La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia de salud pública de importancia internacional por un brote de Ébola activo en la República Democrática del Congo y Uganda. Con más de 90 muertos, cerca de 350 casos sospechosos y riesgo de propagación regional, el organismo advirtió que el episodio constituye una amenaza real para otros países fuera de África y exige coordinación urgente entre Estados.
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El brote se suma a un contexto global de creciente preocupación sanitaria, en el que organismos internacionales advierten que el mundo no está preparado para enfrentar nuevas epidemias con la velocidad que la situación requiere.
La OMS y su declaración de urgencia: la variante Bundibugyo y el epicentro del brote de Ébola
El virus detrás del brote es la variante Bundibugyo, una cepa poco frecuente del Ébola para la que no existe vacuna ni tratamiento específico. Esto la convierte en una amenaza sanitaria difícil de contener, dado que las herramientas disponibles son mucho más limitadas que para otras cepas del mismo virus.
El epicentro de la epidemia se encuentra en Ituri, una provincia del noreste del Congo fronteriza con Uganda y Sudán del Sur. Se trata de una región con intensa actividad minera y alta movilidad de personas, lo que facilita el desplazamiento del virus entre localidades. A eso se suma la presencia de grupos armados que operan en parte del territorio, lo que dificulta el acceso de los equipos sanitarios.

Las autoridades congoleñas reportaron 91 muertes y alrededor de 350 posibles casos. Sin embargo, hasta el momento se analizaron pocas muestras en laboratorio, por lo que los balances se apoyan principalmente en casos sospechosos. La mayoría de los afectados tienen entre 20 y 39 años, y más del 60% son mujeres.
El primer caso identificado es el de un enfermero que se presentó a un centro de salud en Bunia, la capital de Ituri. No obstante, el foco principal se ubica a unos 90 kilómetros de allí, en la zona de Mongbwalu, lo que sugiere que el brote habría comenzado en esa localidad antes de desplazarse.
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La OMS fue alertada tras la muerte de cuatro trabajadores de salud en solo cuatro días en esa área. Parte del retraso en la detección también se explica porque las comunidades afectadas inicialmente atribuyeron las muertes a causas místicas y llevaron a los enfermos a centros religiosos en lugar de consultar servicios médicos.
Asimismo, el virus ya traspasó las fronteras del Congo. Uganda registró dos muertes en personas que habían viajado desde el país vecino, aunque sin focos epidémicos locales identificados hasta el momento.
Medidas internacionales y el desafío de la respuesta para evitar otra pandemia
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, fundamentó la declaración de emergencia en que el brote representa un episodio extraordinario, implica un riesgo para otros países y requiere coordinación entre Estados. El organismo convocará un Comité de Emergencia para definir las recomendaciones concretas para los países afectados.
Entre las medidas que la OMS pidió activar se destacan:
- Refuerzo de la vigilancia epidemiológica.
- Ampliación del rastreo de contactos.
- Mejora de los protocolos de prevención en centros de salud.
- Fortalecimiento del diagnóstico en laboratorios.
- Controles sanitarios en aeropuertos, puertos y pasos fronterizos. Los casos confirmados deben permanecer aislados y no podrán viajar hasta obtener dos pruebas negativas separadas por al menos 48 horas.

La variante Bundibugyo fue identificada por primera vez en 2007 en el distrito ugandés del mismo nombre y, en 2012, volvió a aparecer en el Congo. En ambos brotes anteriores, las tasas de mortalidad oscilaron entre el 30% y el 50%. Las vacunas disponibles contra el Ébola son eficaces únicamente frente a la cepa Zaire y no sirven para contener el brote actual, por lo que la respuesta actual depende de la detección rápida y el cumplimiento de medidas de prevención.
El contexto global añade complejidad adicional. Tanto Estados Unidos como la Argentina se retiraron de la OMS en los últimos meses, y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) fue desmantelada por la administración Trump. Especialistas señalaron que esa reducción institucional podría haber demorado semanas la detección del brote. Si otros países siguen esa misma línea, no se podrán definir reglas y controles claros, por lo que la situación podría volverse todavía peor.




