La tradición china de obsequiar pandas gigantes a otros países, conocida como “diplomacia del panda”, es una de las herramientas de poder blando más eficaces de China. Durante su última visita a Estados Unidos, Xi Jinping anunció la entrega de dos nuevos osos luego de su encuentro con el presidente Donald Trump. Estos animales se entregan como muestra de amistad, pero su destino depende siempre de la política.
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China: qué significa que el gigante asiático obsequie un oso panda
El panda gigante es considerado un tesoro nacional y uno de los grandes símbolos de China. Por eso, cuando el gobierno chino ofrece un ejemplar a otro país, entrega algo muy valioso y el gesto se interpreta como una señal de confianza y de voluntad de acercamiento.
La costumbre es muy antigua. Según los registros históricos, la emperatriz Wu Zetian, de la dinastía Tang, envió un par de osos al emperador de Japón hace más de 1300 años. Los historiadores discuten algunos detalles del episodio, pero se lo considera el antecedente más lejano. Tras la fundación de la República Popular China, la práctica se retomó como gesto político. Los primeros destinatarios fueron países aliados como la Unión Soviética (URSS) y Corea del Norte, aunque con el tiempo se sumaron algunos gobiernos occidentales.

El momento más famoso llegó con la visita del presidente estadounidense Richard Nixon a China. El acercamiento entre las dos potencias quedó simbolizado con el envío de pandas al Zoológico Nacional de Washington, y los animales se convirtieron en emblema de ese acercamiento diplomático.
Japón vivió algo parecido. Al normalizar sus relaciones con China, recibió a Kang Kang y Lan Lan, que fueron alojados en el zoológico de Ueno, en Tokio, y atrajeron a millones de visitantes. Desde entonces, los pandas quedaron asociados a la amistad entre ambos pueblos.
Más adelante, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, el obsequio se transformó en préstamo. Los zoológicos pasaron a pagar una suma anual que puede llegar a un millón de dólares por ejemplar, y China sostiene que ese dinero se destina a proteger a la especie y a los bosques de bambú donde vive.

Además, China conserva la propiedad de todos los animales, incluidas las crías nacidas en el extranjero, que deben volver cuando vence el contrato. Así mantiene un control casi total sobre la especie, con la excepción de un ejemplar en México.
Por eso el gesto tiene una doble lectura. Es una muestra de cariño y de cooperación científica, porque los pandas son una especie vulnerable y difícil de reproducir en cautiverio. Pero también es un mensaje político que China puede activar o frenar según cómo evolucione el vínculo.
Qué pasa con los pandas, cuando la relación se tensa entre países
Como los pandas son propiedad de China, el gobierno chino puede no renovar un préstamo o pedir la devolución cuando el clima político empeora. No hace falta un comunicado ni una sanción formal; alcanza con que los animales se vayan.
El caso más reciente es el de Japón, donde Xiao Xiao y Lei Lei, los últimos pandas del país, regresaron a la provincia china de Sichuan al terminar su contrato, en medio de la tensión por los comentarios de la primera ministra, Sanae Takaichi, sobre Taiwán. Es la primera vez en más de medio siglo que Japón no tiene ninguno y no hay nuevos envíos previstos.
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Por su parte, Estados Unidos atravesó algo similar cuando China no renovó los acuerdos con los zoológicos de Washington, San Diego y Memphis, y luego partieron también los ejemplares de Atlanta, en un contexto de relación cada vez más fría. Cuando el vínculo se recompuso, llegaron pandas nuevos.
De todas maneras, vale aclarar que no toda devolución es un castigo, porque los contratos tienen fecha de vencimiento, y la lectura política aparece cuando ese vencimiento coincide con una etapa de tensión y China no ofrece renovarlo.




