El ingreso de los principales directivos de la extinta entidad financiera Ueno bank al histórico penal de Tacumbú marca un hito judicial y mediático sin precedentes en Paraguay.
- Te puede interesar: Crisis de Ueno Bank en Paraguay: por qué golpea a Santiago Peña
Ueno Bank: ¿Quiénes están detenidos en el penal de Tacumbú?
Por disposición de la Justicia, Miguel Vázquez, expresidente del holding Grupo Vázquez y ex-CEO del banco, fue recluido bajo prisión preventiva en el marco de la investigación por presuntos delitos financieros asociados al colapso de la institución. Junto a él ingresaron otros altos ejecutivos como Juan Manuel Gustale, Julio Daniel Rey, Diego Fernando Duarte y Alejandro Gómez Abente, mientras que Miguel Ángel Almada Frutos fue derivado a la Penitenciaría Padre Juan de la Vega, en Emboscada.
El destino de la cúpula bancaria no es otro que el establecimiento penitenciario más complejo, hacinado y emblemático del país, recientemente renombrado como Centro Nacional de Prevenidos.

Ubicada en el populoso barrio Tacumbú de Asunción y a orillas del río Paraguay, la antigua Penitenciaría Nacional operó durante más de seis décadas como un centro donde el colapso institucional fue la constante. Diseñado originalmente para unas 1.500 personas, el recinto llegó a albergar a casi 4.000 internos en sus momentos más críticos.
- Te puede interesar: Renunció el presidente de Paraguay y Diputados ya aprobó el juicio político para Santiago Peña
Las denuncias de hacinamiento y connivencia con el crimen organizado
Las denuncias de organismos de derechos humanos y los propios testimonios de exdirectores penitenciarios retrataron durante años una crisis humanitaria sostenida: la falta crónica de guardias por turno obligaba a custodiar sectores de cientos de reclusos con apenas un par de agentes, mientras una masa de reos sin recursos, conocidos como “pasilleros”, sobrevivía a la intemperie bajo tinglados, expuesta al consumo masivo de crack y a la violencia cotidiana.
Al mismo tiempo, el penal funcionaba como una pequeña ciudadela comercial donde el dinero marcaba las diferencias de supervivencia, permitiendo a quienes contaban con solvencia acceder a cantinas privadas, mejoras de celdas y alimentos diferenciados frente a una población penal mayoritariamente sin condena firme.
Esta vulnerabilidad estructural facilitó que el penal cayera bajo el dominio directo del crimen organizado, en particular del Clan Rotela —la principal red local de microtráfico— en constante pugna contra miembros del influyente Primer Comando de la Capital (PCC) de Brasil. Durante años, Tacumbú fue el centro de operaciones desde donde el líder Armando Javier Rotela ejercía un control territorial absoluto intramuros, estableciendo un gobierno paralelo que desafiaba a las fuerzas de seguridad mediante motines, tráfico de armas caseras y extorsiones.

La pérdida total del control estatal forzó a finales de 2023 el desembarco del Operativo Veneratio, una masiva incursión combinada del Ejército y la Policía Nacional que derivó en tiroteos, la muerte de un policía y al menos una decena de reclusos, y la desarticulación definitiva del bastión del Clan Rotela mediante la captura y el traslado de su cabecilla a una prisión de máxima seguridad.
Aquella intervención sangrienta aceleró la reconversión de la penitenciaría, que en mayo de 2026 dejó atrás su antigua denominación para pasar a ser el Centro Nacional de Prevenidos tras el traslado de cientos de reclusos con sentencia firme a penales modernos como el de Emboscada, buscando albergar exclusivamente a personas procesadas con medidas cautelares.
La reclusión de los ejecutivos financieros coloca a figuras del poder económico corporativo en un escenario penitenciario que, aunque bajo un proceso de descompresión y vigilancia gubernamental reforzada, conserva las huellas de su violenta historia reciente y continúa siendo el símbolo de encierro más riguroso y vigilado de la capital paraguaya.




