personas y llevan un guía cada 20 turistas (Foto: Carlos Flesia)

Todas estas actividades están organizadas por el turismo internacional, ya que Argentina es solo receptora de barcos. Y entre las bases antárticas nacionales más visitadas están Primavera, Brown y Esperanza, donde se cuentan entre 2000 y 3000 turista al año.

Turismo, educación y cuidado ambiental

Un tema central que ocupa a los miembros del Tratado Antártico es la conservación del ecosistema. Por esta razón, el posible impacto del turismo es una preocupación especial y existen normas y regulaciones específicas. 

Hay varios puntos a tener en cuenta. Entre los principales, está la prohibición de introducir especies exógenas, que podrían provocar impactos irreversibles en la biodiversidad. Para evitarlo, “se le da mucha importancia a la limpieza de la ropa y el calzado de los visitantes antes de la partida de los lugares de origen”, señala Flesia.

Se recomienda ser especialmente respetuosos con la fauna: no interrumpir los caminos de los animales, no acercarse a más de determinados metros ni alimentarlos; no tomar ningún tipo de muestras, no generar residuos y, en caso de hacerlo, llevarlo de regreso, no pisar la vegetación por pequeña que parezca, entre otros. 

Todas estas reglas y directrices -incluidas en el Sistema del Tratado Antártico y muy tenidas en cuenta por la IAATO- forman parte del asesoramiento que los guías y especialistas de las empresas realizan durante el viaje sobre aspectos ambientales, históricos y biológicos.

¿Cuál es el objetivo? Flesia fue muy claro al respecto: “La idea es involucrar al viajero en algunos proyectos de investigación, como puede ser la observación de aves o la toma de datos meteorológicos, con el objetivo de que tomen real conciencia del cuidado de la naturaleza”.

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