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Historias mínimas: una psicóloga y los riesgos de trabajar en un hospital en tiempos de COVID-19

Conversamos con Silvana Vilchez, psicoanalista y miembro del Servicio de Salud Mental del HIGA “Parmenio T. Piñero, para conocer más sobre las vivencias de los que están desde el comienzo en la primera línea de la atención contra el coronavirus.

La renuncia de Shinzo Abe, el líder que volvió a poner a Japón en marcha

La renuncia del premier Shinzo Abe, quien comunicó a sus ciudadanos el pasado 28 de agosto que un problema de salud le impedía continuar ejerciendo el cargo, sorprendió a propios y extraños. En el poder desde diciembre de 2012 y confirmado en el puesto tras las elecciones de 2014 y 2017, Abe pertenece a una “estirpe de políticos”, tal como señaló a DEF el investigador de la Universidad del Salvador (USAL), Luis Ignacio Argüero. Su abuelo materno, Nabusuke Kishi, y su tío abuelo materno, Eisaku Sato, fueron primeros ministros, respectivamente, entre los años 50 y 70; mientras que su padre, Shintaro Abe, ocupó distintas carteras de gobierno y fue ministro de Relaciones Exteriores entre 1982 y 1986.

Exponente del Partido Liberal Democrático, fuerza hegemónica del país desde los años 50 del siglo pasado, Abe ya había tenido un breve paso por el cargo de primer ministro entre 2006 y 2007. Cinco años más tarde, regresó con bríos renovados y lanzó su ambicioso programa para revitalizar la economía japonesa luego de dos décadas de bajo crecimiento y deflación. “El plan, conocido como Abenomics, se basaba en tres pilares: la expansión monetaria, las reformas estructurales y una política fiscal robusta”, detalla Argüero, quien además define sus resultados como “moderadamente positivos desde el punto de vista del crecimiento económico, del mejoramiento del ambiente de inversiones y de la generación de empleo”. En los últimos meses, en el contexto de la pandemia y a pesar de la contracción del 7,8% en la economía entre abril y junio de 2020, la tasa de desempleo nipona se ha mantenido en apenas el 2,8%.

“El actual gobierno de Abe se dio en un contexto en el que China se estableció como la gran potencia de Oriente, con una presencia geopolítica cada vez mayor tanto en la región como a nivel global”, explicó el experto consultado por DEF, quien cuenta con un doctorado en Economía por la Universidad de Hiroshima.

Recordó, por otra parte, que el renunciante premier nipón “vivió la transición de un EE. UU. conducido por Barack Obama a los EE. UU. de Donald Trump, y, a pesar de los conflictos que este último ha generado en distintos lugares del planeta, en Japón no se han producido grandes ruidos en su relación con Washington, más allá de algunos reacomodamientos menores a nivel industrial”.

Durante su administración, se firmaron el Acuerdo Transpacífico (bautizado como “TPP-11” tras la salida de EE. UU.) en marzo de 2018; y el tratado de libre comercio (TLC) con la Unión Europea, que entró en vigor en febrero de 2019. “La relación con las cadenas globales de valor está cambiando notablemente en Japón, que ha incentivado la relocalización de empresas fuera de China y su radicación en otros vecinos asiáticos, como Laos, Camboya, Vietnam y Myanmar”, completó el especialista.

“La relación con las cadenas globales de valor está cambiando notablemente en Japón, que ha incentivado la relocalización de empresas fuera de China y su radicación en otros vecinos asiáticos, como Laos, Camboya, Vietnam y Myanmar”, dice Argüero. Foto: AFP.

Un tema candente en la política japonesa y que Abe puso en la agenda pública fue la reinterpretación del artículo 9 de la Constitución (impuesta por EE. UU. al finalizar la Segunda Guerra Mundial), que limitaba la política militar del país a la mera existencia de unas Fuerzas de Autodefensas. Al respecto, Argüero puntualizó: “El problema pasa por dos cuestiones. Por un lado, si se produjese una eventual retirada de EE. UU. de Asia, Japón querría tener autonomía para poder desarrollar su propia industria armamentística y de defensa. El segundo punto es que, a partir de esta capacidad de desarrollar su industria militar, Japón tendría la posibilidad de exportar desde aviones hasta drones y otro tipo de equipamiento”. Se trata de un tema muy sensible, en el que no existe un consenso absoluto en la sociedad y en la clase política del país. “Todavía sigue presente el recuerdo de la generación que pasó por los momentos traumáticos de la Segunda Guerra Mundial”, agregó el investigador de la USAL.

