El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que la guerra en Medio Oriente acelerará la inflación y frenará el crecimiento económico global. Kristalina Georgieva, directora gerente del organismo, señaló que las nuevas proyecciones reflejarán el impacto del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán y que, sin la guerra, el FMI habría revisado al alza sus estimaciones de crecimiento mundial. En cambio, todo apunta ahora a más inflación y menor actividad económica.
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Guerra en Medio Oriente: su impacto en la economía mundial
Al respecto, Georgieva explicó que el conflicto ya se refleja en las perspectivas de inflación y crecimiento, y que incluso un cese rápido de las hostilidades no evitaría consecuencias más severas. Por lo tanto, habría una revisión a la baja del crecimiento y una al alza de la inflación por parte del organismo internacional. Si la guerra se prolongara, el efecto sería aún mayor, adelantó.

En un documento interno, la institución definió la situación como “un nuevo shock global” que interrumpe la recuperación de economías que recién comenzaban a estabilizarse. El organismo también recibió solicitudes de ayuda financiera de países afectados y evalúa ampliar algunos programas de préstamo existentes, aunque no precisó cuáles.
La principal señal del impacto de la guerra para el resto del mundo es el encarecimiento de la energía. El cierre parcial del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 30% de la producción mundial de petróleo y el 20% del gas natural licuado, alteró el mercado internacional del crudo. Para los países importadores, ese aumento de precios funciona como un impuesto sobre los ingresos nacionales.

No obstante, Ese impacto es desigual según la región. En Asia y Europa, los grandes importadores concentran el mayor golpe por los costos energéticos. En Medio Oriente, África, Asia-Pacífico y América Latina, el encarecimiento de la energía se combina con subas en alimentos y fertilizantes y con condiciones financieras más restrictivas. Los países de bajos ingresos son los más vulnerables, con mayores riesgos de inseguridad alimentaria.
Por otro lado, las bolsas globales registraron caídas, los rendimientos de los bonos subieron y las condiciones de crédito se endurecieron. Mientras algunos exportadores de materias primas fortalecen sus cuentas gracias al alza del petróleo, otros enfrentan mayores presiones sobre sus balanzas de pagos y el costo de vida interno.
Guerras y crisis económicas: una historia que se repite en el mundo
El vínculo entre conflictos armados y crisis económicas globales tiene antecedentes bien documentados en la historia contemporánea. El más directo con la situación actual es el shock petrolero de 1973, cuando los países árabes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decretaron un embargo de petróleo hacia Estados Unidos y sus aliados en respuesta a la guerra de Yom Kipur entre Israel y una coalición árabe.

El precio del crudo se cuadruplicó en pocos meses, lo que desencadenó una recesión global, inflación disparada y desempleo en las principales economías occidentales. Fue la primera vez que el mundo industrializado comprendió su dependencia energética.
Un segundo episodio relevante fue la guerra del Golfo de 1990, cuando la invasión iraquí a Kuwait provocó una nueva escalada del precio del petróleo y contribuyó a la recesión que afectó a Estados Unidos y otras economías desarrolladas en 1990 y 1991. La incertidumbre sobre el suministro energético y el deterioro de la confianza empresarial fueron los principales mecanismos de transmisión, los mismos que el FMI identifica hoy.
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La invasión rusa a Ucrania en 2022 es un ejemplo más reciente. El conflicto disparó los precios del gas natural en Europa, generó una crisis energética sin precedentes en el continente, aceleró la inflación global a niveles no vistos en décadas y obligó a los bancos centrales de todo el mundo a subir las tasas de interés de forma agresiva.
Por su parte, las consecuencias en el costo de vida y en el crecimiento económico se sintieron de manera especialmente intensa en los países de ingresos bajos y medianos, que vieron encarecerse simultáneamente la energía, los alimentos y el financiamiento externo. El patrón que el FMI describe ahora ante la guerra en Medio Oriente es, en sus rasgos esenciales, el mismo.




