Flávio Bolsonaro se impuso sobre Luiz Inácio Lula da Silva en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, el pasado 4 de octubre de 2026. El senador del Partido Liberal (PL) obtuvo cerca del 47% de los votos válidos, frente al 45% del actual mandatario, del Partido de los Trabajadores (PT). Ninguno alcanzó la mayoría absoluta, por lo que ambos competirán en el balotaje del 25 de octubre.
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El resultado sorprendió porque las últimas encuestas daban una leve ventaja a Lula, aunque la diferencia entre ambos ya anticipaba una disputa ajustada. El desenlace reflejó el crecimiento de la derecha brasileña y las dificultades del oficialismo para retener apoyos en un escenario marcado por la polarización política, las preocupaciones económicas y la influencia de los sectores religiosos.
Lula da Silva: el desgaste del Gobierno, las apuestas y la pérdida de votos
Uno de los factores que explican el resultado es el desgaste acumulado durante el tercer mandato de Lula. El endeudamiento de los hogares, las dificultades para llegar a fin de mes y la preocupación por la inseguridad alimentaron el descontento de gran parte del electorado. A esto se sumaron cuestionamientos por problemas de gestión y las investigaciones que involucraron a su entorno familiar, que sus adversarios utilizaron durante la campaña.

Las apuestas en línea también ocuparon un lugar central en el tramo final de la campaña. Nueve días antes de la primera vuelta, Lula dispuso la prohibición de las plataformas de apuestas de cuota fija, una medida que buscó responder a los problemas de endeudamiento y ludopatía asociados a las llamadas bets. El Gobierno informó que había bloqueado 506 sitios que continuaban ofreciendo estos servicios. La decisión, sin embargo, debía superar obstáculos judiciales y legislativos para mantenerse vigente.
La iniciativa tuvo respaldo social. Una encuesta de Datafolha, publicada antes de la votación, indicó que el 78% de los consultados estaba a favor de prohibir las apuestas deportivas y los casinos en línea. El apoyo alcanzaba al 85% de los votantes de Lula y al 70% de los de Flávio Bolsonaro. Aunque la medida podía beneficiar al presidente, no fue suficiente para revertir el resultado electoral.
Flávio Bolsonaro: el voto evangélico y el avance de la derecha brasileña
La religión fue otro factor relevante. Según un análisis de los resultados electorales por municipio y datos censales, Flávio Bolsonaro alcanzó el 52% de los votos válidos en localidades con una elevada concentración de población evangélica. Lula, por su parte, perdió terreno en municipios predominantemente católicos. La tendencia refleja una división electoral en la que los sectores evangélicos se inclinaron en mayor medida por el candidato del PL, aunque la religión no determina por sí sola el voto de cada persona.

Durante la campaña, Flávio buscó consolidar ese respaldo mediante su acercamiento a iglesias y referentes religiosos. No obstante, el apoyo evangélico no fue uniforme. Algunos pastores cuestionaron su candidatura o expresaron su respaldo a Lula, mientras que otras personas respaldaron su apoyo al asumir como un mandato de fe o una revelación espiritual directa en las urnas.
El hijo del expresidente también capitalizó el voto útil. Ante la fragmentación de la derecha, llamó a concentrar los apoyos en su candidatura para impedir la continuidad del PT en el poder. La estrategia ganó fuerza cuando las opciones minoritarias quedaron relegadas y la competencia se concentró entre los dos principales candidatos.

A esto se sumó el peso político de su padre, Jair Bolsonaro, condenado por su participación en un intento de golpe de Estado tras las elecciones de 2022. Flávio prometió indultarlo si llega a la presidencia.
El resultado de la primera vuelta coincidió, además, con un avance de la derecha en el Congreso. El Partido Liberal amplió su representación parlamentaria y quedó como la principal fuerza en ambas cámaras, lo que refuerza la capacidad de negociación del bloque bolsonarista. En ese sentido, la nueva correlación de fuerzas anticipa mayores dificultades legislativas para Lula si consigue la reelección.
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Por último, las encuestas volvieron a subestimar el respaldo al espacio bolsonarista. Los últimos sondeos daban a Lula una ventaja que no se trasladó a las urnas, como ya había ocurrido en 2022, cuando la diferencia entre los pronósticos y el resultado final también fue considerable.
De esta manera, las elecciones en Brasil dejaron una clara conclusión: el oficialismo conserva una base electoral amplia, pero la derecha logró movilizar suficientes apoyos para superar al presidente en ejercicio. El balotaje del 25 de octubre definirá si esa ventaja se convierte en un regreso del bolsonarismo al poder o la continuación de Lula por un nuevo período.




