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Reformas económicas, la prioridad de Bolsonaro

Las primeras semanas del nuevo presidente de Brasil en el poder fueron confusas, con muchas idas y vueltas, sin embargo, la hoja de ruta del mandatario para la economía del gigante sudamericano anima a los inversores. Por Guido Nejamkis 

En Brasil, para la mayoría de los grandes medios de comunicación locales, necesaria e inevitablemente críticos, el inicio del gobierno del ultraderechista capitán retirado del Ejército de Brasil y ex diputado Jair Messias Bolsonaro fue confuso y hasta, según se escribió, desastroso.

Para quien mira la superficie y tiene como obligación primera relatar hechos cotidianos, resulta difícil –e incluso inconcebible– no enfocarse en las contradicciones entre funcionarios, los desmentidos –al propio presidente–, las idas y venidas respecto a decisiones relevantes, y hasta las estridencias por momentos bizarras de la ministra de Mujeres, Familia y Derechos Humanos, la pastora evangélica y abogada Damares Alves.

Es cierto, las dos primeras semanas de Bolsonaro en el Palacio del Planalto, la exquisita obra del arquitecto Oscar Niemeyer erigida en la meseta central de Brasil para albergar la administración de las más altas decisiones nacionales, tuvieron anuncios fallidos, contradicciones, disputas políticas y marchas atrás de decisiones supuestamente tomadas con sumo cuidado y detalle.

Comentarios del presidente en Twitter y en entrevistas periodísticas suscitaron desmentidos de asesores, incluso sobre temas sensibles, como un supuesto aumento de la alícuota del impuesto que grava las transacciones con divisas, el Impuesto a las Operaciones Financieras (IOF), y una rebaja del tributo a los ingresos más altos.

Funcionarios de menor jerarquía que el presidente, como el jefe del ente impositivo (Receita Federal), Marcos Cintra, desmintieron al mandatario, y el jefe de la Casa Civil (ministro de la Presidencia o Jefe de Gabinete), Onyx Lorenzoni, afirmó que Bolsonaro “se había equivocado” al referirse a esos supuestos anuncios.

También causó algún ruido la afirmación del presidente de que la reforma del sistema jubilatorio llevaría la edad mínima de los futuros pensionados a 62 años para los hombres y a 57 para las mujeres, por debajo de la propuesta hecha al Congreso por Michel Temer durante su mandato. El poderoso ministro de Economía, Paulo Guedes, es favorable a una reforma más dura, con el objetivo de controlar la expansión y bajar una deuda pública equivalente al 77 % del PBI, que se disparó en los últimos cinco años.

Uno de los principales objetivos del nuevo ministro de Economía será mejorar rápidamente la situación fiscal del país.

Las contradicciones levantaron algunas voces de preocupación entre analistas, que pusieron el acento en aparentes divergencias entre Guedes, un respetado economista ortodoxo con doctorado en Chicago, el ala política del gobierno –que requiere y necesita entenderse con el Congreso para la aprobación de propuestas– y los militares nacionalistas y desarrollistas que rodean al presidente.

Bolsonaro, también, expuso divergencias en el gobierno respecto a la posibilidad, luego desmentida, de que Brasil albergue una nueva base militar estadounidense. La última que hubo en el país, en la ciudad nordestina de Natal, fue operada por la Marina de Estados Unidos hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial y desactivada en 1945.

Otros episodios llamaron también la atención por la confusión creada. Con un día de diferencia, Bolsonaro dirigió mensajes contradictorios sobre la autorización para que la estadounidense Boeing avance en la compra del fabricante de aviones Embraer. Una aparente negativa del gobierno a dar su aval a esa operación hizo caer un 5 % las acciones de la empresa con sede en la ciudad de Sao José dos Campos, estado de Sao Paulo. Las acciones recuperaron terreno luego de la luz verde oficial al joint venture entre las dos compañías.

La lista de episodios llamativos aumenta si se incluye una medida atribuida al ministro de Educación, el teólogo y filósofo colombiano nacionalizado brasileño Ricardo Vélez Rodríguez, que resultó anulada. Consistía en implementar cambios en un pliego para la licitación de compra de libros didácticos mediante los cuales se dejaba de exigir a las editoras proveedoras referencias bibliográficas y el compromiso con una agenda de no violencia contra las mujeres, además de la promoción de culturas de descendientes de esclavos, entre otras.

