Los efectivos de las Fuerzas Armadas saben que, pese al paso de los días, pueden brindar una asistencia clave en un momento crítico. Por eso, mientras Venezuela cuenta sus pérdidas y la cifra de fallecidos, un contingente argentino desembarca con una misión clara: encontrar y rescatar a las víctimas del terremoto y llevar agua potable a los sobrevivientes. Esta vez, la orden recae en el Ejército Argentino: este martes por la tarde despegarán hacia Caracas para decir presente en las horas más críticas.
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Efectivos con cuerdas, radios, linternas y picos se suman a perros de guerra y guías y expertos en potabilizar agua. Así toma forma, en Campo de Mayo, uno de los operativos humanitarios más conmovedores: “Misión Venezuela”.
Teniente primero Edgar Aban: “Ayudar es algo bien argentino”
Desde Campo de Mayo, a horas de partir a Venezuela, DEF conversó con uno de los efectivos que, este martes, partirá liderando una patrulla de rescatistas militares a Venezuela, el teniente primero Edgar Aban.

Rodeado de los elementos de trabajo que trasladará a Venezuela (que los ayudarán a remover escombros y poder operar en altura), el oficial del Ejército comenta que, apenas recibió la orden, debió interrumpir una capacitación que estaban teniendo con agencias civiles para trasladarse desde el Regimiento de Infantería de Montaña 22, en la provincia de San Juan, hacia Buenos Aires con una misión: ser jefe de la patrulla de rescatistas que, en representación de la Fuerza, asistirán a Venezuela.
Se estima que este contingente de militares argentinos permanecerá en Venezuela al menos 15 días. “En mi hogar quedan mi esposa y mis dos hijos. Preocupados, pero lo normal. Ellos también están preparados ya que saben que, a lo largo de nuestra carrera, participamos en ejercicios y actividades que nos demandan que estemos lejos de nuestras casas”, reconoce.
“La misión de la patrulla es buscar a las personas atrapadas en estructuras colapsadas para poder rescatarlas”, cuenta, al tiempo que reconoce que el Ejército tiene personal capacitado en esta materia: “Estamos preparados”.

Antes de cerrar, el teniente primero no quiso dejar de dejarles un mensaje a sus hijos: “Su papá va a Venezuela a brindar asistencia. No estoy solo, tengo personal a cargo. Ellos van a ser fundamentales para el pueblo venezolano. Mientras la familia esté bien acá, nosotros también allá. Estoy orgulloso de la calidad de personas del Ejército y de saber que ayudar es algo bien argentino”.
Una joven enfermera militar, una misión y una vocación de servicio
Junto a Aban, y con apenas 25 años, la cabo enfermera Brenda Lucero, integrante del Regimiento de Infantería de Monte 22, también partirá hacia Venezuela como parte del equipo USAR (Urban Search and Rescue).

“Vamos a dar lo mejor”, asegura con convicción, consciente del desafío que le espera. Además, confiesa que antes de emprender el viaje recibió el apoyo de su mamá, su papá y su hermana, quienes, aunque sienten la preocupación lógica por la misión, la acompañan porque saben que está cumpliendo su vocación.
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“Quise ser militar porque no es lo mismo ser enfermera en el ámbito civil que acá; es otra experiencia. Me gusta la instrucción militar”, resume, convencida de haber encontrado el lugar donde puede unir el servicio, la disciplina y la ayuda a quienes más lo necesitan.
Los perros guía del Ejército: ¿quién es Jack, el rescatista de cuatro patas?
El sargento Matias Méndez, integrante del Batallón de Ingenieros de Montaña 8, no viajará solo a Venezuela. A su lado estará Jack, un pastor belga de cuatro años con el que forma un binomio de búsqueda y rescate desde hace tres años. Juntos integran el equipo USAR y se preparan para intervenir en escenarios donde cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
“Siempre trabajamos juntos, somos un binomio”, explica el suboficial, quien, para llegar a convertirse en guía canino, debió realizar primero el curso de guía de perro de guerra y luego especializarse en búsqueda y rescate. Desde entonces, ambos entrenan de manera permanente para afrontar situaciones de emergencia.

Antes de cada despliegue, la preparación incluye tanto el equipo del rescatista como el de Jack. El perro lleva arneses refractarios, protectores para las patas, gafas para resguardarse del polvo, un botiquín, platos de campaña y hasta juguetes que funcionan como motivación durante el trabajo. “Tratamos de brindarle las mejores condiciones para que esté estable y tranquilo y, así, pueda cumplir con la misión”, señala Méndez.
El entrenamiento de Jack ocupa la mayor parte de su vida. “Pasa un 70% de su tiempo entrenando. Le enseñamos a detectar partículas de olor humano en el aire y a indicarnos, a través de su olfato, dónde está la fuente más fuerte de ese olor. Cuando la encuentra empieza a ladrar y eso nos permite orientar a la patrulla de rescatistas”, explica. En muchos casos, agrega, el perro puede acceder a espacios donde una persona no puede ingresar, convirtiéndose en una herramienta clave para localizar sobrevivientes.

