El presidente estadounidense, Donald Trump, le confió la idea de convertir al país caribeño, soberano desde 1811, en el Estado número 51 de Estados Unidos a John Roberts, periodista de Fox News. La declaración no tardó en generar reacciones. El republicano justificó la propuesta al citar las reservas petroleras venezolanas, que valoró en 40 billones de dólares, luego de afirmar que “Venezuela ama a Trump”.
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La propuesta se da en un contexto donde Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro y controla de facto las exportaciones petroleras venezolanas. Desde esa operación, Washington profundizó su injerencia en el país sudamericano y negoció acuerdos con empresas energéticas para explotar la infraestructura petrolera.
Estados Unidos y Venezuela: la controversial postura de Trump tras la captura de Maduro
Desde la captura de Nicolás Maduro, el 3 de enero, funcionarios de la Casa Blanca viajaron en repetidas ocasiones a Caracas para negociar acuerdos con compañías estadounidenses de energía y minería. Al mismo tiempo, buscaban estrechar lazos con el gobierno de Delcy Rodríguez, actual presidenta interina.
El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, presentó un plan de tres fases para Venezuela. La primera etapa constaba de la estabilización con control del crudo; la segunda suponía la recuperación económica, con una inversión de 100.000 millones de dólares; y la tercera, y última etapa, contemplaba la transición democrática con elecciones libres antes de fin de año.

No es la primera vez que Donald Trump lanza este tipo de comentarios sobre el país caribeño. En marzo publicó un mensaje sarcástico donde sugería la posibilidad de que Venezuela se convirtiera en el estado 51, luego del triunfo venezolano sobre Estados Unidos en el Clásico Mundial de Béisbol. También posteó una imagen editada con inteligencia artificial (IA) que mostraba a Canadá, Groenlandia y Venezuela como parte del territorio estadounidense.
La retórica de Trump sobre Caracas osciló entre el pragmatismo económico y el sarcasmo. Incluso llegó a bromear con postularse a la presidencia venezolana mientras aseguraba que obtendría un respaldo mayor que cualquier otro candidato en la historia del país. Esta semana volvió a afirmar que los venezolanos “están bailando en las calles” gracias a las inversiones petroleras estadounidenses.
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Convertir a Venezuela en un estado implicaría incorporarla formalmente a la unión estadounidense, con consecuencias directas sobre su soberanía, su sistema político y el manejo de sus recursos naturales. Aunque la propuesta enfrenta un rechazo extendido dentro y fuera del país, el trasfondo petrolero le da una dimensión estratégica que va más allá de la provocación retórica.
La contundente respuesta de Delcy Rodríguez
La actual presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, respondió desde La Haya, donde participó en audiencias ante la Corte Internacional de Justicia por el diferendo territorial con Guyana sobre el Esequibo. Al salir de una de esas audiencias, fue consultada por una periodista de Telesur sobre las declaraciones de Trump.
Al respecto, la funcionaria descartó de plano la propuesta y reivindicó la historia independentista venezolana. A su vez, aseguró que el país defenderá su integridad, su soberanía y su independencia: “Venezuela no es ni será una colonia”.

La exvicepresidenta evitó escalar el tono diplomático y señaló que su país mantiene una agenda de cooperación con Estados Unidos. Además, expresó su apoyo a la cooperación frente a la confrontación y recordó que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del planeta y una de las más importantes reservas de gas natural del mundo.
En ese sentido, proyecciones de las Naciones Unidas (ONU) estiman que Venezuela podría obtener más de 22.000 millones de dólares en ingresos por exportaciones petroleras durante este año, lo que supera en más de un 50% los ingresos del año anterior. Esa cifra da la pauta del interés real que hay detrás de los comentarios de Donald Trump, más allá de cualquier lectura irónica.




