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Más allá del vertedero: por qué combatir el gas metano no basta para cerrar el ciclo de la basura

Los investigadores del CONICET Mariana Saidón y Santiago Sorroche analizan los riesgos de centrar el debate ambiental solo en las emisiones de metano del relleno Norte III. Advierten sobre la trampa de ocultar la contaminación local, el peligro de la incineración y la necesidad urgente de pasar a un modelo de economía circular e inclusión social.

Por Mariana Saidón, Dra. en Economía e Investigadora Independiente del CONICET y Santiago Sorroche, Dr. en Antropología e Investigador Adjunto del CONICET

El metano es un gas que se produce, entre otras cosas, en los rellenos sanitarios, en donde los residuos son enterrados sistemáticamente y aquellos orgánicos se descomponen sin presencia de oxígeno. Se trata de un gas de efecto invernadero muy potente, que contribuye al cambio climático.

Un estudio realizado por la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), analizó las emisiones de metano en rellenos sanitarios de distintos países, mediante observaciones satelitales. Este detectó que el Complejo Ambiental Norte III de José León Suárez, provincia de Buenos Aires, manejado por la CEAMSE, registró la mayor tasa de emisión entre los sitios estudiados, lo que no es casual, dado que es uno de los más grandes del mundo: recibe residuos de 35 municipios bonaerenses y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en un volumen de alrededor de 18.000 t diarias. Esto implica, naturalmente, un enorme potencial de generación de metano.

El estudio internacional ha cobrado eco en nuestro país, y ha desatado diversas campañas centradas en este problema. Sin embargo, consideramos que esto atañe diversos riesgos, entre ellos, que proliferen los basurales a cielo abierto y las plantas de incineración, que al ser la alternativa más cercana a los rellenos sanitarios, y que emiten generalmente menos metano, presentan otros riesgos importantes y que, al fin y al cabo, superan a los del metano.

Entre el control técnico y el peligro de los basurales a cielo abierto

Por otra parte, cuando se observan las estadísticas sobre emisiones generadoras de cambio climático, en general al sector residuos se atribuyen solo las derivadas de las emisiones de metano de los rellenos, cuando en realidad deberían adjudicarse muchas otras, como las del transporte de residuos, las emisiones evitadas cuando existe reciclaje, entre otras. Esto invisibiliza algunas cuestiones, lo que distorsiona en gran medida el abordaje que debería darse al problema.

El metano es un gas que se produce, entre otras cosas, en los rellenos sanitarios, en donde los residuos son enterrados sistemáticamente y aquellos orgánicos se descomponen sin presencia de oxígeno.

Entendemos que el metano generado es un síntoma y, tal como ocurre con los síntomas médicos, si se atacan sin prestar atención al cuadro general (por ejemplo, si buscamos bajar la fiebre con un medicamento antifebril sin atacar la enfermedad que la genera) puede soslayar la necesidad de atender de manera integral un problema más complejo y preocupante. Frente a esto, y en la búsqueda de tratar de lograr atender al problema general, consideramos relevante realizar algunos planteos:

En primer lugar, debemos preguntarnos desde dónde se formula la enunciación original: se trata de un ámbito internacional preocupado por el cambio climático, a partir de una situación generada en nuestro territorio, que impacta en diferentes países del globo. Cabe mencionar, al respecto, que buena parte de los países desarrollados han contribuido históricamente en una proporción muy superior a la crisis climática y, al mismo tiempo, continúan generando mayores emisiones a partir de sus niveles de consumo y producción significativamente más elevados que los de la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Por añadidura, en comparación con el mismo territorio, California (el Estado donde se realizó el estudio), envía una proporción de residuos por habitante a rellenos sanitarios mucho mayor.  

Materia prima enterrada: la invisibilidad del verdadero costo del desecho

En este marco, el metano generado en los rellenos ubicados en la provincia y su aporte al cambio climático es nocivo, es cierto, ¿pero debe enfrentarse a cualquier costo? ¿No existen mejores estrategias para reducir emisiones y, a la vez, cuidar a las comunidades locales?

