El regreso de los 80 efectivos de las Fuerzas Armadas argentinas desplegados en Venezuela tras el terremoto marcó el cierre de una operación que volvió a poner a prueba las capacidades de respuesta rápida, la acción militar conjunta y el empleo de medios especializados en asistencia humanitaria.
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Presidida por el ministro de Defensa, teniente general Carlos Alberto Presti, en la ceremonia realizada este jueves en el edificio Libertador -sede de la cartera castrense- no sólo dijeron presente los rescatistas, personal sanitario y especialistas en logística, sino que también estuvieron los equipos empleados por el personal militar argentino para llevar adelante las misiones que debieron realizar en la localidad venezolana de La Guaira.

Durante su discurso, Presti remarcó que el despliegue fue posible gracias a una capacidad construida durante años de entrenamiento y planificación.
Argentina en Venezuela: 12 horas para desplegar una fuerza de asistencia humanitaria
“Fuimos los primeros en llegar cuando Venezuela pidió socorro. A solo 12 horas de impartida la orden, nuestros equipos ya se encontraban en camino hacia el epicentro de la catástrofe”, señaló.
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Para el ministro, ese tiempo de reacción no fue producto de la improvisación sino del trabajo previo de cientos de hombres y mujeres que, desde distintas unidades y organismos del sistema de defensa, hicieron posible el alistamiento y el despliegue de personal altamente especializado en tiempo récord.

El titular de la cartera de Defensa utilizó además la experiencia en Venezuela para reivindicar el valor estratégico de la preparación militar y de la acción conjunta entre el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea bajo la conducción del Estado Mayor Conjunto. En ese sentido, sostuvo que la operación demostró que “la defensa no comienza cuando ocurre una tragedia, sino mucho antes, con la inversión, el entrenamiento, el equipamiento y la formación del personal”. También destacó que las capacidades desarrolladas resultan esenciales para responder a emergencias complejas, donde la rapidez de despliegue, la logística, el comando y control y la coordinación entre fuerzas pueden traducirse en la posibilidad de salvar vidas.
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Cabe señalar que, junto al ministro, estuvieron los titulares del Estado Mayor Conjunto, almirante Marcelo Dalle Nogare; de la Fuerza Aérea, brigadier general Gustavo Javier Valverde; y de la Armada, almirante Juan Carlos Romay. También, en representación del jefe del Ejército, estuvo el subjefe de la Fuerza, general Walter Gustavo Re.
Coronel Wissinger: “Cuando aparecía alguien con vida, nos volvía el alma al cuerpo”
“Había días en los que volvíamos con el ánimo por el piso porque solo encontrábamos personas fallecidas; cuando aparecía alguien con vida, nos volvía el alma al cuerpo“. Con esa frase, el coronel Miguel Ángel Wissinger -máxima autoridad militar argentina en las tareas en La Guaira- resumió, en un mano a mano con DEF, la intensidad de la misión humanitaria que encabezó en Venezuela.

Su testimonio permite dimensionar lo que no muestran los partes oficiales: el desgaste físico y emocional de un contingente que trabajó durante decenas de días buscando sobrevivientes entre los escombros, sosteniendo a las familias y apoyándose mutuamente para continuar la tarea.
Según contó a DEF, la orden preparatoria para el despliegue llegó durante la tarde del 26 de junio. Desde ese momento, el objetivo fue conformar un equipo reducido de evaluación de daños y rescatistas que pudiera arribar lo antes posible para relevar la situación sobre el terreno y determinar qué capacidades adicionales serían necesarias en un segundo momento. Apenas 24 horas después, un primer contingente de 30 efectivos partió hacia Venezuela en un avión de la Fuerza Aérea Argentina.
Ese grupo aterrizó durante la madrugada y, apenas tocó tierra, fue asignado al sector B2, considerado el más crítico de la zona afectada. “Fuimos el segundo contingente que llegó y desde ese momento empezamos a trabajar sin parar”, recordó el jefe del operativo, quien destacó que, desde el primer momento, sabían que las tareas de búsqueda y rescate debían ser prioritarias.