Vélez Rodríguez, un declarado enemigo de lo que denomina “marxismo cultural” y batallador contra la “ideología de género” y la educación sexual en las aulas, culpó del episodio a su antecesor, el ministro de Educación de Temer, quien negó cualquier relación con el caso.

Causaron asombro además la divulgación de escritos y discursos del nuevo canciller, Ernesto Araújo, agradeciendo a la divina providencia por alinear las ideas de su gurú, el filósofo Olavo de Carvalho (quien recomendó su nombramiento como ministro de Relaciones Exteriores, así como el de Vélez Rodríguez), con “la determinación y el patriotismo de Jair Bolsonaro” para terminar con el régimen “corrupto y ateo” que caracterizó a Brasil desde el fin de su dictadura en 1985 y que tuvo su auge en los gobiernos del PT.

Llamaron la atención además el despido del presidente de la Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones (APEX), Alex Carreiro –quien no aceptó ser echado por el canciller Araújo y sólo dejó el cargo tras la intervención del presidente–; el anuncio luego dejado sin efecto de la suspensión del programa de reforma agraria, la defensa del nombramiento de un amigo del primer mandatario en un puesto de dirección de la petrolera estatal Petrobras, y un vertiginoso ascenso de un hijo del vicepresidente Hamilton Mourao, ejecutivo del estatal Banco do Brasil, que triplicó el salario.

EL ÁRBOL NO TAPA EL BOSQUE

Estos “ruidos”, sin embargo, ni mosquearon a los mercados financieros. Por el contrario. El optimismo con Brasil y su economía se ha fortalecido: el real brasileño fue la moneda que más se valorizó ante el dólar (+4,3%) en el mundo en las primeras dos semanas del 2019 y la Bolsa de Valores de Sao Paulo la segunda que más subió en ese período, quedan por detrás del Merval argentino.

Si bien factores externos ayudaron a ese fenómeno, entre ellos la reducción de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China y la señalización de que la Reserva Federal estadounidense subirá las tasas de interés menos que lo esperado, la agenda económica del gobierno de Bolsonaro y, en particular, la determinación para reformar el oneroso sistema de seguridad social anima a los inversores, así como la propia conformación del equipo económico del capitán retirado.

“La composición del equipo (económico) fue bien recibida por los inversores y, pese a los desencuentros dentro del gobierno, las señales indican que el gobierno enviará una propuesta jubilatoria firme”, dijo el economista de la consultora Tendencias Silvio Campos Neto.

El propio Bolsonaro mostró que quiere rápidamente organizar a su equipo y superar los primeros traspiés. Ante los desencuentros, reunió a Guedes y a Lorenzoni, y el jefe de la cartera económica indicó que el proyecto que cambiará el sistema jubilatorio de Brasil será enviado al Congreso en febrero. Dado que para su aprobación se requieren dos rondas de votaciones con mayoría especial, se prevé que el trámite parlamentario se complete en junio.

 


“Los tropiezos son normales, pero por su cantidad se volvieron noticia en el inicio del gobierno.”



La reforma, piedra angular del programa de Bolsonaro y de Guedes, creará un régimen de capitalización privada que sustituirá gradualmente al actual, de reparto, y que consiste en que cada trabajador ahorre individualmente para financiar su propia jubilación. Los militares mantendrán un régimen especial.

Brasil, al que Guedes definió como “un paraíso de rentistas” y un “infierno para los emprendedores”, fue “corrompido por el exceso de gastos y paró de crecer por el exceso de gastos. La reforma del Estado es clave para corregir ese fenómeno”, dijo el ministro al asumir el cargo.

Con la aprobación de la reforma del sistema de seguridad social, la economía de Brasil se expandiría este año a una tasa de 2,2 %, casi el doble de lo esperado para 2018. El gobierno dio un paso importante en esa dirección: acalló las voces disonantes de su novato grupo de diputados y cerró el apoyo para que el actual diputado Rodrigo Maia, del partido de derecha Demócratas, continúe al frente de la Cámara baja a partir del 1º de febrero.