Otro punto álgido del debate interno es el que dio en torno al uso de la energía nuclear, luego del accidente de Fukushima de marzo de 2011, tras lo cual el gobierno había decidido la desconexión de sus 54 reactores, responsables de aproximadamente el 30% de la generación eléctrica instalada. “La política de Abe siempre fue favorable a la reapertura de los reactores”, indicó Luis Ignacio Argüero, quien puntualizó que se trata de “un país que no tiene autonomía energética”. Hoy, el país importa el 100% de los hidrocarburos que consume, la hidroelectricidad está siendo utilizada a su máximo potencial y, aun si sumamos las inversiones en fuentes renovables, su matriz energética no puede prescindir del componente nuclear. En ese sentido, a partir de 2015, se inició un progresivo proceso de reapertura de las centrales nucleares, con el objetivo de que esa fuente de energía represente entre el 20 y el 22% de la generación eléctrica en 2030.

Entre los desafíos que Abe se planteó al llegar al poder, y que deberá retomar su sucesor, el investigador de la USAL indicó el “cuello de botella” que implica el envejecimiento de la población, con una alta expectativa de vida, y la baja tasa de natalidad, que se ha ubicado por debajo de los dos hijos por mujer en los últimos 50 años. “Se instrumentaron diferentes incentivos para fomentar la participación femenina en el mercado laboral y para que los japoneses continuaran trabajando luego de cumplir la edad jubilatoria de 60 años”, indicó.

En cuanto al futuro político del país tras la renuncia de Abe, Argüero manifestó que “quien ocupe el cargo tendrá que continuar los lineamientos de la política que él trazó”. “Lo bueno de Japón es que, más allá de los eslóganes, existen políticas de Estado de largo plazo y la implementación de las decisiones no depende tanto del líder, sino de la maquinaria burocrática”, precisó.

Abe Y Trump, una muestra de que la política con Estados Unidos siempre se mantuvo, a pesar de cualquier tipo de diferencia ideológica. Foto: AFP.

En las últimas elecciones, que tuvieron lugar en octubre de 2017, la líder del opositor Partido de la Esperanza y actual gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, había presentado su propio plan económico, al que bautizó como Koikenomics, centrado en la reducción de impuestos a las empresas, una política de privatizaciones más agresiva y la promoción de zonas económicas especiales.  Su plataforma de lanzamiento internacional podrían ser los próximos Juegos Olímpicos de Tokio, postergados para el verano boreal de 2021, aunque todavía es muy temprano para hacer vaticinios sobre el devenir de la política japonesa.

Por ahora, la pelota está en el campo del Partido Liberal Democrático, que cuenta con una sólida mayoría parlamentaria y deberá elegir en las próximas semanas al sucesor del exitoso Shinzo Abe.

Alerta incendios: ¿por qué Argentina necesita una ley de humedales?

Los incendios visibilizaron una problemática que preocupa y diferentes expertos resaltaron la importancia de estos ecosistemas a nivel ambiental; el diputado Leonardo Grosso aportó su mirada sobre la necesidad de un marco legal.

O’ Gorman: “La educación no estaba preparada para la migración online”

Una de las actividades sociales a las que más afectó la pandemia –y las medidas de confinamiento que trajo aparejada– fue la educación. En todos los niveles, alumnos, maestros y profesores debieron adaptar sus rutinas de aprendizaje y enseñanza a medios digitales de manera abrupta y sin estar del todo preparados. Además, este cambio de dinámica puso de manifiesto la brecha tecnológica existente y afectó sobre todo a aquellos que menos tienen: según un estudio publicado por la Universidad de San Andrés, el 19,5% de los alumnos de primaria y el 15,9% de los alumnos de secundaria no cuentan con acceso a Internet en el hogar. Para este segmento de la sociedad, las oportunidades de continuidad pedagógica en el contexto de la pandemia del coronavirus se ven aún más limitadas que de costumbre.

En diálogo con DEF, Patricio O’Gorman, consultor, investigador y especialista en nuevas tecnologías, analizó desde su campo de estudio cómo fue el impacto de las nuevas prácticas de enseñanza que hubo que adoptar en cuarentena y si estamos ante un nuevo modelo educativo. Además, detalló cuáles son los principales obstáculos y dificultades que tiene Argentina para no perder el tren en tecnología de la educación.