No abandonar: el rasgo del soldado argentino
“Fue un reto. El equipo estaba integrado por gente joven que era la primera vez que salía a hacer este tipo de operaciones. Hoy les puedo decir que el contingente pasó por momentos muy difíciles y críticos. Pero también por otros buenos, aunque fueron los menos. A raíz de lo vivido, el grupo desarrolló un lazo muy especial. Creo que no lo olvidarán”, confesó el comandante Conjunto de Protección Civil y Emergencias del Estado Mayor Conjunto, al tiempo que destacó el nivel de profesionalismo de los argentinos que colaboraron con las tareas.
En palabras de Wissinger, las Fuerzas Armadas argentinas ya dijeron presente en varias situaciones similares. Incluso, suelen participar de ejercicios con escenarios críticos con otros países. En ese sentido, contó que las patrullas suelen complementarse en las tareas dependiendo de sus capacidades. “Todos trabajan con un solo objetivo. En este caso: encontrar víctimas con vida. Esa fue nuestra prioridad. Luego, por supuesto, brindar contención y rescatar los cuerpos, porque la gente necesitaba poder hacer el duelo. En nuestro caso, trabajamos con psicólogos, llevamos una psicóloga de la Armada. Además, nuestro personal estuvo, todo el tiempo, siendo monitoreado por un equipo médico”, señaló.

¿Qué hay en el ADN del soldado argentino que resulta clave en este tipo de escenarios? “Bueno. A veces se decía que no valía la pena buscar en ciertos lugares. Sin embargo, nosotros asumimos el riesgo. Eso nos caracterizó y fue la razón por la que logramos cierto prestigio en el terreno, dicho por los venezolanos y otros contingentes. Estuvimos siempre listos para auxiliar, aunque sea en un lugar difícil o de mucha complejidad para acceder. Por todos los medios, buscábamos llegar y llevar esperanza”, respondió.
La desesperada búsqueda contrarreloj de Lucas
Uno de los episodios más sensibles de la misión fue la búsqueda de Lucas, el niño argentino que permanecía desaparecido entre los escombros.
“Nos enteramos de que estaban buscando a un ciudadano argentino en nuestro sector”, explicó. Durante cinco días, el contingente nacional trabajó intensamente hasta que finalmente el cuerpo del menor fue hallado entre los escombros.
Además de las tareas de búsqueda y rescate, el equipo argentino brindó contención a la familia de Lucas -a través de la psicóloga de la Armada que integraba el contingente- y acompañó todo el proceso de recuperación de los restos.
“Las caras lo decían todo”: la fortaleza emocional del contingente argentino
“No abandonamos a nadie”, cuenta, al tiempo que remarca que la operación se desarrolló de manera coordinada con efectivos del Ejército de Jordania, rescatistas de México y fuerzas venezolanas, en una muestra del trabajo conjunto que caracterizó la respuesta internacional frente a la tragedia.

Pero la misión no solo exigió contener a las víctimas y a sus familiares. También obligó a cuidar emocionalmente a quienes, durante casi veinte días, trabajaron entre los escombros. El coronel Wissinger reconoció que hubo jornadas especialmente difíciles, marcadas por el hallazgo de personas fallecidas y por el desgaste que implicaba cada búsqueda.
“Había días que eran realmente duros. La gente hablaba recién cuando regresaba de las patrullas; las caras lo decían todo”, recordó.
Para afrontar ese impacto, el contingente estableció un espacio de contención al finalizar cada jornada. “Todas las noches hacíamos una reunión donde cada uno contaba lo que había visto. La percepción que uno tiene no es la de todos. Quizás para uno fue un éxito y para otro no, porque su perro no hizo lo que tenía que hacer o quedó atascado durante una búsqueda. Entonces nos apoyábamos entre todos”, explicó. Cuando alguno de los integrantes evidenciaba un mayor desgaste, no volvía a salir al día siguiente: permanecía en el campamento realizando tareas de recuperación y recibía el acompañamiento de la psicóloga de la Armada que integraba la misión.







“Muchos no querían volver, querían seguir ayudando”
Lejos de experimentar alivio al finalizar el despliegue, muchos de los rescatistas querían permanecer en Venezuela. No querían volver, querían seguir ayudando. Es una cosa muy impresionante”, confesó Wissinger.
Sin embargo, explicó que la etapa de búsqueda y rescate había concluido y que comenzaba otra fase, centrada en las demoliciones y el trabajo con maquinaria pesada. “Habíamos cumplido un ciclo”, resumió.
“Estoy orgulloso de haber conducido este grupo de gente. Me ha tocado participar en muchísimos despliegues a lo largo de mi vida, pero este lo sentí un poco más porque ya estoy al final de mi carrera”, afirmó. Y agregó una reflexión que resume el espíritu de la operación: “Esta profesión tiene eso. Cuando uno está en primera línea, la satisfacción del deber cumplido es inigualable”.
Antes de despedirse, Wissinger volvió sobre una idea que también había planteado el ministro durante la ceremonia de recepción. “Esto no empezó el 26 de junio. Son años de haber invertido en el personal para que hoy esté ese perro adiestrado, ese guía con capacidad de búsqueda y esos comandos que saben conducir operaciones de emergencia. Eso lleva mucho tiempo”, concluyó.