Los rellenos sanitarios no son una solución inocua a nivel ambiental, pero constituyen una alternativa regulada y técnicamente controlada frente a arrojos informales en arroyos, quemas de residuos y los basurales a cielo abierto donde, todavía, se gestionan los residuos de 77 municipios bonaerenses. Mientras estos últimos generan contaminación del suelo y el agua, incendios, olores, proliferación de vectores y emisiones descontroladas, los rellenos incorporan sistemas de ingeniería para confinar los residuos, reducir sus impactos y captar parte del metano que generan. Por eso, cuando su gestión es adecuada permite reducir los riesgos ambientales y sanitarios asociados a la disposición de residuos. En efecto, en la normativa bonaerense los rellenos sanitarios constituyen una modalidad regulada de disposición final, mientras que los basurales a cielo abierto representan una práctica que la Ley N° 13.592 procura eliminar.

Desde ya, algunos rellenos, como es el caso de Norte III, que se encuentra en una situación de saturación y recibe un elevado volumen de residuos, no funcionan en la práctica en condiciones apropiadas, generando impactos ambientales no deseables (debido a la propia saturación del sitio y al transporte de residuos a través de largas distancias hasta el lugar), pero esa es otra cuestión que excede el tema que nos ocupa en este caso. Asimismo, se podría aumentar la captura de gas metano en Norte III.

En suma, el metano es un gas de efecto invernadero con efectos relevantes, pero el Norte Global, centrando su atención en esta cuestión, puede estar dejando en segundo plano los problemas de contaminación locales, que afectan de manera directa nuestros territorios.

En segundo lugar, tanto basurales como rellenos sanitarios coexisten en el territorio provincial y hay algo que ambos tienen en común y que debería ocupar mucho más espacio que el metano en cualquier campaña: ambos representan el final de una cadena en la que materiales potencialmente recuperables terminan por eliminarse, y llegan al final de su vida útil de forma anticipada. Papel, cartón, plásticos, metales, vidrio y materia orgánica, entre otros, son destinados a estos sitios, cuando podrían, en muchos casos, volver al circuito productivo o utilizarse como aporte a la regeneración de la naturaleza. Cada tonelada que disponemos en rellenos y basurales implica perder materiales que deberán ser nuevamente extraídos de la tierra, con su consecuente impacto ambiental y, al mismo tiempo, desaprovechar oportunidades de trabajo formal para miles de recuperadores urbanos y otros actores incluidos en las cadenas de la economía circular.

Los rellenos sanitarios no son una solución inocua a nivel ambiental, pero constituyen una alternativa regulada y técnicamente controlada frente a arrojos informales en arroyos, quemas de residuos y los basurales a cielo abierto donde, todavía, se gestionan los residuos de 77 municipios bonaerenses.

La literatura de análisis de ciclo de vida muestra que, cuando se reciclan residuos secos, el impacto ambiental de su correcto tratamiento puede contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero respecto de su disposición final en basurales o rellenos, al evitar la necesidad de extraer y procesar nuevos recursos. Reciclar evita emisiones tanto en extracción de recursos naturales, como en el procesamiento, fabricación y transporte de materias primas vírgenes. Por ello, en general, los beneficios climáticos de recuperar y reciclar estos materiales son importantes, pero fcon frecuencia no son tan visibles como el metano, porque se adjudican en los registros oficiales a otras actividades (transporte, industria, etc.).

Incineración: el espejismo de quemar residuos para bajar emisiones

En tercer lugar, la incineración (denominada en su versión actual bajo el eufemismo de prácticas de “valorización energética” o “termovalorización”) genera menores emisiones de metano que un relleno, pero tiene el enorme riesgo de una enorme inversión que nos ate por mucho tiempo a un modelo que no queremos: el de quemar (en vez de recuperar) materiales. Este tipo de instalaciones, para amortiguar sus costos, necesita deglutir grandes cantidades de residuos a lo largo de muchos años. Esto conlleva múltiples consecuencias no deseadas en términos socioeconómicos y ambientales.

En conclusión, es fundamental descentrar el foco de las emisiones de metano en los rellenos sanitarios. Convertir ese único dato en la guía de acción puede llevarnos a decisiones erróneas. Aunque reducir los gases de efecto invernadero es clave, una perspectiva situada exige priorizar una campaña masiva de recuperación de residuos. En paralelo, debemos garantizar las mejores condiciones para la disposición final: erradicar los basurales a cielo abierto, descartar la incineración –más allá del metano que prometa reducir– y distribuir rellenos sanitarios de menor escala con tecnología avanzada de captación de gases. Se trata, en definitiva, de repensar el sistema en su totalidad y no de atacar un solo síntoma.

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