-¿Quiénes fueron los más afectados por las nuevas formas de educación no presencial? ¿Estábamos preparados para esa transformación?

-El mayor desafío lo tuvieron los chicos que van a la escuela primaria y al jardín de infantes, que ahora tienen sus clases por Zoom. Ahí te das cuenta de que la educación no estaba preparada para la migración online porque no había una práctica previa. Hubo una migración de cero a cien y hubo que pasar todo el sistema a contenido remoto. El sistema educativo no estaba listo.

“Hubo una migración de cero a cien y hubo que pasar todo el sistema a contenido remoto. El sistema educativo no estaba listo”, sostiene O’ Gorman. Foto: Archivo DEF.

-¿Creés que esta crisis en el modelo educativo iguala a los países o, por el contrario, algunos ya estaban adaptados y, entonces, la brecha entre ellos se amplía?

-Yo distingo entre los distintos niveles de educación. Tenemos que ponernos de acuerdo en que el hombre es un animal social. Si estamos de acuerdo en eso, el contacto humano es necesario en cualquiera de sus formas, y no es optativo. En el jardín de infantes y los primeros años de la escuela primaria, es difícil migrar hacia la educación online porque el foco está puesto en la socialización y el respeto a las reglas. Eso no es reemplazable. Si pasamos a educación primaria avanzada, secundaria y universitaria, existe la oportunidad para que los países inviertan en tecnologías que ayuden al fácil acceso y al costo accesible para que los alumnos se sumen a las plataformas.

“Existe la oportunidad para que los países inviertan en tecnologías que ayuden al fácil acceso y al costo accesible para que los alumnos se sumen a las plataformas”.

-¿Qué es lo que puede hacer la escuela pública para adaptarse a la realidad que impone la pandemia?

-Hay que preguntarse cómo encontrar al alumno, darle tecnología de acceso y, por otro lado, capacitar de manera rápida a docentes y migrar contenidos al formato de delivery online remoto para que podamos unir esas dos puntas y la experiencia educativa pueda suceder. Fijate que todavía no hablamos de lo que se enseña y de la acción de estudiar en sí misma, sino del acceso. Volviendo a la pregunta anterior sobre la brecha, claramente, los países donde estas cuestiones no sean restricciones van a estar en una posición más ventajosa. Quizás la inversión en esos países se limita a la adaptación de la currícula al formato online y nada más, porque todos los alumnos se pueden conectar y los docentes pueden adaptarse, y solo necesitan algo de capacitación y contenido, y ya está. El problema es que la brecha digital se puede ampliar en las economías más pobres.

-En Argentina, ¿este posible nuevo panorama plantea alguna ventaja u oportunidad?

-Es una pregunta compleja en el contexto argentino actual porque tenemos problemas de arrastre anteriores a la pandemia. El talento argentino está, y hay gente que quiere hacer cosas. Tenemos que ver si pueden hacerlo, y eso va a depender del hardware, el software y la comunicación. Hoy por hoy, tenemos problemas de hardware: hay una restricción a la tecnología por el tema de las importaciones, el dólar y por problemas heredados en un contexto en el cual la tecnología ya no es un lujo sino una necesidad. Estas restricciones hoy nos juegan doblemente en contra. Ni hablar de lo que sucede con el software, al que hay que pagar en dólares. Hay dificultades que agravan el problema digital.

*La versión completa de esta entrevista se publicará en la edición 133 de la revista DEF.

Científicos argentinos desarrollan un spray contra el COVID-19

Desde que comenzó la pandemia, la ciencia argentina ha contribuido con diferentes desarrollos en la lucha contra la enfermedad. Al plasma y los nuevos métodos de testeo habría que agregarles el uso de un spray nasal que podría evitar que los pacientes, que transitan síntomas leves de coronavirus, vean agravado su cuadro y, además, brindaría protección para el personal de salud.

El principal componente de este spray es la carragenina, una mezcla de polisacáridos naturales provenientes de las algas rojas, de uso frecuente en la industria farmacéutica, contra resfríos comunes o influenza, y en la industria alimenticia.