Guedes, quien ha sido un tenaz divulgador de ideas liberales en Brasil y un crítico de todos los gobiernos desde la redemocratización del país en 1985, ha contrariado a los que le auguraban choques con la cultura cortesana de Brasilia y la política tradicional para, sorpresivamente, generar una buena corriente de diálogo con el senador Renan Calheiros, del centrista Movimiento Democrático Brasileño (MDB), ex aliado de Luiz Inácio Lula da Silva y opositor de Michel Temer, quien se erige como un fuerte candidato a presidir el Senado junto Simone Tebet, también senadora del MDB.

El nuevo ministro de Economía, que concentra un ministerio en el que se fusionaron otros tres y maneja cerca de 40 % del presupuesto federal, además de los bancos estatales (BNDES, Caixa Económica Federal y Banco do Brasil), a la hora de indicar cuáles serán los ejes de su gestión puso el acento en mejorar rápidamente la situación fiscal del país.

“La Seguridad Social es el primer desafío a ser enfrentado. Si tenemos éxito, habrá diez años de crecimiento por delante”, prometió. Inmediatamente, mencionó un Plan B, una suerte de pacto federal que sirva para poner en marcha un ajuste eterno de las cuentas públicas, que incluya corte de subsidios, de impuestos y de gastos que contengan el explosivo crecimiento de las deudas de estados y municipios.

El ministro de Economía, junto al de Justicia, el ex juez Sergio Moro, y los militares que rodean a Bolsonaro, son los pilares del nuevo gobierno inaugurado el 1 de enero. Se trata del gobierno que se ha propuesto romper para todos los tiempos con el modelo quebrado por la Operación Lava Jato: el incentivador de la corrupción, desarrollado por la centralización en Brasilia de la planificación, las decisiones y los recursos, de la ejecución de grandes obras que establecieron lazos viciados entre políticos y empresarios dependientes de obras o de favores del gobierno.

“El empresario que quiere invertir tiene que lidiar con hiperinflación, tasas altas, extorsiones, chantajes fiscales y una legislación laboral capaz de ejecutar su patrimonio personal. Mientras, el éxito es fácil para los amigos del gobierno, oligarcas como Marcelo Odebrecht, Joesley Batista o Eike Batista. No es en vano que tantos se llevan su capital y talento afuera del país”, escribió el respetado periodista Helio Gurovitz en la revista Época para referirse a la realidad que Guedes luchará por cambiar radicalmente.

Los tropiezos son normales, pero por su cantidad se volvieron noticia en el inicio del gobierno. Para algunos, el primer impulso es hablar de incompetencia. Pero, como bien recordó en un informe a clientes el analista político Alon Feuerwerker, “la competencia e incompetencia son parámetros algo subjetivos”. Lo cierto es que, agregó, “las sandías se van acomodando en el camión según los golpes de la ruta. Algunas frutas se rompen, otras caen en el camino. Eso no es problema. Lo medular es la capacidad del presidente de mediar en los conflictos para un buen resultado”. Es en ese punto donde puede estar el peligro.

“¿Qué solución proveerá Jair Bolsonaro para el conflicto entre los evangélicos (a favor) y el agronegocio (en contra, debido a sus lazos con los mercados árabes) respecto de mudar o no la Embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén? En algún momento el presidente tendrá que resolver”, dijo Feuerwerker.

Mientras Bolsonaro ensaya su nuevo papel, Guedes ya tiene identificado frentes de acción: despolitizar el mercado de crédito, privatizar y reducir el poder de los bancos del Estado. Su antecesor inmediato, el ex banquero Henrique Meirelles, hoy responsable de las finanzas del estado de Sao Paulo, saludó esas prioridades.

“Reducción del tamaño del Estado, apertura de la economía, privatizaciones y aumento de la productividad del trabajador son los principios correctos. El país tiene todo para crecer 3 % y generar 2 millones de nuevos empleos en 2019”, agregó Meirelles, citado por Época. Esas son las verdaderas prioridades. El resto dependerá del andar del camión y de la suerte de cada sandía transportada.

*La versión original de esta nota será publicada en la DEF Nº125.

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