Venezuela fue sacudida por un primer terremoto de magnitud 7,2 tuvo su epicentro 21 km al oeste de Morón a las 18:04 hora local y fue seguido casi un minuto después por otro más fuerte de magnitud 7,5 a pocos kilómetros de distancia. Más de 160 personas murieron y más de 900 resultaron heridas, según confirmó la presidenta encargada Delcy Rodríguez, quien declaró el estado de emergencia. Los dos sismos son los más graves en el país desde el registrado en 1997 en el estado de Sucre, que causó 73 muertos.
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¿Por qué pasaron dos terremotos seguidos?
El Centro Nacional de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos explicó que ambos temblores conformaron un “doblete sísmico”, un fenómeno en el que dos terremotos de gran magnitud ocurren con pocos segundos de diferencia en la misma zona. En términos geofísicos, el primer sismo no libera toda la energía acumulada en la falla: redistribuye el estrés en las rocas adyacentes y puede desencadenar de inmediato una segunda ruptura de magnitud comparable o incluso mayor. Es distinto a una réplica convencional, que suele ser considerablemente más débil que el sismo principal.
En el norte de Venezuela, la placa del Caribe y la placa sudamericana interactúan a lo largo de un complejo límite de placas: la placa del Caribe se desplaza hacia el este y colisiona parcialmente con la placa sudamericana en un movimiento oblicuo, generando una amplia zona de fallamiento complejo. Los eventos sísmicos del país se concentran en áreas asociadas a sistemas de fallas como Boconó, San Sebastián y El Pilar, además de otros sistemas activos. Es precisamente esa arquitectura tectónica múltiple la que favorece la ocurrencia de dobles eventos: una ruptura en un segmento puede transferir tensión inmediata a un segmento vecino.

La posibilidad de una causa artificial: ¿es posible?
La pregunta circula en redes cada vez que ocurre un sismo de este tipo, pero la respuesta científica es clara: no hay evidencia ni mecanismo plausible que vincule estos eventos con actividad humana. Las tecnologías capaces de inducir sismicidad –fracking, inyección de fluidos en pozos profundos, represas de gran escala– pueden generar sismos de magnitud entre 3 y 5 en condiciones muy específicas.
Producir artificialmente un doblete de 7,2 y 7,5 en una zona de subducción activa está completamente fuera del alcance tecnológico actual. Los sismos ocurrieron dentro del triángulo formado por tres sistemas de fallas de rumbo: Boconó al sur, Oca-Ancón al norte y Bucaramanga-Santa Marta al oeste, una configuración tectónica con centenares de años de actividad documentada.
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El terremoto de Caracas de 1967, de magnitud 6,5, dejó centenares de víctimas y miles de heridos, convirtiéndose en uno de los sismos más recordados del siglo XX en Venezuela. El más reciente, lo supera en escala y, con la infraestructura urbana actual –mucha de ella envejecida y con mantenimiento deficiente–, el impacto estructural fue devastador. El golpe llega además en un momento crítico: Venezuela atraviesa una profunda crisis política y financiera que complica enormemente la respuesta humanitaria.




