Con 303.000 barriles de crudo recuperables, Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. No es casualidad, entonces, que Estados Unidos se haya propuesto tomar el control de sus exportaciones y quiera apoderarse de ese activo estratégico.
Las reacciones no se hicieron esperar. China condenó la “grave violación del derecho internacional” y la “vulneración de la soberanía de Venezuela”. Por su parte, el Kremlin calificó de “acción militar ilegal” la incautación del buque Marinera, con bandera rusa, que transportaba petróleo venezolano y fue interceptado en el Atlántico Norte.
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Las sanciones contra la “flota fantasma” venezolana y el reciente bloqueo petrolero fueron la antesala de la captura de Nicolás Maduro y la posterior exigencia de “total acceso” a los recursos energéticos de su país. Hasta noviembre pasado, China era el principal destino de las exportaciones de crudo venezolanas, con 746.000 barriles diarios, lo que representaba el 80,9% de esas operaciones. Las exportaciones a EE. UU., a través de Chevron, ascendían a 135.000 barriles por día.

Ese panorama podría cambiar, si se hacen realidad los últimos anuncios de la administración Trump. “Le diremos al régimen (de Venezuela) que podrá vender su petróleo siempre y cuando sirva a los intereses nacionales de EE. UU.”, manifestó su vice, J.D. Vance, en una entrevista a Fox News. Mientras Trump habló de la inminente entrega de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo, la estatal PDVSA confirmó que negocia la venta de petróleo a Washington “en una transacción estrictamente comercial”, aunque sin dar cifras.
El Irak post-Saddam: China saca ventaja a Occidente
El otro escenario de esta disputa geopolítica por el petróleo se da en Medio Oriente, donde se encuentra el 48,25% de las reservas probadas del planeta. Allí se encuentran cinco de los diez mayores productores de crudo: Arabia Saudita, Irak, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Estos países proporcionan, en su conjunto, más de dos tercios de las importaciones chinas de crudo.
Irak cuenta con las quintas mayores reservas probadas del planeta, con alrededor de 145.000 millones de barriles de crudo recuperables. Tras la invasión estadounidense de Irak y el fin del régimen de Saddam Hussein en 2003, la comunidad internacional puso fin a las sanciones que pesaban sobre susexportaciones petroleras.

Tras un largo período de inestabilidad interna y de lucha contra los grupos yihadistas, el sector recuperó paulatinamente su impulso. Hoy sigue siendo el motor de la economía y representa más del 90% de los ingresos del Estado iraquí. Además, tras la caída de Saddam, Irak volvió a transar su petróleo en dólares, luego de haber reemplazado la divisa estadounidense por el euro en el 2000. Según datos oficiales, en 2025 el país produjo 4,03 millones de barriles diarios, de los cuales exportó 3,4 millones.
Sin embargo, las compañías chinas controlan actualmente el 34% de las reservas y cerca de dos tercios de la producción de petróleo iraquí. Las cuatro principales inversoras chinas en ese sector de la economía aspiran a producir conjuntamente 500.000 barriles diarios de aquí a 2030, duplicando sus actuales niveles. En 2025, las importaciones de crudo iraquí por parte de China promediaron los 1,08 millones de barriles diarios. Mientras tanto, EE. UU. importó, según los últimos datos oficiales, 357.000 barriles diarios.
Irán, la carta de las refinerías chinas para suplir el petróleo venezolano
Otro actor clave en esta industria es el vecino de Irak, Irán, que cuenta con cerca de 209.000 barriles de petróleo recuperables, las terceras mayores del planeta, detrás de Venezuela y Arabia Saudita. El gran problema que enfrenta laindustria petrolera del país persa son las sanciones impuestas por EE.UU. y Europa. El gran beneficiario es China, mercado al que se dirigeel 90% del crudo comercializado por Irán en el exterior y que recibe un descuento de entre 5 y 10 dólares sobre el precio del barril.

La producción se mantiene estable, en el orden de los 3,5 millones de barriles diarios, y las exportaciones promedian los 1,67 millones. En un nuevo intento por asfixiar financieramente al régimen iraní, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de EE.UU. impuso, en noviembre pasado, sanciones a 29 buques que integrarían la “flota fantasma” del régimen de Teherán.
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Resignada a perder el suministro de Venezuela, el petróleo iraní es visto como una alternativa por las refinerías independientes chinas, conocidas como “teteras” y ubicadas en la provincia oriental de Shandong. Cuentan con una capacidad de procesamiento de 4 millones de barriles diarios, lo que representa una quinta parte de la capacidad total de refinación del gigante asiático. Estas eran, hasta ahora, las principales compradoras de petróleo Merey –mezcla del crudo pesado extraído de Venezuela diluido con otros petróleos más ligeros o naftas–, utilizado para fabricar betún para pavimentar carreteras.
Arabia Saudita, histórico aliado de Washington y estrecho socio de Pekín
La segunda gran potencia petrolera y un histórico aliado de Washington en Medio Oriente es Arabia Saudita. Se ubica detrás de Venezuela, con las segundas mayores reservas probadas de crudo: unos 267.000 barriles.

En los últimos años, Riyad ha buscado un mayor equilibrio con Pekín. De hecho, China se ha convertido en su principal socio comercial y el mayor comprador de su petróleo, con un promedio de entre 1,3 y 1,5 millones de barriles diarios. Mientras tanto, a la par del crecimiento de su producción doméstica, EE.UU. ha reducido sus importaciones de crudo saudita en la última década, hasta los niveles actuales de entre 250.000 y300.000 barriles diarios.
En 2019, cuando el príncipe heredero y hombre fuerte de la monarquía saudita Mohamed bin Salmán parecía aislado internacionalmente por el caso Kasshoggi, una visita a China le permitió recuperar su protagonismo. Allí firmó un contrato millonario para la construcción de una refinería y un complejo petroquímico en la ciudad de Panjin, al noreste del país asiático. La petrolera estatal Saudi Aramco y sus contrapartes chinas Sinopec y CNPC han consolidado esta alianza comercial en la última década.
En el plano diplomático, en 2023 la mediación de China permitió que los archienemigos Arabia Saudita e Irán restablecieran relaciones diplomáticas tras siete años de congelamiento. El equilibrio en la región y la estabilización de la ruta de salida del petróleo, en el estrecho de Ormuz, beneficia al gigante asiático, cuya economía depende fuertemente de la afluencia de crudo de Irán, Arabia Saudita y las petromonarquías del Golfo.