Pero el vínculo entre ambos va mucho más allá del trabajo. “Somos compañeros desde hace tres años. Hacemos todo juntos. Hasta duerme conmigo y, de vez en cuando, va a mi casa”, cuenta. Para Méndez, la convivencia fortalece la confianza entre ambos. “Es muy recomendable que el perro conviva con el vínculo familiar del guía. Tiene que haber una entrega total del uno por el otro. Es mi compañero”, resume.
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Mientras se prepara para partir, en Mendoza se quedan su esposa y sus hijos. “Están orgullosos de que pueda participar porque hemos entrenado muy duro para esto. Para nosotros es un honor representar al Ejército y a nuestro país, y estar dispuestos a dar una mano a quien lo necesite”. Y, aunque reconoce que la preocupación existe, destaca que su familia es “un sostén fundamental, más en una misión de este calibre”. Con esa motivación, asegura que el compromiso del equipo está claro: “Vamos a trabajar con el profesionalismo y la responsabilidad que la misión requiere”.

El Ejército potabilizará agua en Venezuela: “Para nosotros es una satisfacción enorme”
Para el sargento Franco Romero, de la Compañía de Ingenieros de Agua 601, la misión que emprenderá en Venezuela representa la continuidad de un trabajo para el que su unidad se prepara de manera permanente: garantizar el acceso al agua potable en escenarios de emergencia.
“Siempre que se solicita ayuda, ya sea en el país o en el exterior, salimos a apoyar con la potabilización de agua, es nuestra razón de ser”, explica, al tiempo que recuerda que la compañía ya intervino en operativos como el de Bahía Blanca y también prestó asistencia en Chile. “Es muy lindo poder dar una mano. La gente realmente siente el alivio cuando recibe agua potable. Eso para nosotros es una satisfacción enorme”, confiesa.
El equipo desplegará dos plantas potabilizadoras FOI que trabajan a través de filtración por ósmosis inversa. Éstas son capaces de producir hasta 600 litros de agua potable por hora, además de contar con un sistema de microfiltración que alcanza los 1.200 litros por hora. Cada planta requiere entre cuatro y cinco operadores y permite distribuir agua, tanto a granel como en sachets.
Aunque todavía desconocen cuál será el punto exacto de captación en La Guaira, Romero explica que una de las primeras tareas será realizar un reconocimiento del terreno para identificar el curso de agua con las mejores condiciones. “Venimos preparando todo desde el sábado. La idea es llevar todo lo necesario porque la situación allá amerita que llevemos soluciones y no más problemas”, resume.

Un dato: detrás del uniforme también hay una familia que acompaña la misión. Romero nació en Pichanal, en el norte de Salta, ingresó al Ejército a los 18 años inspirado por un hermano militar y encontró en el arma de Ingenieros una vocación por la diversidad de tareas y el servicio.
En su casa lo esperan su esposa y sus dos hijas, a quienes les explicó que “papá va a ayudar a la gente”. Y, aunque reconoce que la distancia genera preocupación, asegura que el compromiso es más fuerte: “No va a ser fácil, pero estamos muy contentos de poder dar una mano. Sabemos que vamos por un buen fin y eso nos ayuda a sobrellevar cualquier situación”.
“Recibir la orden no fue una sorpresa”: el despliegue de la Compañía de Ingenieros de Agua 601
El mayor Víctor Julián Díaz, jefe de la Compañía de Ingenieros de Agua 601, contó a DEF que el despliegue hacia Venezuela forma parte de las tareas para las que la unidad se entrena de manera permanente. “Recibir la orden no fue una sorpresa, uno entiende que si llega un requerimiento de este nivel es porque el personal está capacitado para responder”, señaló. Según indicó, la reacción del equipo fue inmediata y con un alto grado de compromiso.

Díaz detalló que la preparación previa incluyó el trabajo coordinado de las dos secciones de la compañía: potabilización y perforación. Mientras la primera se enfocó en el mantenimiento y verificación de las plantas, la segunda colaboró en tareas logísticas y de apoyo para el despliegue de equipos y vehículos.
“Se revisaron insumos, filtros, cubiertas y chasis, y todo lo necesario para asegurar un funcionamiento óptimo”, explicó, y agregó: en total, serán 16 los efectivos (entre ellos, bioquímicos del área de sanidad del Ejército)que viajarán bajo la coordinación del capitán Franco Gabriel Puga, también de la Compañía, quien estará a cargo del contingente en terreno.
El jefe de la unidad remarcó además que la misión tiene un carácter estrictamente humanitario, centrado en garantizar el acceso a agua segura. “La idea es lograr el autoabastecimiento de agua potable para el contingente y también apoyar a la población afectada”, sostuvo. En ese sentido, explicó que las plantas pueden tratar distintos tipos de fuentes hídricas, desde ríos hasta agua de deshielo, adaptando los procesos según la calidad del recurso. “El objetivo es que el agua sea siempre apta para consumo, sin importar su origen”, concluyó.