“Sabíamos de su acción con otros virus, pero no específicamente con este coronavirus”, explica el doctor Osvaldo Uchitel del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (IFYBYNE) de la Universidad de Buenos Aires y director científico del proyecto. “Gracias a una colaboración entre el doctor Juan Manuel Figueroa -neumonólogo del Hospital de Clinicas y director clínico del proyecto-  y la Universidad de Tennessee se probaron muestras del spray nasal que estamos utilizando y se comprobó que tiene una alta eficiencia para destruir el SARS-CoV-2 en cultivos. Es muy efectivo”.

Su funcionamiento está ligado a las cargas eléctricas que presentan tanto el SARS-CoV-2 como el polisacárido. “El virus-desarrolla Uchitel- se replica en la superficie del epitelio respiratorio, cubriendo todas las salidas respiratorias. Y no es que solo ataca el pulmón, sino que también afecta el sistema nervioso, que es el que comanda al sistema respiratorio y agrava la enfermedad. Entonces, previo a que entre al sistema nervioso uno puede tratar de captarlo en el epitelio tirándole ‘una red de cargas negativas’, las carrageninas, que atrapan al virus que tiene cargas positivas en su superficie”, explica.

“Se comprobó que tiene una alta eficiencia para destruir el SARS-CoV-2 en cultivos”, dice el doctor Uchitel. Foto: Fernando Calzada.

Este accionar previo a que afecte al sistema nervioso posibilitaría que no se agravase el estado de pacientes ya infectados, evitando que entren en un estado crítico con uso de respiradores, por un lado, y por otro, esa “red de cargas negativas” que protege el epitelio, impediría que el virus penetre desde afuera y serviría como una protección más para el personal de la salud, que se encuentra altamente expuesto al virus.

Otro de los aspectos fundamentales es su costo y accesibilidad. “El spray con carragenina es algo que está muy usado –señala el investigador-, no hay que modificar nada de lo que ya se está ofertando. Es un producto que está totalmente permitido, es barato y de fácil acceso. No va a ser una dificultad para los laboratorios producirlo en forma masiva, inclusive para el Estado”. Su forma de aplicación es otra de las ventajas que presentaría el tratamiento: se aplicaría en las fosas nasales cada seis horas, durante los veinte días posteriores al diagnóstico.

Actualmente el proyecto se encuentra en su fase clínica, a cargo del Doctor Juan Manuel Figueroa, que se lleva a cabo en distintos hospitales de la Ciudad, del Conurbano, Chaco y Rosario. El equipo de trabajo, que es una conjunción de investigadores básicos y clínicos, se completa con profesionales del Instituto de Ciencia y Tecnología César Milstein, y del Instituto de Biología Celular y Neurociencias Profesor De Robertis. Además, cuenta con el apoyo del COFECyT (Consejo Federal de Ciencia y Tecnología) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Argentina.

 

 

Israel y los Emiratos Árabes: alianza táctica y enemigos comunes

La oficialización del acuerdo que selló la paz y el establecimiento de vínculos diplomáticos entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos es el resultado más contundente del acercamiento y la comunión de intereses entre Jerusalén y un grupo de monarquías del Golfo.

En el pasado reciente, la administración israelí había dado muestras de su cercanía con el emirato de Omán, visitado por el primer ministro Benjamín Netanyahu en 2018, y había establecido contactos con el pequeño emirato insular de Bahréin, cuyo canciller se reunió en Washington con su par israelí a mediados del año pasado. En el caso de Arabia Saudita, mayor potencia árabe de la península y custodio de los lugares santos del Islam, ha habido conversaciones secretas y es innegable la confluencia de intereses con Israel para hacer frente a un enemigo común, la República Islámica de Irán.

La “pequeña Esparta” del Golfo

Constituido en 1971 como confederación de siete pequeñas monarquías, los Emiratos Árabes Unidos tienen una superficie de 83.600 km2 y albergan el 8% de las reservas probadas de petróleo del planeta. Su principal emirato, Abu Dhabi, concentra el 94% de esas reservas, lo que lo convierte en una suerte de primus inter pares en el andamiaje institucional emiratí. Un actor clave en la política reciente del país es el príncipe heredero del trono de Abu Dhabi, Mohamed bin Zayed, quien detenta el cargo de subcomandante de las Fuerzas Armadas de los Emiratos y se ha convertido en un aliado clave de EE.UU. y en mentor de otro príncipe poderoso, su vecino saudita Mohamed bin Salman. No ha sido casual que el anuncio oficial de Netanyahu del establecimiento de relaciones diplomáticas con los Emiratos Árabes Unidos haya tenido lugar luego de una videoconferencia, que tuvo como interlocutores a Donald Trump y al propio Mohamed bin Zayed.

