Ali Jamenei fue el líder supremo de Irán desde 1989 y una de las figuras más influyentes del mundo islámico. Clérigo chiita y expresidente iraní, moldeó la política interna y exterior del país durante más de tres décadas. Su muerte, tras los ataques de Estados Unidos e Israel, deja un vacío de poder y sume al país en la incertidumbre total.
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Irán: ¿Quién era Ali Jamenei?
Antes de asumir el máximo poder religioso y político, fue presidente de Irán entre 1981 y 1989. Jamenei nació en una familia clerical de recursos modestos. Su padre era un erudito religioso, lo que lo llevó desde joven a estudiar teología islámica.
Inició estudios religiosos en Mashhad y completó su formación en Qom, centro del pensamiento chiita. Su figura cobró relevancia al convertirse en discípulo de Ruhollah Jomeini, líder de la revolución islámica.
Durante los años 60 y 70 participó en actividades contra la monarquía del sha, lo que le valió detenciones y vigilancia por parte del régimen.
Ali Hosseini Jamenei nació el 19 de abril de 1939 en Mashhad, Irán. Fue un clérigo chiita y político que ocupa el cargo de líder supremo de la República Islámica de Irán desde 1989, siendo el segundo en la historia del país tras la revolución islámica.
Máxima figura tras la Revolución Islámica
Después de la revolución de 1979, Jamenei se integró rápidamente al nuevo sistema. Pasó por distintas partes del complejo aparato político-religioso e integró el Consejo Revolucionario, fue viceministro de Defensa, representante personal de Jomeini hasta convertirse en presidente de Irán.
Tras la muerte de Jomeini en 1989, Jamenei fue designado líder supremo, la máxima autoridad del sistema iraní, cargo que ocupó hasta su muerte.

El puesto le otorgó el control de las Fuerzas Armadas, el poder de designación del jefe del Poder Judicial, influencia decisiva en política exterior y en países como Irak, Siria, Yemen y Líbano.
Lo más importante fue el férreo control del sistema político iraní, con injerencia directa en la validación de candidaturas a través de organismos como el Consejo de Guardianes, encargado de seleccionar a los candidatos a presidente.
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Con el tiempo, consolidó una estructura de poder altamente centralizada y fortaleció el papel de la Guardia Revolucionaria en Medio Oriente, además de fomentar el programa nuclear de Teherán, en busca de un arma nuclear que incline la balanza a su favor.
La muerte de Alí Jamenei sin un sucesor claro para el cargo de líder supremo, acompañada de un complejo contexto social y económico, sumerge a Irán en una incertidumbre sobre el futuro del liderazgo nacional e incluso del sistema de gobierno.




