Desde el nivel de conducción superior, la administración Trump se ha fijado distintos ejes ofensivos, transmitidos directamente por el presidente de Estados Unidos. El objetivo político, expresado en la consigna de que el pueblo iraní “tome el control”, se orienta a una eventual transferencia de poder y al colapso del régimen teocrático de Irán.
En el plano militar, el esfuerzo se dirige a la neutralización del sistema de armas misilístico, la destrucción de su estructura de producción y la degradación de los sistemas de comando y control, tanto defensivos como ofensivos.
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El curso de acción estratégico combina estos ataques con el desarrollo de negociaciones, en una lógica de diplomacia coercitiva orientada a quebrar la voluntad de Irán de continuar con sus programas nuclear y misilístico.

En términos de acción recíproca, la respuesta iraní abarca un amplio espectro de objetivos: territorio israelí, bases del Comando Central en Irak, Siria y Kuwait; así como instalaciones clave como Al Udeid (Qatar), Manama (Bahrein) y Al Dafra (Emiratos Árabes Unidos). A ello podría sumarse la afectación de infraestructuras energéticas estratégicas, particularmente en Arabia Saudita.
Los distintos teatros de operaciones de EE. UU.
Los principales escenarios de combate se concentrarían en el intercambio de misiles sobre ciudades israelíes, bases estadounidenses y objetivos estratégicos en profundidad dentro del territorio iraní.
Asimismo, adquieren centralidad las operaciones navales en el Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz, el Golfo de Omán, el Mar Arábigo, el Mar Rojo y el Mediterráneo Oriental.
En el ámbito marítimo, la experiencia reciente ha obligado a modificar dispositivos y procedimientos tácticos tanto en Irán como en Estados Unidos.

En este sentido, los mandos estadounidenses —entre ellos el almirante Brad Cooper (CENTCOM) y el almirante Curt Renshaw (Quinta Flota)— operan sobre la base de antecedentes clave como la Operación Praying Mantis (1988) y el ejercicio militar Millennium Challenge, ambos relevantes en la planificación de contingencias vinculadas a los programas nuclear y misilístico iraní entre 2007 y 2025.
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En este marco, la dinámica entre presión militar, negociación y respuesta recíproca mantiene abierto un escenario en el que distintas trayectorias —de contención, escalada o combinaciones intermedias— continúan siendo plausibles.