Bautizado como la “pequeña Esparta” del Golfo, el protagonismo emiratí en la política de Medio Oriente se acentuó a partir del estallido de la Primavera Árabe, a comienzos de 2011. Enemigo declarado de los ‘Hermanos Musulmanes’, apadrinados por Qatar y considerados como “fundamentalistas” por los Emiratos y Arabia Saudita, Mohamed bin Zayed se embarcó en una serie de alianzas para frenar el avance de esa fuerza política en el norte de África y Oriente Próximo. Esa estrategia de contención explica su respaldo al golpe perpetrado en 2012 por el general Al-Sisi en Egipto, que derrocó al gobierno de los Hermanos Musulmanes que había llegado al poder por la vía de las urnas apenas un año antes, y el suministro de armamento y apoyo logístico al mariscal Khalifa Haftar en Libia, enfrentado con el gobierno de Trípoli en la guerra civil que vive ese país norafricano.

Los vínculos entre el gobierno de Qatar y los ‘Hermanos Musulmanes’ llevaron, además, a los Emiratos Árabes Unidos y a sus aliados sauditas a promover y conseguir la suspensión de aquel país como miembro del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) en 2017. Fue la natural consecuencia de la creciente tensión dentro del foro intergubernamental que nuclea a las monarquías de la península arábiga desde 1981. Tal como explicó a DEF la investigadora de la Universidad Nacional de General San Martín (UNSAM), Mariela Cuadro, “las posiciones contrapuestas adoptadas por Arabia Saudita y su aliado emiratí, por un lado, y Qatar, por otro, resultaron en el estallido de guerras proxy en toda la región de Medio Oriente”, entendiendo por este último concepto la “tercerización” de los conflictos valiéndose de terceros actores, tal como sucede en Libia.

Irán, un enemigo común

Otro campo de batalla en el que los Emiratos y sus vecinos sauditas se han involucrado en los últimos años es Yemen, convertido en un ejemplo de manual de “Estado fallido” tras la salida del poder del presidente Alí Abdallah Saleh en 2012. Allí, las monarquías sunitas del Golfo vienen sosteniendo, desde 2015, una campaña militar contra los rebeldes houthis, de religión chiita y cercanos a Irán. Es justamente el régimen de Teherán la otra gran amenaza, así percibida por Abu Dhabi y que explica la alianza con Israel, ambos preocupados por la estrategia iraní de proyectar su zona de influencia geopolítica sobre la denominada “media luna chiita”, que incluye Irak, Siria y el Líbano, con las consecuencias desestabilizadoras sobre el propio Israel.

Otro campo de batalla en el que los Emiratos y sus vecinos sauditas se han involucrado en los últimos años es Yemen, convertido en un ejemplo de manual de “Estado fallido”. Foto: Archivo DEF.

El gobierno de Netanyahu ha sido uno de los actores más críticos del acuerdo nuclear firmado en Viena en 2015 por Irán y las seis principales potencias (EE.UU., Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania), del que EE.UU. se retiró en 2018 bajo la presidencia de Donald Trump. Con la misma firmeza, los Emiratos Árabes también condenaron las provocaciones del régimen de Teherán en el Golfo Pérsico, el sabotaje a buques petroleros en el estrecho de Ormuz y el ataque con drones contra las instalaciones de la compañía Saudi Aramco. Este último ataque fue reivindicado por los houthis yemeníes, pero todas las sospechas apuntan a la responsabilidad final de Irán en ese acto de sabotaje contra instalaciones petroleras sauditas.

Al referirse al compromiso alcanzado por Israel y los Emiratos, el presidente estadounidense Donald Trump, destacó que se trata de los dos aliados más estrechos de EE.UU. en la región y señaló que el acuerdo es “un paso significativo en pos de la construcción de un Medio Oriente más pacífico, seguro y próspero”. El inquilino de la Casa Blanca, quien previamente había logrado convencer a Netanyahu de congelar los planes de anexión de territorios palestinos en Cisjordania, se mostró confiado en que otros países musulmanes sigan ese mismo camino. En plena campaña, el candidato demócrata Joe Biden –rival de Trump en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre– calificó el paso dado por Israel y los Emiratos de “valiente y necesario” y dijo que “ayudará a tender puentes en la brecha que hoy divide a Medio Oriente”.